Porsche, Ford y Mercedes frenan de golpe: el coche eléctrico ya no es su prioridad

La industria automotriz retrocede en su apuesta eléctrica

Las principales automovilísticas europeas y estadounidenses atraviesan una encrucijada estratégica. La promesa de un futuro dominado por el coche eléctrico está encontrando resistencias inesperadas.

El crecimiento del vehículo eléctrico no coincide con las expectativas iniciales, y las marcas líderes ya emprenden ajustes en sus planes industriales.

Un cambio de rumbo entre presiones internas y externas

Desde que en marzo de 2023 la Unión Europea aprobó eliminar la venta de coches de combustión a partir de 2035, la industria automotriz afrontaba una hoja de ruta clara hacia la electrificación. Pero esa línea recta empieza a curvarse. Grandes fabricantes como Porsche, Mercedes-Benz, Ford o Stellantis están dando pasos atrás, reintroduciendo motores de combustión o híbridos en proyectos que originalmente iban a ser puramente eléctricos.

Este repliegue no surge del vacío. Por un lado, las ventas de eléctricos crecen, pero a un ritmo inferior al previsto. Por otro, la capacidad de los fabricantes para absorber los costes de transición está bajo presión. El lobby del sector exige a Europa que flexibilice o postergue obligaciones como la venta exclusivamente eléctrica en 2035.

Las grandes marcas al borde del desmarque

Porsche: replanteamiento estratégico con coste millonario

Porsche anunció una “reorientación estratégica integral” que implica volver a apostar por versiones de combustión e híbridas enchufables en modelos inicialmente diseñados como eléctricos. Este giro supondrá un desembolso de unos 1.800 millones de euros.

Mercedes-Benz y la presión normativa

Mercedes afronta un doble reto: dificultades para cumplir los objetivos actuales de emisiones y un papel activo en las presiones sectoriales para flexibilizar la normativa europea.

Stellantis: marcha atrás tras cambios de dirección

El grupo Stellantis, que había prometido abandonar la combustión en Europa con su plan Dare Forward 2030, reconoce ahora que no cumplirá esos plazos. El relevo en la dirección ha supuesto un ajuste drástico de prioridades.

Ford ante la incertidumbre política y comercial

Ford anunció que fabricaría un coche eléctrico en Almussafes (Valencia), pero ha reconvertido ese proyecto en un híbrido desde 2027. A la débil demanda se suma la posibilidad de un nuevo Gobierno en EE. UU. que suprima incentivos clave para el coche eléctrico.

Factores que explican la marcha atrás

  • Demanda insuficiente: aunque el segmento eléctrico crece, lo hace a menor ritmo del proyectado.
  • Costes de transición elevados: las inversiones en I+D, baterías y logística eléctrica comprometen márgenes.
  • Presión regulatoria: el sector busca más tiempo y flexibilidad ante las exigencias europeas.
  • Contexto global cambiante: el dominio de China en producción eléctrica y la incertidumbre geopolítica reconfiguran el tablero competitivo.

¿Qué implica este retroceso para la transición energética?

El giro no supone un abandono del coche eléctrico, pero sí una transición más gradual. Los híbridos y combustibles alternativos ganan protagonismo como soluciones intermedias. La electrificación total podría retrasarse más allá de 2035 si no se ajustan las políticas y la demanda no acelera.

La industria automotriz entra así en una fase de electrificación inversa, donde la presión de mercado y normativa redibuja los plazos de una transformación que parecía imparable.