Los 3 radares de la DGT más vandalizados en Madrid

Los radares de la DGT en Madrid sufren ataques constantes que los dejan fuera de servicio y disparan los costes de reparación. ¿Te imaginas que los reparan y al día siguiente vuelven a destrozarlos?

Este fenómeno preocupa porque no solo genera un gasto económico superior a 200.000 euros, sino que también pone en riesgo la seguridad en carreteras con alta siniestralidad. Te contamos dónde y cómo ocurre.

Radares de la DGT en Madrid vandalizados y dañados que afectan la seguridad vial y aumentan los costos de reparación

Los radares más atacados en Madrid y sus métodos de vandalismo

Los puntos calientes: M-607 y M-505

El radar con récord de ataques está en la M-607, cerca del kilómetro 20,700, en sentido Colmenar Viejo. Esa cabina, oculta entre la vegetación y con límite de velocidad reducido a 80 km/h, ha sufrido desde cristales rotos hasta la introducción de postes de señalización en su interior. Los reparan y al día siguiente lo vuelven a destrozar, según la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC).

El segundo foco de vandalismo se sitúa en la M-505, entre Galapagar y El Escorial, donde un radar de tramo instalado en 2024 fue atacado antes de su puesta en marcha. Aquí, la velocidad está limitada a 50 km/h por la peligrosidad de las curvas, pero las pedradas y daños a las cámaras infrarrojas han dejado el dispositivo fuera de servicio desde entonces.

Métodos de sabotaje que impiden la vigilancia

Las técnicas empleadas para inutilizar los radares no dejan dudas sobre la intención: pintura blanca para cegar las cámaras, cristales destrozados a golpes o pedradas, y hasta objetos colocados dentro de las cabinas. ¿Te imaginas que alguien se tome tantas molestias? Pues aquí está pasando.

Estos ataques no solo son un fastidio, sino que comprometen la capacidad de controlar la velocidad en tramos peligrosos, aumentando el riesgo para todos los usuarios.

El impacto económico y de seguridad vial detrás de los sabotajes

Una inversión costosa y sensible

Detrás de cada radar hay una inversión considerable: un radar fijo cuesta alrededor de 70.000 euros y uno de tramo, unos 80.000 euros. Incorporan tecnología láser, sistemas de comunicación y ordenadores que calculan velocidades en tiempo real, no son simples cámaras.

Cuando son vandalizados, hay que sumar el gasto en reparaciones y la pérdida temporal de vigilancia de zonas especialmente peligrosas, lo que no tiene precio en términos de seguridad.

La seguridad vial en juego

Desde que se implantó el primer plan de radares en 2005, la siniestralidad mortal en carretera ha caído un 75%. Sin embargo, la velocidad inadecuada sigue siendo factor en el 24% de accidentes mortales, con 307 víctimas en 2024.

Por eso, destruir estos dispositivos no es solo un problema económico, sino una amenaza directa a la vida de todos en la carretera.

Respuesta legal y acciones para frenar el vandalismo

Consecuencias penales y vigilancia intensificada

El vandalismo contra radares está tipificado como delito según los artículos 263 a 267 del Código Penal. Los responsables pueden enfrentarse a penas de prisión de uno a tres años y multas económicas, además de tener que costear las reparaciones.

Ante esta escalada de daños, la Guardia Civil de Tráfico ha intensificado la vigilancia en los puntos conflictivos para identificar a los responsables, que parecen actuar de forma aislada y no como grupo organizado.

La DGT insiste en la función de los radares

Desde la DGT recuerdan que estos dispositivos no buscan recaudar, sino proteger vidas. ¿No te parece lógico que los conductores respeten esas normas cuando la seguridad está en juego?

Cada radar vandalizado es un riesgo añadido para todos, y la tendencia creciente de ataques —con un aumento del 62% en España en los últimos años— obliga a buscar soluciones firmes y efectivas.

La realidad es que estos ataques tienen consecuencias directas: más gastos públicos y menos seguridad en carreteras que ya de por sí son peligrosas.