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Religión

Pinceladas del viaje de Benedicto XVI a Turquía: el Papa nunca tuvo miedo, bombones para los periodistas y los calcetines blancos

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Son los entresijos del viaje que ha realizado Benedicto XVI a Turquía y que ha finalizado habiendo cumplido los objetivos previstos. Hubo más policías que fieles en algunos momentos, pero el Papa vuelve al Vaticano siendo el “campeón de la unidad” entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa.

Cuatro días intensos que han terminado sin sobresaltos y en los que se ha conseguido acercar a la Iglesia Católica y a la Ortodoxa. Benedicto XVI ha vuelto a Roma con el abrazo del Patriarca Bartolomé I, quien alzó el brazo del Pontífice en alto queriendo demostrar que se convirtió en el "campeón de la unidad" de los cristianos, por la que ambos rezaron en la catedral de Estambul.

A pesar de que la radiotelevisión pública turca siguió en directo la agenda de Benedicto XVI, el resto de cadenas de televisión turcas no retransmitieron íntegramente la Santa Misa que ofició en la Casa de la Virgen María, situada en el centro-oeste de la península de Anatolia.

La seguridad ha sido extrema, tal y como ya se contó en estas páginas de El Confidencial Digital. De hecho, en el Santuario mariano de Éfeso hubo entorno a unos 200 fieles que fueron custodiados por más de 2.000 policías. Diez vigilantes por cada invitado. Durante los cuatro días de visita oficial, Benedicto XVI tuvo a unos 16.000 policías velando por su seguridad. El Papa Móvil no fue utilizado por esta misma razón y el Pontífice realizó sus desplazamientos en un Mercedes blindado.

Eso sí, aunque hubo amenazas de muerte en las semanas previas a la visita, el Papa demostró no temer por su vida en ningún momento. Ni siquiera por los avisos de Al Qaeda. Y así lo declaró en varias ocasiones al entorno que lo acompañaba.

Ya en el apartado apostólico, la visita ha sido un éxito. Se ha convertido en el tercer Pontífice que ha visitado la Basílica de Santa Sofía, situada en el centro de Estambul y donde conviven influencias artísticas cristianas e islámicas.

Aunque no rezó en Santa Sofía, sí lo hizo en la Mezquita Azul junto al principal clérigo de Estambul al que le dijo que "esta visita nos ayudará a encontrar juntos el camino de la paz por el bien de toda la humanidad". Tras escuchar alguna indicación sobre la tradición musulmana de los viernes, Benedicto XVI paseó descalzo por sus instalaciones, en calcetines blancos, convirtiéndose en el segundo Pontífice que haya entrado en una mezquita en toda la historia. El primero en hacerlo fue Juan Pablo II en Damasco en 2001.

Los matices por algunas declaraciones del Presidente Turco Erdogan tuvieron que venir del portavoz vaticano por asuntos políticos. La adhesión de Turquía a la Unión Europea, valorada por la Santa Sede, pero no promovida por ella. De igual forma, sobre la Alianza de Civilizaciones, el Vaticano aseguró que sólo sentía "cierto aprecio" por la iniciativa.

Lo más dulce lo consiguieron los periodistas

que viajaron con Benedicto XVI. En el avión fueron obsequiados con una caja de bombones y un lujoso mapa con todo el recorrido de la visita papal. La comida que se les sirvió tampoco era despreciable: quesos frescos, alcachofas, embutidos, pastel de sémola y un contundente dulce siciliano, la Cassata.