El jarabe de Pablo
Corría el mes de abril de 2013. En Madrid, ante la Embajada Americana, se celebraba un acto en memoria del periodista José Couso, muerto en Bagdad en 2003 por disparos de un carro de combate norteamericano contra el Hotel Palestina.
En aquel aniversario, Pablo Iglesias, teórico politólogo, acuñó un término que ha hecho fortuna, “Jarabe democrático”. Una realidad que, lamentablemente, se ha puesto de actualidad otra vez.
Era poco antes de fundar Podemos, y Pablo Iglesias calificó de “Jarabe democrático” los escraches a políticos de PP, partido que en aquellos momentos se encontraba en el Gobierno.
Aunque la cosa ya venía de atrás. En 2008, Rosa Diez, entonces líder de UPyD, tuvo que abandonar la facultad de Políticas de la Complutense sin dar la conferencia que había convocado, por un boicot organizado por los estudiantes. En la sala se encontraba Pablo Iglesias. Díez le acusó de ser uno de los organizadores, pero él dijo que estaba allí como profesor y para escucharla.
En 2012, Cristina Cifuentes, expresidenta de la Comunidad de Madrid, se vio cercada por manifestantes en la Glorieta de Bilbao. La acosaron, le insultaron y le escupieron. Las imágenes resultan tremendas.
Cuando, un año después, Pablo Iglesias inventó la expresión “Jarabe democrático” y la justificó, habían sufrido y sufrieron escraches después otros personajes ‘de la derecha’. Como el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, acosada a la puerta de su casa, en la que se encontraba también su hijo. Por no recordar el que sufrió Villacís estando embarazada.
La persecución contra la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá fue especialmente violenta, con escraches en la puerta de su domicilio, insultos en los mercados... Es conocido cómo acabó aquello. Mientras, Mónica Oltra calificaba esa persecución de "tonterías".
En octubre de 2019, Cayetana Álvarez de Toledo, sufrió en Barcelona un escrache de independentistas, en la Plaza Sant Jaume. Un grupo de estibadores la insultó gravemente y le arrojó un líquido no identificado. Posteriormente, estudiantes continuaron el acoso, con insultos como “fascista”, “argentina”, “perra”, “puta”, “hija de puta” y “zorra”
Al año siguiente, en diciembre de 2020 y siendo ya vicepresidente del Gobierno, Iglesias fue entrevistado en TVE. Le preguntaron si se arrepentía de haber consagrado la expresión «Jarabe democrático» para justificar los escraches. Reivindicó los que se producían contra dirigentes del PP. Aunque reconoció que era muy «doloroso e intimidante» haber recibido él mismo acoso en su domicilio de Galapagar.
Digo que esa dinámica se ha puesto de actualidad especial por el episodio que ha sufrido la esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, acoso que rechazo con toda rotundidad. Sin paliativos.
Por cierto. He escuchado a determinados opinadores: “Algún día va a pasar algo”. Bueno, pues, poco después de que Pablo Iglesias avalara los acosos, en 2015, en un acto electoral en Pontevedra, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y candidato a la reelección, fue agredido físicamente, cerca de la iglesia de la Peregrina. En medio del tumulto, un joven se aproximó y le propinó un puñetazo en la cara. Las gafas saltaron por los aires.
Desde mi punto de vista, los escraches son intolerables los sufran quienes lo sufran. Discrepo profundamente de quienes los disculpan cuando el que lo padece es un rival político. Me parece inadmisible.
Y, desde luego, ni son ‘jarabe’ ni, mucho menos aún, ‘democrático’. Diga lo que diga Pablo Iglesias. Quien, por cierto, da clases en la Facultad de Políticas. ¿Esto es lo que explica a sus alumnos?
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