Por la boca… La cogobernanza es la desvergüenza de Sánchez

Sánchez se inventa ahora la cogobernanza del lodo, del barro, del fango y de los cadáveres de Valencia. Y con la cogobernanza se inventa la total responsabilidad de Mazón, antes de la DANA, en la DANA y después de la DANA y también se inventa eso de su nula responsabilidad en todo lo que pasó, está pasando y pasará, porque él ya dijo lo que tenía que decir mientras escapaba a la carrera de los escobazos de Paiporta. “Si necesitan algo que lo pidan”.

Calvo, allá por 2021 -cuando se sentaba a la izquierda de Sánchez- dijo con palabra profética, digna de todo encomio: “La cogobernanza significa apertura, participación, corresponsabilidad, eficiencia y coherencia y ha venido para quedarse”. Una santa, que diría aquel  genio que se llamaba Luís Sánchez Polak y atendía por “Tip”. 

Lo de la cogobernanza fue un invento de la facundia sanchista de Sánchez (no es redundancia) para quitarse de en medio en lo de la pandemia y echar la responsabilidad de lo que estaba ocurriendo, encima de las Comunidades Autónomas y, fundamentalmente, de los presidentes de Autonomías que pertenecían al Partido Popular, mientras sacaba en televisión, entre homilía y homilía, a Illa ese gran gestor y a Simón aquel experto que santa memoria halla.

Sánchez es muy de inventos. Se ha inventado a sí mismo como político y hasta como gobernante; se ha inventado un gobierno sin ganar las elecciones; ha inventado una coalición con comunistas y separatistas, escasitos de votos y de escaños; se inventa viajes para no dar la cara en España; inventa expertos de todas las ramas y hasta los sienta en la mesa de reuniones esa que tiene en La Moncloa; se inventó la resurrección de Puigdemont, la inocencia de Junqueras y hasta la de Otegui; se ha inventado una presidenta de las Cortes, un Tribunal Constitucional, una fiscalía del Estado e incluso un Consejo de la televisión pública; se ha inventado una directora de máster sin título universitario, un hermano “operanauta”, un empresario demasiado avispado y bullidor por despachos oficiales y hasta un estrechísimo colaborador y mayordomo político -que lo fue durante muchos años- que se ahoga entre sospechas, imputaciones y esperas aeroportuarias venezolanas; y ya, en el colmo de las invenciones, se ha inventado a Montero, a Marlaska, a Bolaños y hasta a Puente, que ya es inventar.

Y ahora se inventa la cogobernanza del lodo, del barro, del fango y de los cadáveres de Valencia. Y con la cogobernanza se inventa la total responsabilidad de Mazón, antes de la DANA, en la DANA y después de la DANA y también se inventa eso de su nula responsabilidad en todo lo que pasó, está pasando y pasará, porque él ya dijo lo que tenía que decir mientras escapaba a la carrera de los escobazos de Paiporta. “Si necesitan algo que lo pidan”.

Y se inventa miles de millones de euros para los damnificados que, además de que parece que los saca de su bolsillo, van a pagar en su mayoría los seguros y los bancos que prestarán a los que todo lo han perdido y que tendrán que devolverlos.

No hay un colectivo, una profesión, un grupo social, un colegio profesional, una clase social, una agrupación, una corporación, una peña, una camarilla, una especie, un clan y hasta una reunión de vecinos, en la que existan más ineptos, más ineficaces, más incapaces y más inútiles por metro cuadrado que en la clase política (y eso sin contar los corruptos).

Dice Guerra que “los españoles no somos buenos haciendo la selección de gobernantes”. Y -dejando aparte tiempos pasados- lleva toda la razón, pero es lo que hay y la partitocracia inmisericorde que se vive en España, no deja mucho margen de elección en las listas que ofrecen a los votantes. Es lo que hay o lo que algunos más que interesados, quieren que haya.

Pero dada esa densidad de estultos entre los políticos los errores o las ausencias de Mazón y de sus consejeros, no ocultan ni hacen desaparecer las responsabilidades, gravísimas, de Sánchez y de los de sus alrededores, aunque se les intente exportar a Europa. Poca autoridad moral y política tiene Sánchez -por sí o a través de sus edecanes- para pedir dimisiones, si antes no dimite él.

El culpable de la falta de coordinación, de las cacicadas apartando de las operaciones más decisivas y en momentos dramáticos a militares de alta graduación y con atribuciones de primerísima magnitud, de la ausencia de los supuestamente tenedores del poder en instituciones de primera magnitud dependientes de él, del caos y de la confusión que aún reinan en las zonas afectadas, es Sánchez y su cogobernanza.

Cuando Sánchez huye y mira para otro lado y deja la responsabilidad a la Autonomía valenciana, amparándose en una supuesta unidad, en una ilusoria eficacia, en un más que risible respeto institucional y en una imaginaria responsabilidad, está -pura y simplemente- inmerso en una flagrante dejación de funciones, figura perfectamente definida, tipificada y sancionada jurídicamente.

Por eso las manifestaciones, las que sean, tienen justificación en la rabia, el desamparo, el desconsuelo y la desesperación de quienes han perdido todo, además de contar a seres queridos entre los fallecidos, pero no se puede buscar en esas manifestaciones -mejor o peor intencionadas, con unos intereses u otros- los tres pies del gato de las responsabilidades políticas que están fundamentalmente en quien, no solamente se inventó lo de la cogobernanza, sino que además se refugia en ella para ocultar su propia maldad, su evidente inutilidad y la pone al servicio de sus intereses electorales.

La carcajada… Dice Pumpido (sí, sí, Pumpido, el mismísimo Pumpido o sea Pumpido): “Los jueces y magistrados deben respetar el imperio de la ley y al mismo tiempo están obligados a no ingerirse en el funcionamiento de los demás poderes del Estado,es respetando públicamente las resoluciones de los representantes de dichos poderes”.