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Evo Morales no quiere ser como Beckham

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Evo Morales asumirá el cargo de presidente de Bolivia y, varios medios internacionales esperan que llegue el momento. El ansia que produce la llegada del acto, nada tiene que ver con el inicio de la carrera presidencial de un “burlado” Aymara, sino que la expectativa se centra en la capacidad narcisista del nuevo mandatario. No es importante las declaraciones que va a hacer ni qué invitados acudirán al nombramiento, pero sí importa los errores o actos fallidos que pueda llegar a cometer en su discurso, la ropa que llevará, si se pondrá un gorro de lana de llama, si podría llegar a usar el jersey -a rallas- tan polémico con el que viajó a Europa, si en caso de usar ropa esta fue lavada o la utilizo el día anterior, etc. En una época donde el individualismo aviva las llamas de la vanidad es normal que lo más importante de la noticia sea la fotografía, pero lo realmente pudoroso, en este caso, es que el resto no interese o que el emisor lo elimine. Estamos en un periodo donde queremos ser como Beckham o como Paris Hilton, dependiendo del género (masculino o femenino) del artífice de la fantasía. Pero conseguir ese sueño no es nada fácil, ya que uno no puede ser Beckham con las obligaciones que tienen las personas de clase media o baja ni puede ser la Srta. Hilton trabajando de camarera. Entonces, lo que hacemos en ese caso es engañarnos y tomamos una fracción de nuestros anhelados personajes, por supuesto que elegimos la más accesible. Por ejemplo; es mucho más simple imitar la forma de vestir de un personaje "estrella", que conseguir un nuevo padre que, además, sea dueño de una cadena de hoteles, por no decir que lo segundo es casi improbable. Pero el verdadero problema de esta corriente narcisista no está en la orientación estética de un magno grupo de jóvenes y no tan jóvenes. La complicación surge cuando grupos de profesionales, que trabajan informando y son portavoces de medios de comunicación, no toleran que un futuro jefe de gobierno indígena no quiera ser como Beckham.