Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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La voz del lector

Rasputín y Rubalcaba

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A pesar de que algunos se empeñen en señalar semejanzas entre los dos personajes, entiendo que es muy discutible que existan parecidos físicos o ideológicos entre ambos. Al menos en lo físico se producen contrastes muy notorios. Nada tienen que ver, por ejemplo, la postura arrogante y desafiante y la mirada fija y penetrante -casi da miedo- (me refiero, naturalmente a Rasputín) con el ademán sencillo y acogedor de Rubalcaba. Ni que decir de las respectivas barbas. Pelos revoltosos y desordenados, casi de chivo, en contraposición a una barba clásica que muestra un estudiado desaliño, recortada con justa medida para facilitar su atusamiento durante las pausas de las ruedas de prensa. Le sirve, también, para ocultar un rictus de elegante semisonrisa.

No digamos nada de los gestos. Suaves y cortos. Con tendencia a pegar -quiero decir a adherir- el mentón al cuello en tanto mece levemente hacia adelante la cabeza, en un ademán que añade, si cabe, más convencimientos a sus argumentos.

Rasputín intrigaba y sometía a su voluntad a la familia imperial rusa, sobre la que ejercía una influencia muy nociva. Llegó, incluso, a cambiar gobiernos. Obviamente, no es el caso del señor Rubalcaba que, aparte de no tener a mano una familia imperial rusa para influir sobre ella, no es persona que someta, ni intrigue, ni ordene.

En todo caso, señala las pautas adecuadas de comportamiento político. Consigue apoyos por métodos y negociaciones totalmente democráticas como, podría ser, cediendo a las peticiones de partidos amigos. Siempre sin violencias y siempre atento a los mensajes y a las opiniones de los ciudadanos expresadas en espontáneas manifestaciones callejeras.

Rasputín era un convulsivo bebedor de vodka. Rubalcaba, sin embargo, es mucho más comedido, y en este aspecto únicamente se le atribuye brindis con cava catalán, y además solamente en ocasiones trascendentales, como por ejemplo para celebrar anticipadamente victorias electorales.

La ira y el odio habituales en Rasputín poco tienen que ver, por no decir nada, con la clemencia e inclinación al perdón que demuestra Rubalcaba, como por ejemplo y sin ir más lejos, en su adhesión a la petición de indulto a favor del Sr. Vera, tan injustamente tratado por los Tribunales por lo de la malversación de caudales públicos. Son muy conocidas las requisas de bienes y dinero ordenados por Rasputín que, para intimar más aún, eran escandalosa y públicamente transportados en carruajes por las calles de San Petersburgo.

Jamás se ha podido decir que esos sean procedimientos que alguien haya utilizado en este país. Por tanto, cualquier comparación en relación con este tema es injusta e incierta. Nadie conoce a ningún político que por sí, o por otros, haya transportado carros por la vía pública con tales contenidos.

Rasputín era un experto retorciendo el cuello de sus enemigos, y de sus amigos si convenía. No consta, en absoluto, que el Sr. Rubalcaba haya practicado semejante actividad. En todo caso, y en lo que se refiere a retorcer, hay que reconocerle cierta habilidad para retorcer el Reglamento del Parlamento para intentar repetir votaciones perdidas.

Es una imagen -la del Sr.Rubalcaba- muy meliflua, casi dulce, a lo que contribuye su porte humilde y recogido. Gestos invitando al entendimiento cuando delimita con sus manos espacios en el aire. Pero es especialmente en sus dedos, donde muchos encuentran la mayor de las diferencias. Los de Rasputín eran bastos como los de un campesino de Siberia que, en definitiva, era de donde procedía. Los dedos de Rubalcaba, sin embargo, son finos y delicados. Resulta sumamente sugestivo observar como los junta y los acaricia rozándoles entre sí. Hay quien dice que parece que con ese gesto quiere demostrar sus dotes para escarbar y cosquillear, si bien no aclaran que cosa.

Pero, es verdad, que viéndole, no resulta extraño que algún(a) correligionario(a) quede embelesado(a) y que les apetezca -según me confiesan- una estimulante aplicación digital. Otros mal intencionados, sin embargo, componiendo con su nombre un torpe pareado, avisan que "si te das la vuelta te la clava", cosa que a la mayoría -creo yo- les produciría sensaciones muy desagradables.

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