Los trastornos que encaran los niños ante la vuelta al cole: irritabilidad, rabietas y apatía
Los expertos recomiendan no cambiar hábitos como el cuidado de la alimentación, los horarios de sueño y el uso limitado de pantallas durante el verano
- Efectos de la vuelta a la rutina
- Recomendaciones para afrontar los efectos y posibles ‘trastornos’ asociados a la vuelta al cole y a la rutina
- Programas o protocolos para tratar la adicción digital
La rutina, en muchas ocasiones, trae consigo restricciones, que chocan directamente con esa libertad posiblemente experimentada durante la época estival. Precisamente por ello, conviene estar preparado y conocer cuáles son los efectos de este ligero “descontrol”.
Efectos de la vuelta a la rutina
Esta vuelta a la rutina tiene efectos directos sobre el comportamiento y la conducta de los más pequeños. Tal y como explica Vanessa Fernández, doctora en psicología, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y escritora del libro ‘Padres que echan humo: cómo sobrevivir a los hijos adolescentes’, la pérdida del hábito provoca que los niños estén más irritados, que tengan más rabietas, presenten mayor irascibilidad o den lugar a un mayor número de discusiones.
Pese a que esta psicóloga asegura que el hábito se recupera en apenas una semana tras la vuelta a la rutina, es muy importante llevar a cabo una escucha activa de los sentimientos y emociones expresados por los niños, así como una preparación de cara al retorno de los hábitos.
En este sentido, Vanessa la doctora Fernández indica que en verano se tiende a perder “las buenas costumbres”, algo que sucede también con respecto al cuidado de la alimentación o las rutinas y ciclos de sueño. Fernández asegura que esto no debe ser así, porque de esta manera es mucho más costoso retomar estas buenas costumbres.
Además, señala que esta escasez de limitaciones puede provocar efectos nocivos sobre los niños, como la irritabilidad, la ira o la generación o desarrollo de cierta dependencia o adicción hacia los dispositivos electrónicos. De este modo, la psicóloga recomienda mantener ciertas restricciones durante la época estival. “No se trata de ser personas muy estrictas; tiene que haber cierta flexibilidad pero con coherencia”, apunta.
Los jóvenes que más sufren las consecuencias de este consumo digital son los adolescentes de entre 12 y 16 años. Vanessa alerta de las posibles adicciones consecuentes a este uso ilimitado de pantallas: “Cuando un niño ha estado mucho tiempo con ellas, haciendo lo que le da la gana, entra un proceso de cierta adicción”. Tal y como indica, es necesario detectar a tiempo que esta adicción, en efecto, se está produciendo, para evitar que se desarrolle la sintomatología propia de este tipo de trastornos, como puede ser la ansiedad, irritabilidad, enfado o dificultad para aceptar una realidad anterior -como es el caso de la rutina previa a las vacaciones-.
Señales de alerta
La detección temprana de estos comportamientos adictivos es imprescindible para prevenir consecuencias de mayor gravedad. Vanessa Fernández informa de que algunos indicadores de alerta son los niveles elevados de ira cuando no tienen acceso a las pantallas o el móvil, o cuando se les pide que lo dejen y lo demoran.
Otros signos incluyen un aumento de la impulsividad, hostilidad en sus interacciones o el uso de un lenguaje con mayor carga emocional y con palabrotas, aprendidas en muchas ocasiones en las redes o plataformas digitales.
Además, otro factor de preocupación es que el niño acceda o intente acceder al móvil de forma constante, demostrando una relación de dependencia con estos dispositivos.
Recomendaciones para afrontar los efectos y posibles ‘trastornos’ asociados a la vuelta al cole y a la rutina
Cuando los niños desarrollan estos comportamientos o signos de alarma, es necesario entrar en acción, llevando a cabo una estrategia que pueda reducir la ansiedad y el enfado. En este caso, la doctora Fernández recomienda hablar con el niño, dejando claros los límites y las normas.
Esta psicóloga asegura ser fiel defensora de la comunicación con los menores: “es necesario explicarles el motivo por el cual hay que reducir el tiempo de uso de los dispositivos electrónicos”. Además, añade que hay que avísarles con cierta antelación de los cambios, así como aplicar medidas lógicas, teniendo en cuenta que necesitan tiempo y espacio digital para relacionarse con sus amigos.
También es imprescindible que este proceso se lleve a cabo de forma paulatina; es preferible pautar desde el inicio de manera clara cómo se llevará a cabo el proceso de limitación de uso y acompañar su tiempo libre con actividades que les sean gratificantes.
En caso de recibir como respuesta conductas impulsivas o agresivas relacionadas con el uso de estos dispositivos, la doctora Fernández recomienda, en caso de ser necesario, sancionarlas, incluso con la retirada de estos aparatos.
Esta sanción se debe aplicar únicamente cuando la conducta negativa esté directamente relacionada con el uso de las pantallas. Sin embargo, muchos padres recurren a restringir el uso de tabletas o teléfonos móviles ante cualquier comportamiento inapropiado. Sobre esto, Fernández advierte que utilizar este castigo para cualquier actitud incorrecta no tiene sentido, ya que solo es efectivo y coherente cuando la conducta problemática está vinculada directamente al uso de dispositivos.
Programas o protocolos para tratar la adicción digital
En la actualidad, hay algunos centros educativos o colegios que imparten cursos para concienciar a los niños sobre las limitaciones y riesgos asociados al uso de dispositivos digitales. Sin embargo, no existe ningún protocolo oficial que homogeneice esta práctica entre todos los centros.
Sin embargo, el hospital Gregorio Marañón de Madrid se ha convertido en el único centro público que ya cuenta con un programa propio para tratar las adicciones a dispositivos digitales. Este programa recibe el nombre de ‘AdCom’ y atiende a personas que presentan comportamientos adictivos en relación a juegos de apuestas, videojuegos, sexo, compras compulsivas o redes sociales.