El ocio nocturno rural pide ayuda ante el bajo número de establecimientos

Más de 3 millones de españoles viven en una localidad sin bar de copas ni discoteca, una situación muy distinta a ciudades como Madrid o Barcelona

Imagen de archivo de una discoteca
En la mayoría de pueblos y ciudades pequeñas, los locales nocturnos escasean. Desde el sector alertan que su declive tiene consecuencias negativas para la población y piden ayuda y colaboración de las administraciones ante lo que perciben como un abandono. 
  1. Radiografía del sector nocturno en zonas rurales
  2. Consecuencias del declive, según las empresas
  3. Consideran el ocio nocturno una forma de patrimonio cultural
  4. Piden mejor transporte público nocturno 
  5. Solicitan un cambio y proponen soluciones para reavivar el sector en zonas rurales

Radiografía del sector nocturno en zonas rurales

3,25 millones de habitantes viven en municipios sin bares de copas ni discotecas, según un informe de España de Noche — la principal patronal del sector — y Coca-Cola. 

El estudio también revela que los pueblos y ciudades de menos de 80.000 habitantes, en las que reside el 56% de los españoles, cuentan con una media de 5,54 locales de ocio: un local por cada 14.440 habitantes. Asimismo, en las ciudades de menos de 5.000, en las que reside el 12% de los españoles (5,6 millones de habitantes ), apenas cuentan con 2,08 locales.

“Estas cifras contrastan con la evolución del sector del ocio nocturno de las grandes ciudades y destinos turísticos, en las que la vida nocturna se ha convertido en referente del estilo de vida español e imagen de marca internacional con la recuperación de la normalidad y el ansia de socialización de la crisis del COVID”, indica la organización. 

Acechan el problema principalmente a “la competencia desleal, la caída de la pirámide de población, el despoblamiento y al retroceso en la frecuencia de las salidas nocturnas de los más jóvenes”.

Consecuencias del declive, según las empresas

Como parte del mismo estudio, se ha encuestado a pequeñas y medianas empresas del sector para averiguar las principales consecuencias del bajo número de estos establecimientos en la mayoría de municipios rurales. 

De todas las pymes encuestadas, un 24,4% opina que la consecuencia principal es la pérdida de puestos de trabajo asociados a la noche, un 23,3% señala a la pérdida de interés de los jóvenes en quedarse a vivir en su pueblo y otro 20% opina que la mayor consecuencia es “el deterioro de la calidad de vida y el retroceso en los espacios de socialización”.

Existe un consenso entre estos locales sobre su papel en la seguridad pública, posiblemente por ser alternativas más seguras a los botellones clandestinos y otras formas de ocio. Como evidencia, el 76,1% de los encuestados consideran que los locales de ocio contribuyen a hacer bastante o mucho más seguras las calles por las noches en los pueblos y ciudades, según el mismo informe. 

Consideran el ocio nocturno una forma de patrimonio cultural

“Nuestro estilo de vida forma parte de nuestro patrimonio cultural y nuestra imagen de marca”, comenta Vicente Pizcueta, portavoz de España de Noche, a Confidencial Digital

Desde la pandemia, una gran parte de la población se ha dado cuenta de que “este es uno de los países en los que mejor se vive en el mundo, que tenemos una gastronomía de primer nivel y ahora tenemos una vida nocturna en la que somos líderes a nivel europeo”, añade Pizcueta.

Piden mejor transporte público nocturno 

Un porcentaje mínimo de la población española tiene acceso a transporte público accesible y rápido por la noche, lo cual no solo afecta al ocio nocturno, sino también a la población general en caso de tener una urgencia familiar o laboral, comenta Pizcueta. 

También es posible que el escaso acceso al transporte público nocturno esté incentivando a algunos a conducir bajo los efectos del alcohol por no tener una alternativa fiable, aunque es difícil establecer causalidad.

Independientemente de su causa, las sustancias en carretera continúan siendo un problema real: casi la mitad de los 937 conductores fallecidos en accidentes de tráfico y sometidos a análisis toxicológico en 2024 dieron positivo en alcohol, drogas o psicofármacos, según datos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses.

Solicitan un cambio y proponen soluciones para reavivar el sector en zonas rurales

Entre las ayudas que pide el sector para poder sobrevivir en zonas rurales están las subvenciones y aportaciones económicas por parte de los gobiernos, especialmente los municipales. 

“Hay que integrarse dentro de los planes de financiación económica, igual que existen líneas de ayuda al comercio o de apoyo a los autónomos”, indica el portavoz de España de Noche. Y no sólo sufren más las poblaciones pequeñas al tener pocos locales de ocio nocturno, sino que las pocas ayudas económicas que existen para este sector suelen encontrarse en ciudades como Madrid o Barcelona, y rara vez en pueblos, añade Pizcueta. 

La patronal también opina que en muchas poblaciones existe una “presión administrativa” que impide a estos establecimientos formarse o ser sostenibles a largo plazo. En cambio, no se persigue lo suficiente la “competencia desleal” como los botellones, verbenas poco reguladas o locales que ponen música de noche a pesar de no tener la licencia necesaria para hacerlo, lo cual piden que se controle de manera más exhaustiva. 

Entre otras soluciones que proponen está potenciar el asociacionismo y cooperación entre locales del sector y también el diálogo con los políticos, lo cual, reconocen, es más fácil en poblaciones pequeñas. “En aquellos pueblos donde tienes al alcalde y al concejal al alcance de tu mano, les dices ‘oye, si el sábado me pones a la puerta del único local que hay en la comarca una verbena, a mi me matas’”, explica Pizcueta. 

Sin embargo, no todas las soluciones vienen de la administración, reconoce el portavoz. Los locales deben modernizarse y reinventarse para llegar a los más jóvenes poniendo su música favorita o innovando para que no elijan otras alternativas de ocio o abandonen el pueblo, concluye Pizcueta.