Por la boca… Cuando Bernabéu “echó” a Di Stéfano del Madrid

Estadio Santiago Bernabéu. Foto: Europa Press.

El propio Xavi Alonso se ha atado las manos. Si Vinicius es titular indiscutible, su autoridad como entrenador después de que un jugador cuestionara sus decisiones de mala manera y en pleno estadio, queda muy deteriorada y que, simplemente, con una ridícula retahíla de disculpas, haya quedado zanjado el asunto, no soluciona el problema. Si Vinicius no juega o no sale de principio o es cambiado, siempre será una “represalia” del entrenador.

El Madrid perdió en Bruselas frente al Inter de Milán, la final de la sexta Copa de Europa, tras haber ganado cinco de forma consecutiva. Las diferencias, que ya venían de atrás, entre el entrenador Miguel Muñoz y Alfredo Di Stéfano, sobre la situación en el campo de Isidro, que jugaba de lateral derecho, eran evidentes para los aficionados y por supuesto para la plantilla. Tras la derrota, y ya en el vestuario, Di Stéfano levantó la voz y reprochó el fracaso a todo el que se le ponía por delante, incluido el entrenador.

Santiago Bernabéu, bajó al vestuario, impuso el silencio y aseguró a uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia -que había llevado al Real Madrid a lo más alto del mundo del fútbol- que no volvería a jugar con la camiseta blanca.

Di Stéfano, de no muy buenas formas, se marchó al Español de Barcelona y solamente volvió como jugador para un merecidísimo partido de homenaje.

Se trataba del mejor jugador de la historia del Real Madrid, con una trayectoria aún no igualada por nadie. 396 partidos jugados, 308 goles, cinco Copas de Europa, ocho Ligas, una Copa de España, una Copa Intercontinental, dos Copas Latinas, dos Balones de Oro y lo que es más importante, líder indiscutible, durante once años, en una plantilla en la que estaban Gento, Puskas, Rial, Kopa, Didí, Santamaría, Molowny, Del Sol, Lesmes, Zárraga, Marquitos, Miguel Muñoz y un etc. de grandísimos jugadores que respetaban y, en el campo, seguían y admiraban a la Saeta Rubia.

Pues con todo, acabó don Santiago Bernabéu, sin temblarle el pulso y de un plumazo, porque no toleró unos modales destemplados en una discusión más o menos acalorada, dentro del vestuario, a puerta cerrada y lejos de las miradas de la afición, protagonizada por quién era su ojito derecho y el gran fichaje de su trayectoria y de su gestión como presidente del Real Madrid. 

Nada que ver -por parte de unos y de otros- con el caso Vinicius.

Lo de Vinicius no es lo que ocurrió en el estadio Bernabéu en el partido contra el Barcelona, ni siquiera una supuesta mala relación con Alonso. Desde que llegó al Madrid, todo han sido enfrentamientos, malas caras, desplantes al público, provocando la inquina de todas las aficiones y en todos los campos en los que juega. Y no será la última, porque el brasileño viene así de fábrica.

Sin entrar en aspectos deportivos o técnicos, es difícil etiquetar a Vinicius de imprescindible en el Real Madrid cuando, en el equipo,  juegan Courtois, Tchouameni, Bellinghan, Güler, Militão, Rüdiger o Mbappé…

Un futbolista que provoca el enfado de sus compañeros, incluidos los más tranquilos, como ocurrió en su encontronazo -por supuesto silenciado- con Modric y que tira por la borda, en todos los campos de España el prestigio y la forma de comportarse del Real Madrid, no puede continuar en el club como si no pasara nada. 

Un profesional que va de defensor de su raza y que todos sus problemas los centra en que le insultan debido al color de su piel -cuando en el Madrid militan y juegan cada domingo el mayor número de jugadores de color de su historia, sin que nadie les insulte ni les ofenda en ningún sentido- se descalifica por sí solo con sus protestas y sus quejas. 

El propio Xavi Alonso se ha atado las manos. Si Vinicius es titular indiscutible un partido tras otro, su autoridad como entrenador -después de que un jugador cuestionara sus decisiones de mala manera y en pleno estadio- queda muy deteriorada y, que simplemente, con una ridícula retahíla de disculpas, haya quedado zanjado el asunto, no soluciona el problema. Si Vinicius no juega o no sale de principio o es cambiado, siempre será una “represalia” del entrenador.

Que, tras el último incidente, gravísimo, se limitara a pedir un perdón ridículo y que, al parecer, haya sido perdonado por sus compañeros, por el entrenador y hasta por los dirigentes, no es de recibo y siembra demasiadas interrogantes sobre la marcha del club y el “poder” de un futbolista.

Ni Vinicius es -ni lo será nunca- Alfredo Di Stéfano, ni el Real Madrid, incluidos los despachos, es el que presidía Don Santiago Bernabéu.

Por muchas camisetas que se vendan, la dignidad de un club como el Real Madrid no está en los besos al escudo.

La carcajada… La pubalgia de Yamal es de quita y pon. De quita cuando tiene que jugar con el Barcelona y de pon cuando es convocado para la Selección Nacional de España.