El Ejército español ya tiene un plan secreto si Rusia reanuda sus vuelos sobre Galicia

El Ejército prepara Santiago ante posibles incursiones rusas

El Aeródromo Militar de Santiago, ubicado en Lavacolla, no solo se prepara para celebrar su 90 aniversario con exhibiciones aéreas. Su auténtica misión diaria permanece casi invisible para la mayoría de los ciudadanos: estar listo para responder a cualquier amenaza aérea sobre el noroeste peninsular.

Una de las principales inquietudes de esta unidad es la vigilancia del espacio aéreo atlántico, donde en años recientes se han detectado vuelos no autorizados de cazas rusos. Aunque la actividad se ha reducido, el dispositivo de defensa continúa plenamente operativo y coordinado con la OTAN.

Una alerta aérea activa las alarmas en Lavacolla

Desde su posición estratégica en el noroeste de la Península Ibérica, el Aeródromo Militar de Santiago juega un papel clave en la defensa aérea de España. Su proximidad al Atlántico lo convierte en un punto de entrada prioritario para aeronaves militares en misión de control o respuesta. Según el coronel Juan Pedro Velázquez-Gaztelu Fernández de la Puente, jefe de esta instalación, la unidad puede estar lista para el despegue en tan solo 15 minutos.

La capacidad de reacción del aeródromo se enmarca dentro del sistema de defensa de la OTAN, que coordina la vigilancia desde el norte de Europa hasta el sur del continente. Cuando los radares noruegos detectan actividad en la península rusa de Kola, se inicia una cadena de vigilancia en la que participan Reino Unido, Francia y, finalmente, España.

Un protocolo que se activa desde el Ártico

Las aeronaves rusas, generalmente de reconocimiento, han sobrevolado en el pasado la costa gallega tras partir del Ártico y recorrer miles de kilómetros por el norte y oeste de Europa. En casos como estos, el protocolo español se activa incluso antes de que los aviones crucen el espacio aéreo nacional.

La preparación implica carga adicional de combustible en los cazas, activación de personal técnico y apoyo logístico, e incluso la disposición de aviones cisterna si fuera necesario mantener la patrulla en vuelo prolongado. El seguimiento se complementa con medios navales y radares aerotransportados tipo AWACS cuando se requiere cobertura adicional sobre Irlanda, país fuera de la alianza.

Una amenaza que ha cambiado de escenario

En los años 2015 y 2016, Galicia fue testigo de varios vuelos de prueba por parte de Rusia, en una demostración de capacidades que evocaba la Guerra Fría. Estos ejercicios tenían un carácter estratégico: visibilizar la proyección de fuerza de Moscú en espacios no controlados por aliados. Sin embargo, en la actualidad, esa función ha sido sustituida por operaciones reales en zonas de conflicto como Ucrania.

Pese a esta disminución, el coronel Gaztelu subraya que «el sistema que tenemos hace improbable una sorpresa». El Aeródromo de Santiago permanece en alerta y mantiene todos sus sistemas listos para intervenir en menos de 15 minutos si una aeronave potencialmente hostil cruza una línea crítica de aproximación.

Una celebración que oculta una preparación constante

Este 19 de julio, el Aeródromo abrirá sus puertas al público para conmemorar los 90 años del aeropuerto de Lavacolla, con exhibiciones de aeronaves militares. Pero esa imagen festiva no debe eclipsar su verdadera función: actuar como unidad de respuesta inmediata en caso de incursión aérea.

La discreta vigilancia del cielo gallego

Aunque muchas de sus operaciones permanecen clasificadas, en varias ocasiones el personal de Santiago ha prestado apoyo a misiones de interceptación de aviones rusos que violaban el espacio aéreo europeo. Estos vuelos son reportados en tiempo real por las defensas aliadas y seguidos milimétricamente por las unidades asignadas.

En palabras del coronel, «con el sistema actual y la coordinación aliada, podemos considerar que el espacio aéreo gallego está bien protegido». La combinación de tecnología, entrenamiento y anticipación convierte al Aeródromo Militar de Santiago en un bastión clave del escudo aéreo europeo.

Y aunque el radar esté en calma, la alerta no cesa: en cualquier momento, desde Lavacolla, podrían despegar en misión real hacia un cielo que nunca deja de vigilarse.