Más calidad al tiempo que disminuyen emisiones

Es un hecho que al pasar por algunas zonas, caracterizadas por padecer una sobrecarga de explotaciones de ganado porcino, se notan olores ciertamente molestos. También puede producirse, en las mismas zonas, acumulación de gases que aunque no tan molestos como los olores pueden ser más perjudiciales, especialmente los GEI (Gases Efecto Invernadero). No obstante, la tendencia es claramente a la baja, ya que en 2018, último año con datos oficiales disponibles, el descenso de las emisiones de metano sobre el ejercicio anterior fue del 4,4% por cada kilo de carne de cerdo producido

Recuerdo que el sector porcino de capa blanca español ha reducido un 38,6% sus emisiones de metano (CH4) por cada kilo de carne producido procedentes de la gestión de estiércoles en el periodo 2005-2018, y mantiene su tendencia a la baja toda vez que, en 2018, último año con datos del Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero (edición 2020) las emisiones descendieron un 4,4% con respecto a 2017.

Con motivo de la celebración del Día Internacional contra el Cambio Climático, la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC) destacaba la concienciación de los profesionales del sector, cuyas granjas en el año 2005 emitían 1 kilotonelada de metano por cada 539 toneladas de carne producidas, mientras que en el año 2018 emite menos de 0,62 kilotoneladas con la misma cantidad de carne producida.

Esta importante reducción se debe a una serie de medidas adoptadas a lo largo de estos años por las granjas españolas, como la aplicación de las Mejores Técnicas Disponibles (MTD) para, entre otros objetivos, reducir las emisiones GEI, desarrollar nuevos sistemas de reutilización de purines o la fabricación de fertilizantes no contaminantes.

Significativo también es el descenso del metano derivado de la fermentación entérica, que pasa de un factor de emisión en kilogramos de CH4 por cabaña al año de 1,22 en el año 2005 a 0,77 en el año 2018, lo que supone una reducción del 36,8%, según recoge el Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Esta reducción se debe al desarrollo de unas pautas de ingesta muy ajustadas por animal, en las que se ha ido adecuando progresivamente su dieta para maximizar su aprovechamiento energético y nutritivo sustituyendo ingredientes ricos en fibra y de baja digestibilidad por cereales y aumentando progresivamente la cantidad y calidad de proteína.

Año tras año, el sector porcino avanza en sus objetivos para alcanzar un impacto climático neutro de cara a 2050. Para lograrlo, no solo cumple con la normativa más exigente del mundo en el respeto al medio ambiente, que es la europea, sino que además trabaja minuciosamente para, entre otras cuestiones: reducir sus emisiones GEI, hacer un uso más eficiente del agua o disminuir el consumo de energía. Me parece ser honrados agradeciendo a los porcinocultores el doble trabajo que están haciendo en beneficio de la sociedad: producir alimentos de alta calidad al mínimo precio y disminuyendo la contaminación ambiental.

 

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