Francisco y su último deseo: un funeral humilde y simbólico
Activa su reforma funeraria: un adiós austero, cercano y lleno de simbolismo eclesial
La muerte del papa Francisco el pasado 21 de abril de 2025 ha activado un protocolo funerario reformado por el propio pontífice en 2024, buscando una ceremonia más sencilla y cercana a los fieles. Este nuevo rito, establecido en el Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, marca un cambio significativo respecto a las tradiciones anteriores, reflejando la humildad y el compromiso de Francisco con una Iglesia más austera.
El proceso litúrgico se divide en tres "estaciones": vigilia, funeral y sepultura. El cardenal camarlengo, Kevin Farrell, es el encargado de dirigir la Iglesia durante la "sede vacante", periodo entre la muerte de un papa y la elección de su sucesor. Farrell, de origen irlandés y con una destacada trayectoria en Estados Unidos, asumió este rol en 2019 y ha sido responsable de certificar oficialmente el fallecimiento del pontífice, así como de coordinar la administración temporal del Vaticano.
Siguiendo el nuevo protocolo, la constatación de la muerte de Francisco se realizó en la capilla, en lugar de su habitación, como era costumbre. Posteriormente, se retiró y destruyó el Anillo del Pescador y el sello papal, símbolos de su autoridad, para evitar cualquier uso indebido. Las campanas de la Basílica de San Pedro anunciaron su fallecimiento al mundo, marcando el inicio de los rituales funerarios.
El cuerpo del papa fue colocado en un único ataúd de madera, rechazando el tradicional triple féretro de ciprés, plomo y roble. Dentro del ataúd se introdujo un pergamino detallando sus logros y monedas conmemorativas acuñadas durante su pontificado, siguiendo la tradición de incluir una moneda de oro por cada año de su reinado, una de plata por cada mes y de bronce por cada día. El féretro fue expuesto directamente al público en la Basílica de San Pedro, sin el uso de un catafalco ni la colocación del báculo papal, en línea con el deseo de Francisco de ser velado "como cualquier hijo de la Iglesia".
El funeral se celebrará al aire libre en la Plaza de San Pedro, presidido por el decano del Colegio Cardenalicio, siguiendo la tradición de los últimos pontífices. Sin embargo, en un gesto significativo, Francisco será sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor, en lugar de las Grutas Vaticanas, cumpliendo así su deseo de descansar en un lugar que consideraba especial .
Con la sepultura, se inician los "novendiales", nueve días de misas en honor al papa fallecido. Durante este periodo, los cardenales se reunirán para fijar la fecha del cónclave, donde se elegirá al nuevo pontífice mediante votación secreta en la Capilla Sixtina. Este proceso, guiado por las reformas y deseos de Francisco, refleja una transición hacia una Iglesia más humilde y cercana a sus fieles.