Lunes 21/08/2017. Actualizado 10:21h

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La voz del lector

Conclusiones de la JMJ

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Decía Orson Welles que "quien no sabe bailar le echa la culpa al piso". En mi opinión, ha surgido un nuevo grupo últimamente, joven, de aspecto pedigüeño y con tendencia a reunirse en lugares públicos especialmente transitados, que no deja de "echarle la culpa al piso". Y ha sido en estos últimos días de la JMJ donde el protagonismo de estos "poseedores de la razón" ha dejado paso a un grupo radicalmente diferente en el continente y el contenido, desatando una auténtica guerra de mundos. 

Parece mentira que en un mismo país, una misma generación pueda ser tan diferente. El primer grupo, auto nombrados indignados, llaman a la lucha social, piden por mayores oportunidades aunque la mayoría de ellos ni haya estudiado o trabajado alguna vez, se dedican a molestar a los conciudadanos y a llenar nuestras ciudades de basuras. No contentos con esto, tienen a bien manifestarse contra el Papa cuando somos el centro del mundo, sin darse cuenta que laicismo no es anticatolicismo, y llegan incluso a amenazar y casi agredir a los peregrinos que acuden a una fiesta cristiana a la que todos fuimos invitados. Me gustaría decir que estos gestos les quitaron la razón, pero es que en ningún momento la llegaron a tener, ya que su máximo argumento era que las mochilas de los peregrinos las habían pagado ellos. Parece mentira que en los tiempos que corren, este grupo de seres no tenga un euro para leer el periódico o conexión a Internet y ver de donde salieron los fondos de la JMJ.

Por otro lado está el grupo complementario, auto nombrados la juventud del Papa. Capaces de recorrer el mundo entero por unos valores, de empeñar sus casas y trabajos por una idea y unas creencias, se reunieron en Madrid para dar y no para pedir. Ni un escándalo, ni una botella rota o un coma etílico. Ni un contenedor quemado ni una voz más alta que la otra. Capaces de reunirse más de un millón y estar en sepulcral silencio durante diez minutos, sin oírse otro ruido que el viento que llevaba sus oraciones. Gente trabajadora, estudiosa, y sobretodo, educada. Aún no doy crédito a cuando andando por Alcalá el día del Vía Crucis, vi unos 20 kilos de basura perfectamente adujados alrededor de una papelera que rebosaba.

¿Cómo es posible que una generación que ha crecido en el mismo tiempo y espacio sea tan diferente?

No por hacer más ruido se tiene más razón, y desde mayo, en Sol hay mucho ruido pero pocas nueces.

Se que las comparaciones son odiosas y la verdad es que está quizás esté mal planteada... ¿no es demasiado osado comparar a un grupo de amigos (10.000 en su día y unos 500 durante la JMJ) con un auténtico movimiento social (casi 2.000.000)?

Los números hablan por si solos, y sí, tengo 25 años y comparto las preocupaciones de los jóvenes, pero en esta guerra de los mundos me gusta creer que soy de la juventud del Papa.

“Somos
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