Centenario de Ignacio Aldecoa

(maestro del relato corto)

Imagen de Samuel F. Johanns en Pixabay.

El 24 de julio, se cumple el centenario del nacimiento de Ignacio Aldecoa en Vitoria. El fallecimiento en Madrid, el 15 de noviembre de 1969, truncó su trayectoria literaria tan prometedora. Sin embargo, su obra ahí está, como la de uno de los mejores prosistas españoles del siglo veinte.

Estudió Filosofía y Letras, en la especialidad de Historia, en Salamanca, donde conoce a Carmen Martín Gaite y en Madrid, donde se reúne con otros integrantes del grupo de escritores de la generación de "los niños de la guerra", como Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Josefina Rodríguez, con quien se casó en 1952, etc.

Aunque se inicia en la poesía, donde destaca es en los cuentos y en la novela. Las primeras son de tono realista y social (El fulgor y la sangre, de 1954, que fue finalista del Premio Planeta; Con el viento solano, de 1956; Gran Sol, de 1963). Entre 1958 y 1959, vive en Estados Unidos y esto se nota en Parte de una historia (1967), que supone un cambio en los temas y en el tono.

Estas novelas son excelentes, por lo que se cuenta y por la calidad de la prosa, pero donde sobresale Ignacio Aldecoa es en el cuento. Una de las ediciones completas, con relatos escritos entre 1949 y 1969, es de Alfaguara, con prólogo de la mujer del autor (6,ª edición, Madrid, 2008, 758 págs.), pero hay buenas antologías como la de Letras Hispánicas (Cuentos, en edición preparada también por Josefina Rodríguez de Aldecoa).

Ignacio escribía sobre lo que había observado y vivido, con una prosa detallista, dramática y lírica a la vez, cuidadísima (De las colmenas del otoño se vertía, en el atardecer, el color de los campos. De las colmenas del otoño se endulzaban los ojos de una vaga melancolía). Pienso que algunos de sus cuentos, como Caballo de pica, Seguir de pobres, Santa Olaja de acero, En el kilómetro 400 o Young Sánchez, entre otros, ocupan un puesto de honor en este género. Merece la pena leer o releer a Ignacio Aldecoa, el verano puede ser un buen momento.