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El médico español que viajó a Cuba

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No, doctor, su visita no se puede considerar privada desde el momento en que ha lanzado las campanas al vuelo dándole una inyección de oxígeno a la dictadura cubana, muy probablemente concertada con las autoridades de la isla. El afán de protagonismo y seguramente su ego personal le han jugado una mala pasada al querer rentabilizar su innegable protagonismo en este affaire, querido doctor, y lo más probable es que haya supervalorado su capacidad política; que lo uno no tiene nada que ver con lo otro.

Estos días pasados ha saltado la noticia. Un médico español fue requerido por Raúl Castro para que visitara a su hermano Fidel. Hasta aquí nada anormal, aunque es cierto lo que dijo la presidenta de la comunidad madrileña, doña Esperanza Aguirre, al comentar que en un país que ha hecho bandera de tener la mejor asistencia médica de todo el hemisferio boreal tener que recurrir a la ayuda de otro país para tratar al jefe del estado suena, como mínimo, a chocante. Pero ya sabemos que en estos países de corte comunista, al estilo calcado de la Rusia del señor Stalin, la propaganda juega un papel primordial. Por eso es por lo que no nos cansamos de repetir la ventaja que tienen las izquierdas en nuestra nación cuando se trata de hacer correr bulos que la favorecen.

Bien, pues como decía, no tiene mayor importancia que un insigne doctor español acuda a prestar sus servicios médicos al convaleciente dictador cubano. Pero una cosa es que este señor nos diga que este servicio lo ha prestado a nivel particular y otra es que luego, a bombo y platillos, convoque una reunión de prensa para esparcir a los cuatro puntos cardinales sus opiniones sobre el estado de salud del señor Fidel Castro.

Una de dos: o se presta un servicio privado a un paciente y se mantiene la boca callada guardando el sacrosanto juramento Hipocrático y aquí paz y después gloria o, y esta es la cuestión importante, se aprovecha para lanzar un mensaje propagandístico en el que se afirma que el dictador está como una rosa y que de aquí a dos días podrá continuar su eficaz labor de acogotar a la oposición y mantener su férreo dominio sobre todo el pueblo cubano.

No, doctor, su visita no se puede considerar privada desde el momento en que ha lanzado las campanas al vuelo dándole una inyección de oxígeno a la dictadura cubana, muy probablemente concertada con las autoridades de la isla. El afán de protagonismo y seguramente su ego personal le han jugado una mala pasada al querer rentabilizar su innegable protagonismo en este affaire, querido doctor, y lo más probable es que haya supervalorado su capacidad política; que lo uno no tiene nada que ver con lo otro.

En cualquier caso, mire por donde ha conseguido usted llamar la atención sobre su persona y, al mismo tiempo, darles un disgusto a los cientos de miles de refugiados cubanos que residen en Estados Unidos y otros países, que tuvieron que abandonar la isla para intentar ser libres y evitar ser masacrados por el régimen de la persona a la que usted tan "humanitariamente" ha ayudado a curar. Como siempre, en este mundo de paradojas no todo es blanco o negro, sino que todo depende del color del cristal con el que se mira. Usted seguramente lo ve rojo y yo, en cambio, lo veo azul ¡mira por donde!