Aumenta la exclusión laboral de las personas con discapacidad: el 58% lleva más de un año en paro

Siete de cada diez contratos son temporales y solo el 0,12% accede a puestos de dirección

Un hombre en silla de ruedas. Europa Press
La exclusión laboral de las personas con discapacidad no solo persiste, sino que se agrava. 
  1. Un mercado laboral que deja fuera a la mayoría
  2. Precariedad estructural y empleo de baja cualificación
  3. Mujer y discapacidad: una doble brecha
  4. De las cuotas a la inclusión real
  5. Formación y oportunidades para romper el círculo
  6. Un problema estructural que persiste

El 58% de quienes están en paro lleva más de un año buscando empleo sin éxito, un dato que refleja la cronificación del desempleo en este colectivo y evidencia las dificultades estructurales para acceder al mercado de trabajo.

Así lo denuncia la organización Impulsa Igualdad tras analizar los últimos datos del Observatorio de las Ocupaciones del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), que dibujan un escenario de precariedad, desigualdad y falta de oportunidades reales.

Un mercado laboral que deja fuera a la mayoría

La situación va más allá del desempleo. La tasa de actividad de las personas con discapacidad se sitúa en apenas el 35,4%, lo que significa que casi siete de cada diez personas en edad de trabajar están fuera del sistema.

La brecha con respecto al resto de la población supera los 43 puntos, una distancia que pone en cuestión los avances en inclusión laboral.

Desde la organización advierten de que no se puede hablar de integración cuando el acceso al empleo sigue siendo tan limitado. El mercado laboral, sostienen, continúa siendo “hostil y excluyente”, incapaz de absorber el talento de este colectivo en igualdad de condiciones.

Precariedad estructural y empleo de baja cualificación

Para quienes sí logran encontrar trabajo, las condiciones tampoco son alentadoras. El 69,95% de los contratos son temporales, lo que refleja una inestabilidad estructural que impide construir trayectorias laborales sólidas. A ello se suma la dificultad para acceder a empleos cualificados.

Casi la mitad de los contratos, un 43,49%, se concentra en ocupaciones elementales y de baja cualificación, mientras que el acceso a puestos de responsabilidad es prácticamente inexistente. 

Solo el 0,12% de las personas con discapacidad ocupa cargos de dirección, un dato que ilustra la existencia de un techo de cristal especialmente resistente.

Mujer y discapacidad: una doble brecha

La desigualdad se intensifica en el caso de las mujeres. La brecha de género en el colectivo triplica la del resto de la población, convirtiendo a las mujeres con discapacidad en el eslabón más vulnerable del mercado laboral.

Mientras que entre las personas sin discapacidad la diferencia en afiliación entre hombres y mujeres es de 4,88 puntos, en este colectivo la distancia se dispara hasta los 15,19 puntos.

Esta brecha evidencia una doble discriminación que combina género y discapacidad, y que limita aún más las oportunidades de acceso y permanencia en el empleo.

De las cuotas a la inclusión real

Ante este escenario, Impulsa Igualdad reclama un cambio de enfoque. La organización considera que ha llegado el momento de pasar de las cuotas formales a una inclusión efectiva, basada en el talento y la igualdad de oportunidades.

Entre sus principales demandas, destacan la necesidad de reforzar la vigilancia del cumplimiento de la cuota de reserva de empleo para personas con discapacidad y sancionar a las empresas que no la respeten.

También plantean la prohibición de contratar con la Administración pública a aquellas compañías que no acrediten el cumplimiento de esta obligación legal, con el objetivo de evitar que el dinero público contribuya a perpetuar la exclusión.

Además, la entidad insiste en la importancia de impulsar la contratación indefinida y de calidad, frente a una tasa de estabilidad que apenas alcanza el 30,05%, así como en desarrollar políticas específicas dirigidas a mujeres con discapacidad.

Formación y oportunidades para romper el círculo

Otro de los ejes clave pasa por mejorar la formación. Impulsa Igualdad subraya la necesidad de promover planes de formación avanzada que permitan a las personas con discapacidad acceder a puestos técnicos y de gestión, rompiendo así la concentración en empleos poco cualificados y en el sector servicios.

La falta de acceso a este tipo de oportunidades no solo limita el desarrollo profesional, sino que perpetúa un círculo de precariedad del que resulta difícil salir. Sin formación especializada y sin acceso a empleos de mayor valor añadido, la inclusión laboral sigue siendo parcial y frágil.

Un problema estructural que persiste

Los datos más recientes, correspondientes a 2025, confirman que la situación apenas ha mejorado. La discapacidad sigue siendo sinónimo de inactividad o precariedad laboral, según denuncia la organización, que insiste en la necesidad de adoptar medidas más ambiciosas y efectivas.