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No quejarse por la sequía sino prepararse para ella

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La sequía y las inundaciones no son dos patologías de la naturaleza sino fenómenos naturales condignos a las condiciones y variedad climática de la Península Ibérica, verdadera encrucijada de influencias meteorológicas. Es precisamente esta variabilidad climática la responsable de la disparidad espacial de estos riesgos climáticos.

 

La manifestación de esta enorme variabilidad del clima no es nueva, aunque los medios de comunicación -sobre todo durante las últimas semanas- hayan hecho de la sequía un acontecimiento nuevo de trascendencia social. No es la primera vez -y tampoco será la última- que la sociedad española convive con estos 'titulares informativos', en este caso derivados de una situación de indigencia pluviométrica. ¿Por qué? Pues porque ésta, la sequía, forma parte de la identidad climática y territorial de nuestra península.

 

Recordemos que en los años ochenta, mientras que en la primera mitad de la década el período de sequía entre 1978 y 1984 sumía a parte de la península en una profunda aridez, en la segunda mitad de la década la fachada mediterránea se vio afectada por la sucesión de varios episodios de lluvias intensas ('gota fría').

 

Recordemos que durante el año seco 1989, mientras el País Vasco sufría la 'sequía', en el sur y sureste peninsular abundaban las lluvias. Las palabras de un cantante catalán recogen muy bien las características del clima mediterráneo: "Al meu país no sap ploure", en mi país no sabe llover. Creo que lo que se ha de hacer en este caso no es quejarse de la sequía sino ayudar a los damnificados y prepararse para ella, pues se trata, como de las inundaciones, de un mal endémico en nuestra península.

 

Si analizamos las estadísticas meteorológicas llegaremos a la conclusión de que "no llueve menos pero si llueve peor". ¿No les parece que sería conveniente reabrir planes cerrados?