Los reyes, embarrados y bien embarrados
Tras los altercados de ayer en Paiporta, con la huida de Pedro Sánchez y la permanencia de los reyes a pie de calle interpelados por la gente, desde Moncloa empezó a decirse que el viaje había sido una imprudencia y que la visita no tenía que haberse celebrado.
Reconocían, eso sí, que el presidente del Gobierno se había unido a la expedición solo por motivos oficiales, protocolarios: la protagonizaba el jefe del Estado y, por tanto, el jefe del Ejecutivo debía acompañarle. O sea que, por su propia iniciativa, Sánchez no tenía la menor intención de presentarse en la zona.
Desplazarse a Paiporta era personarse en la población más castigada por las riadas, con medio centenar de fallecidos, entre ellos seis pacientes de una residencia de ancianos que no pudieron ser evacuados a tiempo.
Las imágenes de lo ocurrido ayer resultan impactantes, pero quienes organizaron la visita ¿qué creían que iban a encontrar? A lo que hay que añadir que el despliegue de seguridad no estuvo bien preparado, como se demostró claramente.
Lo que se ha visto en Paiporta, los incidentes que han mostrado las televisiones, es poco, muy poco, para lo que podía haber pasado, atendiendo a la desesperación y rabia acumulada de sus habitantes, más que justificados.
“Nos has vendido”, “Mentiroso”, “Perro”, “Fuera de aquí”... fueron algunos de los gritos que tuvo que escuchar a Pedro Sánchez en su huida.
Tenían razón, porque el Estado les ha abandonado desde el primer día. El Estado.
Según un letrado del Tribunal Constitucional, “el Estado, a través del Ministro del Interior, debió intervenir primero con carácter preventivo y después dando respuesta inmediata a los hechos, manteniendo su intervención hasta el restablecimiento de la normalidad”.
Los castigados vecinos de Paiporta, además de gritar desaforadamente y de insultar, se dedicaron lanzar barro, solo barro, el barro que cubre sus calles y casas, más algún que otro palo, uno de los cuales dio en la espalda de Pedro Sánchez, quien inmediatamente abandonó el lugar rodeado de sus guardaespaldas.
Los reyes se quedaron. Alguno afirma que no debieron ir allá. Se equivocan. Es a esa población sobre todo a donde había que haber ido.
Y otros añaden que tendrían que haber escapado. Vuelven a equivocarse. Debían de quedarse, y se quedaron. Rodeados de la gente.
Se sabe que los servicios de seguridad de Zarzuela recomendaron abandonar la zona y don Felipe respondió que de ninguna manera.
Y entonces se produjeron esas escenas que difícilmente se borrarán de la retina de los españoles. La imagen de los reyes embarrados. De Felipe VI rechazando el paraguas con el que pretendían librarle de los lanzamientos y hablando con el personal, dando la cara, intentando calmarles, escuchándoles, aguantando. Y abrazando a los afectados.
De doña Letizia alcanzada en la nariz por el barro. Se lo quitó, y siguió con la gente. Fue entonces cuando escuchó ese grito: “Reina, por ustedes no es. Por ustedes no es, señora”. Y después se abrazó a algunas de las mujeres afectadas, mientras se quitaba las lágrimas.
“Cómo no van a sentirse así. Cómo no van a estar cabreados”, se ha escuchado decir a la reina Letizia. Y después, abrazando a una mujer, repetía: "Lo siento. Lo siento. Lo siento".
Los reyes, embarrados y bien embarrados, se han ganado el sueldo.
Y se han ganado a muchos, muchísimos españoles. Incluidos lo que se confiesan nada monárquicos, que destacan el valor demostrado. Según uno de ellos, “lo de quitar el paraguas y dar la cara descubierta y jugarse la vida (porque le podía haber caído una pedrada en la cabeza) me ha ganado”.
Cerca de la gente, escuchando, confortando... haciendo lo que podían. Sobre todo, acompañando.
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