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La perdiz laicista y el Papa que viene a Valencia

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Con un programa laicista claro –el de Zapatero-, para una Iglesia con dos siglos habiendo resistido a los leones del circo romano, sobran regalías de caramelo endulzado.

Estimado Director: La cumplida bienal gubernamental si algún rasgo relacionado con la religión católica ha tenido, ese ha sido su furibundo laicismo. Buen muestrario podrá contemplarse en el auténtico boletín oficial del Estado (BOE), en cuanto a legislación en contra de la verdad, el bien y determinados valores morales mundialmente reconocidos, defendidos por la Iglesia católica.   En los otros boletines oficiosos estamos acostumbrados a la noticia del gobierno perdonavidas eclesial, día sí, día también. Ora hay que revisar la financiación de la Iglesia. A hora distinta, el problema del IVA exento en determinadas cuestiones. Que si la Conferencia Episcopal es tal, y peregrino al Vaticano. Estatuto de laicidad de cuatro gatos recibidos por su propio Gobierno, mientras no se recibe a los que representan 3,5 millones de firmas a favor de la religión. Un suma y sigue que las hemerotecas pueden nutrir a moderados curiosos por conocer esta realidad.   Un simple repaso del noticiario, podrá exponer al sol la factible pudrición de la contradicción de declaraciones en este tema. El sí de las niñas, o la última afirmación de la vicepresidenta del Gobierno aseverando, que el Ejecutivo no revisará los acuerdos con la Santa Sede, vigentes desde hace treinta años. A eso que podamos llamar marear la perdiz laicista, nos sorprendería sino fuera por el acontecimiento. ¿Cual? Pues la próxima visita de Su Santidad Benedicto XVI a Valencia, con motivo del las Jornadas Mundial de las Familias. Claro, viene a España y el gobierno no sabe como concertar audiencia al presidente del gobierno.   Duele mucho que G. W. Bush reciba al líder de la oposición, pero más, que lo haga el Papa en el Vaticano, no siendo recibido el actual inquilino monclovita. Ya ni te cuento que el Santo Padre visite España, sin tener organizada la agenda para el encuentro con el señor de las banderas autonómicas. Con un programa laicista claro, para una Iglesia con dos siglos habiendo resistido a los leones del circo romano, sobran regalías de caramelo endulzado.   Tal vez el pueblo de la Iglesia sea callado, tanto como la diplomacia vaticana, pero nunca ignorante del ingenuos reclamos. Si utilizando a la perdiz laicista para obtener foto y trofeo no sirviera, con el método empleado con G.W.Bush ojalá se conformaran, utilizando el móvil para un "robado".