Mario Vargas Llosa y su liberalismo humanista

Mario Vargas Llosa (Firma: Jesús Domínguez).

A un escritor actual, le compete crear, opinar y participar en la vertiginosa actualidad en la que se vive. Este era un pensamiento declarativo de intenciones para la comunidad, que Vargas Llosa aplicó durante sus 60 años como escritor. Siempre condenó la violencia política y el terrorismo, tanto en Perú, con Sendero Luminoso (1984-2000), como en España, calificando al terrorismo de ETA como primitivo e irracional, porque «aunque aparezca como exaltación de lo propio, es fundamentalmente negativo, negación de lo ajeno».

Trató esta anomalía en su obra Lituma en los Andes, publicada en 1993. Se denuncia una crueldad derramada que todo lo quema; el fracaso de los ideales revolucionarios reducidos a un sectarismo primitivo y personalista que solo se sacia con la muerte del inocente, culmen de una absurda iniquidad que no cicatriza.

Esta actitud crítica ante una realidad dura estuvo motivada por elementos esenciales en su conciencia durante toda su vida: la defensa de la dignidad de la persona, la tolerancia y el rechazo del dogmatismo acrítico. Siempre reivindicó un hombre libre, no cosificado, portador de derechos y deberes, hacia sí mismo y hacia los demás; la tolerancia, el respeto

Esta visión del hombre individualista, no sometido al interés de la colectividad, ante todo y sobre todo, es el resultado de un proceso de descubrimiento y maduración intimista.

En su juventud vio en las ideas de los intelectuales franceses, Sartre y Marcuse, y la simpatía por la revolución cubana, una solución a lo que se llamó «problemática social» hispanoamericana en los años 50 del siglo XX.

Un desencuentro con Fidel Castro, a causa del encarcelamiento del disidente y poeta cubano Herberto Padilla en 1971, propició un alejamiento del estalinismo imperante que había eclosionado en algunos países americanos.

El cuestionamiento de las políticas cubanas le costó la prohibición de entrar al país «por tiempo indefinido e infinito [...]». Nunca Vargas Llosa pudo admitir el cuestionamiento de la persona y nunca quiso un régimen de este cariz para su Perú.

Fue criticado por sus compañeros escritores y un extenso sector del mundo del arte. Vargas Llosa manifestó en una entrevista, que esos mismos compañeros tan queridos y leales: «Me bañaron de mugre», confesó el nobel en una conferencia en la Biblioteca Nicanor Parra en Santiago de Chile. A continuación, siguió un silenciamiento, una cancelación de su persona y obra, reacción de un mundo que sabía corregir a los disidentes, sumergiéndolos en la indiferencia bajo un tapiz de desprecio.

En esa soledad intelectual aprendió una lección: que el individuo no debe rendir sus fines, sus propósitos, o sus sueños a ningún colectivo por más abrigo que este ofrezca. «Por más que dejarse llevar por el colectivo, aligere el peso de la propia responsabilidad».

Su inmersión en la política se produjo en 1987 debido a distintas y variadas circunstancias, una de ellas, el fracaso del Partido Aprista Peruano (PAP) de Alan García y su deriva totalitaria con una hiperinflación destructiva. Frente a este escenario, Mario Vargas Llosa crea el partido Movimiento Libertad, situado en un centro reformista.

Con vistas a las elecciones municipales de 1989 y las nacionales de 1990, se formó una coalición de partidos de centro liberal que adopta el nombre de Frente Democrático (FREDEMO). Uno de sus eslóganes políticos fue la privatización de empresas públicas.

Aunque Vargas Llosa pasó a la segunda vuelta electoral, se impuso una tercera formación dirigida por Alberto Fujimori, después de una dura competencia. Tras las amenazas que recibe de privarle de la nacionalidad peruana, opta por un autoexilio y marcha a Londres, en donde retoma la literatura y el ensayo. Publica distintas obras de contenido político:

En 1991, publicó Carta de batalla por Tirant lo Blanch, en donde profundiza en el estudio del poder y el totalitarismo.

El pez en el agua, publicado en 1993, son memorias de su experiencia política en las elecciones en Perú de 1990.

Desafíos a la libertad, publicado en 1994, recopila artículos publicados desde 1990 en diversos medios, sobre historia contemporánea y reflexión política. Conforma una obra en donde se defiende la libertad individual; la democracia; la educación; la economía de mercado, la propiedad privada, la literatura y la plena participación ciudadana en los procesos democráticos. Todas ellas, en conjunto, contribuyen al florecimiento de sociedades más libres y justas. Esta obra es un referente fundamental para profundizar en su pensamiento político y su plena identificación con el liberalismo humanista.

Su obra El lenguaje de la pasión, publicada en 2000, es una sistematización de los artículos publicados en el diario El País, en su sección «Piedra de Toque». Analiza temas de política, de cultura, problemas sociales, arte o sucesos más llamativos de los últimos años.

Aunque vivía en el extranjero, Vargas Llosa siguió muy de cerca la cadencia de los ritmos del Perú. Criticó duramente a Fujimori y su autogolpe de estado en 1992, cuando cambió la Constitución peruana y permitió la instauración de un régimen autócrata. Sin embargo, la distancia crítica entre ambos mandatarios no impidió su apoyo a su hija, Keiko Fujimori, frente a la candidatura comunista de Pedro Castillo, en la segunda vuelta en las elecciones de 2021.

Pronunció estas palabras: «Le pido a Keiko salvar al país de un peligro enorme que es caer en manos del totalitarismo».

Fue una decisión sorprendente para muchos, pero aplicó el principio del mal menor. El gesto habla de que la política para Vargas Llosa no es un dogma irreductible, un reducionismo de la libertad personal a favor del partido, sino sujeta a ideales más elevados y trascendentes, como es la salvaguarda de la patria.

En España se identifica plenamente con el Partido Popular, que recibe su apoyo en la tensión social generada por las derivaciones independentistas más extremas. Participó en la gran manifestación por la unidad de España que se celebró en Barcelona en octubre de 2017, en donde miles de catalanes mostraron su adhesión a la coexistencia pacífica, libre y democrática. Unos ideales así no pueden considerarse reaccionarios, sino propios de sociedades avanzadas y maduras.

El cosmopolitismo de Vargas Llosa, sus experiencias literarias, políticas y familiares, nacidas de un equilibrio y elegancia inmanentes, lo encauzaron siempre a la concordia entre las partes. Una actitud concurrente en autores a quienes admiró, como Isaiah Berlin, Karl Popper, Hayek, Alex de Tocqueville, Ortega y Gasset...

Todo este legado motivó a Vargas Llosa, junto a otros intelectuales, a defender en el foro «La verdad os hará libres», organizado por la Casa de América, en 2022, la libertad frente a la censura que impone la cultura de la cancelación.

Con apenas 23 años llegó a París, en donde reside como periodista desde 1959 y hasta 1966. Trabajó en la agencia France-Presse y la Televisión Pública Francesa. Formó en la ciudad un grupo de intelectuales hispanoamericanos expatriados como Julio Cortázar y Jorge Edwards. Posteriormente, se traslada tres años a Londres, en donde imparte literatura en el Queen’s Mary College y Kings’s College.

Alcanza el grado de doctor universitario en filosofía y letras en la Universidad Complutense de Madrid en 1971 bajo la dirección del prof.-catedrático Alonso Zamora Vicente. Su tesis se titula: García Márquez: historia de un deicidio.

Estuvo como profesor residente en la Universidad Estatal de Washington en 1969. En 1970 se instaló en Barcelona. En 1974 regresó a Lima.

Recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1986; el Premio Planeta en 1993.

En este mismo año, adquirió la nacionalidad española, compatibilizándola con la peruana. Comienza a escribir en el diario El País y en la revista Letras Libres.

En 1994 fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Lee su discurso de recepción pública el 15 de febrero de 1996 con el título Las discretas ficciones de Azorín, contestado por el nobel Camilo José Cela Trulock.

Recibe el premio Cervantes en este mismo año.

Es distinguido con el premio nobel de literatura el 7 de diciembre de 2010. El comité técnico expresó como razones para conceder el galardón: «su cartografía de las estructuras de poder y sus mordaces imágenes de la resistencia, la revuelta y la derrota del individuo».

En 2011 fue nombrado primer marqués de Vargas Llosa por el rey Juan Carlos I de España.

En 2021 fue elegido miembro de la Academia Francesa para ocupar el asiento número 18 de esa institución. En este acto adquirió la condición de «inmortal» para esta corporación. Fue el primer miembro que no había escrito novelas en lengua francesa, aunque su obra se publicó en vida del autor, en la editorial La Pléiade de Gallimard, único caso en su historia.

La Biblioteca del Congreso de EE. UU. le nombró Living Legend y, junto con Yasmina Reza, le distinguieron con el premio XIII Prix, de la Asociación Diálogo Francia— España.

Su obra suele dividirse en cuatro grandes épocas.

La primera, con un perfil muy nítido. Puro realismo que refleja el Perú cotidiano.

Comprende Los jefes, publicada en 1959, es un libro de cuentos; La ciudad y los perros, de 1963; La Casa verde, de 1965; Conversación en la Catedral, de 1970 y Los Cachorros, de 1967, publicados todos en Barcelona, gracias a Carlos Barral que confió siempre en su potencial.

Los críticos destacan como características su complejidad como proyecto y su visión narrativa.

Una segunda época, en donde destaca el carácter autónomo de la novela. Entre ellas, La guerra del fin del mundo, de 1981; La tía Julia y el escribidor, de 1977. Historia de Mayta, de 1984, y El Hablador, de 1987.

Una tercera etapa literaria, caracterizada por la exquisitez y el refinamiento, entre ellas: El elogio de la madrastra, de 1988; Los cuadernos de don Rigoberto, de 1997, y Travesuras de la niña mala, de 2006.

Una cuarta época, en donde se engloban obras con una propia personalidad. Entre ellas: El paraíso en la otra esquina, de 2003; El sueño del celta, publicada en 2010; El héroe discreto, de 2013, y Cinco Esquinas, publicada en 2016.

En conclusión, nos encontramos con un intelectual, que abrazó el difícil reto de defender sus ideales contra toda circunstancia, incluso la adversa y oscura. Un hombre que se venció a sí mismo para alcanzar la verdad, aunque le costara sufrir la fría y distante soledad. No es fácil sostenerse en esa situación durante tanto tiempo y con tanta intensidad. La integridad es una dura carga, que fatiga, agota y corroe, no apta para muchos hombres y, por ello mismo, meritoria y extraña en unos tiempos en donde impera el igualitarismo, el hombre colectivo, pero no el hombre libre.