Martes 27/09/2016. Actualizado 12:25h

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Día de la Humanidad

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Recuerdo hace unos dos años, en Alemania, le comenté a un amigo nativo de aquellas tierras que el doce de octubre era día de fiesta en España, y lo llamábamos el Día de la Hispanidad.

 

Él me replicó que tan sólo lo celebraríamos nosotros, porque el otro lado de la Hispanidad quizá no estaba demasiado contento con el resultado de la efeméride. A veces uno no se da cuenta de determinadas cosas, quizá porque no nos han educado lo suficiente en empatía o, quizá, porque el sentimiento patriótico es tan fuerte que impide la más mínima autocrítica.

 

Hoy día, cuando vemos con mucha más claridad lo que implica la expansión de los Imperios (Irak, Afganistán, Sudamérica en los cincuenta, sesenta y setenta, África...) cualquier manifestación patriótica se viene abajo e, irremediablemente, se llega a la conclusión de que Isabel la Católica se equivocó por completo.

 

Es cierto que era el hombre de la época el que empujaba hacia la conquista de otras tierras, pero evidentemente hay maneras y maneras, que se dice. Se arrasaron culturas completas de las que apenas han quedado ecos, como pudo ser el caso de Canarias, América, parte de África, buscando riquezas y territorio. Pobre Colón.

 

Por esto, me pregunto si es realmente sensible plantear una fiesta simbólica en la que se conmemora la llegada a América por parte del hombre europeo. Ahora mismo siento que no hay nada que festejar.

El sentimiento patriótico se difumina al pensar las barbaridades cometidas bajo las órdenes de la Católica, y sólo queda la humanidad que tenemos dentro, para lamentar ese triste pasado, ese genocidio que tan sólo ha conseguido empobrecernos como humanos y que no ha traído gloria para nadie, aunque algunos disfracen determinada parte de la historia hasta sacar de ella una fiesta.

 

Lo importante, después de todo, creo que es darle perspectiva a este asunto, hasta, primero, entender que fue una historia de otro tiempo, segundo, que no es algo digno por lo que montar una fiesta y, tercero, que debemos hacer lo posible para que los imperialismos, inherentemente rodeados de violencia, desaparezcan por completo.

 

Si llegase ese día, podríamos celebrar el doce de octubre el Día de la Humanidad. Nos lo habríamos ganado.