Miércoles 07/12/2016. Actualizado 09:19h

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La voz del lector

Carta al Sr. Bargalló

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Sr. Bargalló: He leído con atención sus últimas reflexiones en voz alta, esas que lanza Ud. al aire de vez en cuando y que estoy seguro que, en más de una ocasión, hubiera preferido guardarse para sí. Analizándolas con detalle, llega uno a conocer la catadura moral por la que está gobernada hoy Cataluña.

 

Compara Ud. el boicot al cava catalán con el boicot de integristas árabes a productos daneses, pero es obvio que se confunde: el cava catalán es español, y ni los españoles somos integristas, y mucho menos árabes, al menos en nuestra mayoría y por el momento. Dice también que el boicot es producto del "integrismo, de la desinformación y de la crispación". Aquí empieza a acertar.

 

El integrismo nacionalista catalán, su desinformación acerca de la Historia y de la realidad española y, sobretodo, el grado de crispación que puede llegar a generar, por ejemplo, defender la candidatura de unos Juegos Olímpicos en Nueva York cuando lo más natural era apoyar la candidatura de Madrid, en justa reciprocidad por el trato recibido para la de Barcelona, llegó a crispar a la mayoría de ciudadanos.

 

Dice sentirse triste, ya que la comunidad en la que más se ha notado el descenso de ventas del cava catalán ha sido la de Valencia, atribuyéndolo a que el "anticatalanismo en algunas zonas de Valencia está demasiado a flor de piel". No, Sr. Conseller en Cap. Si Uds. los nacionalistas renunciaran al pancatalanismo de una vez, si se olvidaran de la tremenda falacia de los "Països Catalans", dejando de agraviar a comunidades que ni fueron, ni son, ni serán la suya, como Valencia y Baleares, lograrían con toda seguridad que la nuestra gozara de mejor reputación. Acusa Ud. al PP de querer provocar una "guerra" por el catalán, cuando quien ha iniciado la cruzada contra el castellano ha sido su nacionalismo y el de sus predecesores en el cargo, pero con especial énfasis en su persecución desde que su partido forma parte del gobierno catalán. No se trata de que no hagan Uds. una política, que "para impedir un caso concreto, no sirva para la globalidad". Háganla para tres millones de casos concretos. Eso ya empieza a ser globalidad.

 

Tampoco acuse Ud. de que la polémica lingüística se reedita para acudir a los sentimientos por no contar con la razón de las ideas. Han sido precisamente Uds., los nacionalistas, quienes ante la imposibilidad de presentar mejores argumentos, han apelado a la lengua como hecho diferencial que creen les otorga el derecho de erigirse en nación y a eliminar, de paso, a la mitad de sus ciudadanos de la circulación, pasando a ser muertos civiles. Es curioso que un libertario como Ud. diga que "no dejaremos el catalán en manos del mercado, ni diremos que la defensa de la lengua catalana es obligación de los individuos". Eso es, impongan la lengua por decreto. No hay mejor manera de aprender un idioma que por obligación.

 

Cuando era un crío, si alguien quería conseguir que no hiciera algo, bastaba con que me obligara a hacerlo. Hace falta cinismo para decir que "no tenemos que justificarnos por hablar catalán", cuando muchos son los ciudadanos denunciados por no rotular en catalán sus establecimientos, cuando se ha creado la figura del "comisario" escolar para vigilar que los profesores no cometan el tremendo error de cruzar entre sí tres palabras en castellano, cuando no existe posibilidad alguna de elegir la enseñanza en castellano para los hijos de las familias castellano-hablantes, cuando han hecho lo posible por desterrar la lengua española, co-oficial por Constitución, de su territorio.

Déjense de inmersiones y de normalizaciones. Ya estamos suficientemente inmersos y no le diré en qué lugar. En cuanto a la normalización, tomen Uds. nota de ella: lo normal es que cada un hable la lengua que le dé la real gana.