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Algo debe de tener España

Ya lo han oído o ya lo habrán leído. La Semana Santa que acaba de concluir ha registrado cifras récord en España. Los primeros datos señalan una ocupación superior al 90%, con más de 5,1 millones de pasajeros de avión, unos 14,8 millones de desplazamientos por carretera y unos 147.700 nuevos empleos.

Ocho de cada diez empresarios han previsto mejorar sus ventas en comparación con la Semana Santa del último ejercicio, según la asociación de grandes compañías turísticas españolas Exceltur citada por El País.

En 2016, la ocupación fue del 80,6%, según el Ministerio de Turismo. A principios de abril, se preveía una campaña cinco puntos porcentuales superior pero esta estimación se ha quedado corta. Según la Confederación española de hoteles (Cehat), la ocupación media superará efectivamente el 90%. El crecimiento se ha dejado sentir en todos los tipos de viajes y escapadas: el de interior, urbano, cultural, tradición religiosa, rural y de sol y playa. 

Sigo pensando lo mismo: los españoles somos muy aficionados al fatalismo. Nos encanta ponernos a parir. Este país es un desastre. Aquí no funciona nada. Somos muy malos, de lo peor. El hispano es muy mezquino, somos mediocres, incapaces, cerriles, cortos de visión. Por ahí todos nos dan mil vueltas. Nos superan con creces… Y así todo.

Yo nunca me he sentido muy identificado con los movimientos patrioteros de alta intensidad. Me siento muy español pero, respetando a quienes piensan de otro modo, no logro verme con una pegatina de España en el reloj, ni con la enseña bordada en el cuello de la camisa o colocada en el balcón de mi casa… Ni siquiera cuando ganamos un Mundial. Qué le vamos a hacer.

Pero reconozco que me da un poco de envidia la pasión que existe en países como Estados Unidos o Italia –por poner dos ejemplos que conozco algo- hacia su bandera nacional. Sienten una atracción especial. Les provoca emoción sincera y afecto generalizado. Se sienten muy orgullosos y sobre todo, les otorga un sentido de pertenencia que aquí ni se vislumbra.

Los datos sobre turismo de esta Semana Santa tienen un colofón: por primera vez desde hace años el viajero internacional supera al español. Es decir, algo ven por ahí a nuestro país que les encanta, les seduce, les ofrece un lugar inmejorable para un momento muy importante: las vacaciones. Con eso nadie juega.

A esto hay que sumar, no cabe duda, otros factores. Los atentados terroristas en otros países y la época del año en la que estamos, que favorece el turismo de costa, por ejemplo. Pero también hay que valorar que España tiene un encanto especial para muchos extranjeros.

Sólo digo que sería muy bueno que nos lo creyéramos un poco más. Serviría para explotar, más y mejor, todo el potencial de nuestro territorio. Que es mucho.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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