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Dinero

La clase empresarial rememora, tras la factura de Arenillas en Zalacaín, el ‘caso Barclays’: 5 ejecutivos despedidos por gastarse una noche 72.000 euros en vino

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Sucedió hace unos pocos años en Londres. Lo que más llamó la atención del caso es que el gasto se produjo en una sola cena y que los directivos de Barclays Capital –el banco de inversiones del británico Barclays- se pagaron los caldos de su propio bolsillo, algo que no impidió que fueran despedidos por su derroche.

La reciente polémica surgida tras conocerse los detalles de la espléndida cena del vicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos Arenillas, con el director gerente del fondo Vega, ha traído a la memoria a más de un alto ejecutivo de la capital de España el ‘caso Barclays’, que fue muy comentado en su momento.

El ‘affaire’ Arenillas surgió por una factura de 1.400 euros, con una botella de Romanée Conti de 600 euros incluida. Nada que ver –explica un empresario de prestigio rememorando el suceso de Londres- con las 44.000 libras esterlinas de entonces que gastaron en caldos los cinco directivos de Barclays Capital durante una cena.

Se trataba de una cita para festejar el cierre de un contrato. Los cinco empleados quedaron a cenar en el restaurante Petrus que el chef Gordon Ramsay tiene en la Saint James’s Street londinense. Como decimos, en aquella cena se consumió vino por valor de unos 72.000 euros, incluida una botella de Montrachet, cosecha de 1982 (1.400 libras); una de Chateau Petrus Pomerol, cosecha de 1945 (11.600 libras); otras dos Petrus, una de 1946 (9.400 libras) y otra de 1947, por la que se pagaron 12.300 libras; para cerrar la noche con un Chateau d’Yquem de 1900, que costó unas 9.200 libras.

Como decimos, los ejecutivos decidieron pagar la cuenta de su propio bolsillo pero eso no evitó que los directivos de Barclays acabaran despedidos. La entidad argumentó que se trataba de un gesto excesivo, impropio de sus empleados y que coincidía tristemente con la preparación de un plan de ajuste para reducir gastos, que acabó traduciéndose en el despido de 1.800 de sus 78.000 empleados.

Las exhibiciones de riqueza, explicaron desde Barclays, no era exactamente el tipo de publicidad que buscaba el banco por aquellas fechas. Al margen de quién corría con los gastos.