Dos poetas optimistas

‘Venir desde tan lejos’, de Eloy Sánchez Rosillo (Tusquets); y ‘Lo entenderás más tarde’, de Carmelo Guillén Acosta (Cypress Cultura)

"Eloy Sánchez Rosillo (Murcia) y Carmelo Guillén Acosta (Sevilla) son dos valiosos poetas, con una amplia y coherente obra editada"

Eloy Sánchez Rosillo (Murcia) y Carmelo Guillén Acosta (Sevilla) son dos valiosos poetas, con una amplia y coherente obra editada. El último poemario de ambos, con ser distintos en el fondo y en la forma, tiene en común el tono optimista, de amor a la vida.

Lo entenderás más tarde (Cypress Cultura. Sevilla, 2025, 48 págs.), el texto de Carmelo Guillén, con el título sacado del Evangelio de San Juan, lo forman treinta y dos poemas, agrupados en dos bloques de dieciséis. Se trata de poesía mística y teológica, enraizada en la gran tradición de la lírica española, pero insertada en la vida cotidiana del poeta. Abundan lógicamente las referencias bíblicas y a otros autores (san Juan de la Cruz, Twardowski...), siempre con el tono cordial tan característico del autor (En duelo permanente, señal de no estar solo // y de que habita en mí la presencia de alguien), con un ritmo que envuelve cada poema, con el uso frecuente del verso alejandrino, de los encabalgamientos y también del lenguaje coloquial. El poemario es una invitación a buscar la intimidad con la Trinidad, con la Virgen, los santos. La fe, la esperanza, el amor –el sentido del dolor incluso– se traducen en alegría, gratitud, entusiasmo, porque el poeta está en camino hacia allí donde se vive de contemplar a Dios. Pero esto no lo aísla, sino que marca su modo de vivir y de compartir, bien expresado, por ejemplo, en el poema En el lugar del otro. Un texto muy elaborado que requiere también lectura y relectura pausadas.

Venir desde tan lejos (Tusquets Editores. Barcelona, 2025, 138 págs.), el último poemario de Eloy Sánchez Rosillo, coincide con el de Guillén en la alegría, por la existencia, por lo vivido, por la belleza, por la relación con los demás y esto a pesar de que el libro tiene cierto tono de despedida. El trasfondo es también cristiano, aunque no tan explícito como en Lo entenderás más tarde. Aquí el contacto con la naturaleza ocupa un lugar preferente, pero también en lo cotidiano, la luz del amanecer o del atardecer sobre un objeto, el juego de las olas o de las golondrinas, las estaciones (qué mayor extensión que un solo instante)...  Invitación a la contemplación, a huir de la inmediatez, a la gratitud por tanto que uno ha recibido (Lo efímero difunde // en el alma un fervor de eternidad.). Lenguaje claro, imágenes muy logradas y un ritmo en el que predominan los versos endecasílabos. Dos poemarios muy oportunos, buen antídoto contra la queja, el pesimismo y la superficialidad.