Opinión

Un sano complejo de crema

Empieza el curso. Volvemos a nuestras ocupaciones habituales. Cabe renovarse. Con tantas dificultades ¿se podrá encontrar satisfacción en el trabajo?

Me contaba un psiquiatra que una paciente se fue a vivir fuera de Madrid. Buscaron un médico en su nueva ciudad y tras varios intentos fallidos prefirió venir a Madrid cada cierto tiempo. Le explicó: "tú no lo entenderás, pero un psiquiatra es como una crema para una mujer, cuando encuentras la que te va bien, es mejor no cambiar".

Al principio no le cayó bien que le compararan con una crema. Luego reflexionó que si estaba ahí sentado para servir, qué mejor que ser considerado una crema para mujer por una mujer. Servicio total. Justo lo que ella necesitaba.

Me acordé de una conversación con otro profesional. Finales de julio. Calor. Caos en el tráfico de Madrid: pitidos, malos gestos, personas tensas. Me subo a un taxi. Hablo con el conductor y padezco con él. "Es que ser taxista es muy duro". Y me devuelve una lección magistral a pie de obra. "Si tienes vocación, no". ¿Cómo?

"Sí, mi vocación profesional es de taxista. Es cansado sí y me encanta servir al cliente, llevarle lo más rápido que pueda, escucharle si quiere hablar, ir viendo todo lo que pasa por Madrid. Es como viajar por el mundo sin salir del coche". Vocación de taxista.

Con los planes universitarios de Bolonia podríamos incluir una carrera en ese taxi para todos los universitarios. Servir al cliente...¡qué cosas se le ocurren a las personas con vocación profesional!

Puede que el descanso nos haya devuelto gusto por la vida y por nuestro trabajo. Puede que no y que necesitemos buscar una motivación. ¿Podría ser servir a los demás? A lo mejor no estamos en el puesto laboral que deseamos. La vocación de servicio se puede vivir donde queramos. Otra asignatura. Esta de Máster.

Una enfermera ha publicado un libro que recoge los principales lamentos de las personas en los días previos a su muerte. Son los siguientes por orden de frecuencia: tener el valor de vivir como yo quería vivir y no la vida que otros querían para mí; no haber trabajado tanto; tener el valor de expresar lo que sentía; haber estado más en contacto con mis amigos; haberme permitido ser más feliz.

Solo se puede vivir una vez, pero hay muchas formas de vivir. Tú sabes cómo hacerlo en tu trabajo. Si tienes un para quién, podrás encontrar el cómo y darle lo que necesita. Si siembras así recogerás alegría y satisfacción personal.

 

Vacaciones. Pista de tenis pública. Tierra batida. Voy barriendo las líneas e intentado prepararla para jugar. Llega un empleado. No espera propina. "¿Me permite que lo haga yo?". Y en la mitad de tiempo hace el doble y con gran perfección. "El secreto está en este dedo, que calibra la altura a la que hay que poner el cepillo".

Se interesa por nuestro juego y nos prepara la pista a conciencia: líneas barridas, regada en su punto, distribuye la arena para que el bote sea uniforme. Se lo agradecemos. "Si es que a mí me gusta que cuidemos las cosas y que puedan jugar bien". Un dedo de calidad, sí señor. Un servicio de primera. Un ace a la mediocridad.

Cuando enciendes una vela sabes que la luz durará un tiempo determinado. Si preparas una comida eres consciente de que se la van a comer y desaparecerá. A lo mejor consideras que por esa fugacidad de la luz o de la comida no vale la pena el esfuerzo. En cualquier caso tendrás la satisfacción de que en ese instante sirvió.

Si de cada instante de trabajo haces un acontecimiento de servicio valdrá la pena para ti, te sentirás satisfecho, lleno de tu acción. Como el taxista, el de la pista de tenis o el "psiquiatra crema".

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