El fenómeno de ser ignorado en whatsapp (ghosting) se dispara en verano
Provoca en adolescentes y jóvenes ansiedad, inseguridades, desconfianza en nuevas relaciones, celos y dependencia emocional
- Un impacto emocional que va más allá del silencio
- ¿Quién hace ghosting y por qué?
- Respuestas frente al silencio
- Un nuevo paradigma en las relaciones
El término —tomado del inglés ghost, fantasma— describe una conducta en la que una persona desaparece de la vida de otra sin explicación ni aviso previo, cortando de forma repentina cualquier comunicación. Y aunque pueda parecer una anécdota pasajera, sus efectos emocionales pueden ser profundos.
Según la psicóloga Paloma Rey, colaboradora de Doctoralia, el ghosting se ha normalizado entre la juventud, sobre todo en contextos como redes sociales o aplicaciones de citas, donde las relaciones suelen ser más superficiales y efímeras.
“Muchas veces no ha habido encuentros presenciales, y no se busca lo mismo. Eso facilita que se actúe sin responsabilidad afectiva”, explica.
Un impacto emocional que va más allá del silencio
Las consecuencias del ghosting varían según la intensidad del vínculo o el momento en el que ocurre, pero sus efectos son innegables. La ausencia de cierre o de una explicación genera, en quienes lo sufren, una cascada de emociones difíciles de manejar.
“Uno de los efectos más comunes es la duda sobre uno mismo”, señala la doctora Rey. La falta de respuestas concretas lleva a la autocrítica, la rumiación mental y la baja autoestima. La persona empieza a preguntarse si ha hecho algo mal, si no es suficiente, si ha dicho algo inapropiado.
A esto se suma la ansiedad por la incertidumbre. “Se revisan mensajes, se repasan conversaciones buscando indicios que expliquen la desaparición. Esto puede provocar un malestar emocional prolongado”, añade la experta.
Además, la experiencia del ghosting puede tener efectos en relaciones futuras. Quien lo ha vivido tiende a desconfiar, a temer repetir el dolor, y puede desarrollar celos o una dependencia emocional hacia nuevas parejas o contactos.
¿Quién hace ghosting y por qué?
No hay un único perfil de la persona que decide desaparecer sin más. Sin embargo, la doctora Rey identifica patrones emocionales y psicológicos comunes.
La inmadurez emocional es uno de ellos. Personas que no saben cómo gestionar una conversación incómoda o asumir que ya no quieren seguir una relación, optan por lo más sencillo: huir. Lo que ella denomina como “la técnica del avestruz”.
También está el miedo al conflicto. Evitar enfrentamientos, aunque sean necesarios, es una conducta habitual en quienes tienen dificultades para comunicarse o para poner límites.
Otro rasgo común es la falta de empatía. Quienes hacen ghosting tienden a minimizar la relación y justificar su comportamiento con frases como “no era tan importante”, sin contemplar el daño emocional que provocan.
Y, en muchos casos, hay un miedo al compromiso. Cuando la relación empieza a profundizar, algunas personas con un apego evitativo sienten ansiedad o vulnerabilidad y optan por desaparecer, sin dar explicaciones.
Respuestas frente al silencio
Ante esta situación, ¿qué se puede hacer? La psicóloga propone varios enfoques para afrontar la ruptura unilateral.
“El silencio es una respuesta. Aunque cueste aceptarlo, cuando alguien nos ignora, nos está comunicando que no quiere continuar”, explica Rey. Insistir en buscar explicaciones puede causar aún más daño. El cierre debe llegar desde la autoafirmación: “Que alguien no te haya elegido no significa que no seas valioso”.
También es importante permitirse sentir. No importa cuánto tiempo haya durado el vínculo: si el impacto emocional ha sido intenso, hay que procesar emociones como tristeza, enfado o confusión.
Finalmente, la doctora recomienda acciones simbólicas que ayuden a cerrar el capítulo: escribir una carta que no se enviará, borrar la conversación, dejar de seguir a esa persona en redes sociales, o trabajarlo en terapia.
Un nuevo paradigma en las relaciones
El ghosting está transformando la manera en que las personas, especialmente los jóvenes, se vinculan. “Cada vez se utiliza más y, como consecuencia, se normalizan comportamientos de desapego emocional, evitación del compromiso e instrumentalización del otro”, concluye la experta.
Las consecuencias no son solo individuales: afectan al conjunto de la sociedad. Surgen relaciones más frágiles, comunicación deficiente y una creciente sospecha constante en los vínculos afectivos.
Lo que empieza como un “visto” sin respuesta puede terminar por cambiar, profundamente, nuestra forma de amar.