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El Estatut es mejorable

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Lo inaceptable y la trampa catalana .Mucho revuelo se ha armado en toda España (este país se llama España, y se escribe con mayúscula inicial como nombre propio que es) a raíz de la presentación de la propuesta del nuevo estatuto catalán. La reforma del Estatuto de Cataluña es un tema serio y que preocupa, pero tenemos un sistema que funciona y que se va a encargar de pulirlo. El Parlamento español tiene la posibilidad de reescribir todo el documento, y entonces se vota en el congreso y se devuelve a Cataluña con las variaciones que hagan falta. En ese momento el parlamento catalán puede decidir si continuar adelante con la reforma - convocando un referéndum- para que quede definitivamente aprobado el nuevo estatut, o desiste en el empeño y se acabó el asunto. Ahora mismo las Cortes tienen potestad para reescribir entero el estatuto, y si al parlamento catalán no le gusta lo que queda, aún puede rechazarlo. Así que tranquilidad, porque el estatuto que salga de las cortes va a ser plenamente constitucional. Y si no les gusta a los catalanes, que hagan uno nuevo, oye. Es inaceptable la propuesta del nuevo estatuto catalán es inaceptable. Y en este punto quiero dar un paso atrás respecto a los argumentos que habitualmente se emplean contra este documento. No me fijo en los aspectos que pueden ser inconstitucionales, ni en los políticos que los presentan, ni en sus intenciones. Doctores tiene la iglesia para encontrar aspectos que vulneren la Carta Magna, no creo que necesiten mi ayuda. Veréis, el preámbulo del estatuto reza así Quinto.- Cataluña considera que España es un Estado plurinacional. Y por aquí, amigos, yo no paso. El único depositario de la soberanía nacional de toda España en su conjunto son los ciudadanos españoles, y de ellos emanan los diferentes poderes que configuran el estado. Punto y basta. No acepto que el parlamento catalán, una parte del Estado en Cataluña, diga y decida lo que es España, todo el Estado. De la misma manera que en su momento me opuse a la propuesta presentada por el Lehendakari Ibarreche por regular sobre asuntos que no le conciernen. ¿Es aceptable que el parlamento de La Rioja le diga al resto de los españoles lo que es España? ¿Tiene competencias la Junta de Andalucía para decidir sobre la definición de España? La respuesta a estas preguntas es evidente. Y la respuesta que yo le voy a dar al estatuto catalán, también. Que el Parlamento de Cataluña legisle sobre lo que le compete y nos deje a los demás tranquilos. El argumento empleado para rechazar el estatuto es un arma de doble filo. De la misma manera que yo rechazo lo que Cataluña impone al resto de España, se puede criticar desde esa comunidad que el estatuto lo tienen que hacer ellos, y no los españoles. Y tienen razón. Por eso anda el personal bastante revuelto con el tema, en España y por ende en Cataluña. Sin embargo, el sistema que tenemos para tramitar las reformas estatutarias nos lleva de cabeza a esta situación. Me explico. La función de cualquier político es gobernar y solucionar problemas. Lo que han hecho los partidos políticos catalanes es abdicar de semejante responsabilidad a la hora de escribir su estatuto. En vez de crear un documento "posibilista" - en el que se recojan los aspectos que ellos crean necesarios, ajustándose a la Constitución - se ha decidido presentar un estatuto de "máximos" en el que se pide todo lo que se les ha ocurrido a los catalanes, en la tesitura de que ya vendrá "Madrid" a recortar la propuesta hasta que resulte aceptable. Una actitud infantil, irresponsable e impropia de unos políticos que han decidido crear problemas en vez de resolverlos. Además, el estatuto, más que un documento serio, parece una lluvia de ideas que hubieran hecho unos cuantos nacionalistas ebrios de autoestima, y recoge las competencias más variopintas que se puedan imaginar. Así que a papá "Madrid" le queda la ingrata tarea de leerse el estatuto (vaya tostón, por cierto), pulir todas las inconstitucionalidades que presenta y dedicarse a decir "no" a las fórmulas pergeñadas por unos nacionalistas más preocupados por su bandera que por los problemas de su comunidad. Y entonces la soberanía del parlamento español tiene que imponerse a la del parlamento catalán, trasladando el problema a la ciudadanía. No me queda la menor duda de que el estatuto, tras el paso por el Congreso, será plenamente constitucional. Y no dudo tampoco de que los políticos catalanes nos van a dar la monserga durante varios meses con el tema de que "eso no es lo que decidió Cataluña". Pero así es el sistema, si quieren un estatuto decente que se comporten como personas adultas. Pero no conviene despreciar el estatuto solo por venir de Cataluña. Guste o no, es cierto que en esa comunidad existe una identidad colectiva muy desarrollada y un sentimiento de nación. Y eso tiene que recogerse en el estatuto, es más, a mi me parece bien que se recoja. Y no se puede olvidar que el estatuto viene avalado por casi el 90% de los votos del parlamento catalán, lo cual le otorga una legitimidad enorme. Pero hay que ajustarse a la legalidad y a las instituciones que tenemos. El problema aquí es que para decidir lo que es y como se define Cataluña los políticos catalanes han decidido que sea España la que elija la fórmula mágica. Ahora somos nosotros, todos los españoles, los que tenemos que decidir lo que son los catalanes, que también son españoles. Así que lo mismo que a mi me resulta inaceptable -que Cataluña decida lo que es España- tenemos nosotros que imponérselo a los catalanes. Y todo por culpa de unos políticos irresponsables. La nueva financiación no hay que dejarse despistar por los términos "nación" y las declaraciones retóricas. El estatuto de Cataluña surge de un problema concreto: la financiación. Aquí es donde está el meollo de la cuestión, y lo que va a decidir si al final hay estatuto o no. Merece la pena, por tanto, analizar esta propuesta. Como digo, existe un problema concreto: Cataluña, que es una región más rica que la media española, lleva muchos años aportando en impuestos más fondos de los que recibe del estado. Es lo que se ha dado en llamar "el déficit fiscal catalán". Seamos realistas: ¿alguien duda de que la Comunidad de Madrid va a pedir exactamente lo mismo que Cataluña obtenga en su estatuto? El modelo de financiación que obtenga Cataluña se va a extender rápidamente al resto de comunidades, de ahí que éste tema cobre vital importancia. La propuesta catalana se basa en la autonomía del cobro de los impuestos. Es decir: Cataluña recauda todos los impuestos y luego le entrega al Estado la parte que ellos consideren oportuna. No hace falta ser muy listo para entender que "lo que ellos consideren oportuno" va a tender a cero más pronto que tarde. Yo no tengo la fórmula mágica sobre la financiación, pues es un tema espinoso donde los haya. Lo que sí sé es que, mientras en Cataluña se hacían autopistas, en Extremadura se hacían tuberías para llevar el agua a comarcas enteras que no tenían ni agua corriente. Y por mucho que los catalanes digan que han sido bastante solidarios durante mucho tiempo, cuando en España había pocos recursos éstos se invirtieron en Cataluña preferentemente. Y queda un buen trecho por recorrer. Si dejamos que Cataluña decida lo que aporta al saco común de Hacienda, el resto de comunidades va a hacer lo mismo, con evidente prejuicio para las que menos tienen, en especial Extremadura y Andalucía. También sé que Baleares y Madrid son mucho más ricas que la media española, y sin embargo no tengo a los políticos de