Por la boca… Los mítines de Montero: “mopongo” y “sopone”
Si es censurable que los candidatos que va colocando Sánchez en las autonomías, sigan siendo “ocupadores” de la mesa ovalada de La Moncloa y se beneficien del puesto que tienen allí, para hacer campaña en las adjudicaciones dediles que tienen aquí, el que se aprovechen de los mítines de esas campañas, para pregonar las maravillas conseguidas en la mesa ovalada que encabeza Sánchez en La Moncloa, resulta políticamente inmoral.
“Mopongo”, podría ser el nombre de uno de esos porteadores que llevaba, de safari en safari, Clark Gable en “Mogambo”, mientras hacía arrumacos simultáneos a Grace Kelly y a Ava Gardner.
“Sopone” suena a nombre de mafioso siciliano o a personaje de Vittorio De Sica en alguna de sus “Pan, amor y…”
Pues no.
“Mopongo” es una gracieta de las que expele Montero en los mítines de fin de semana y que escancia (dicho sea lo de escanciar sin doble intención) en Andalucía, con eso de que es la candidata que ha puesto Sánchez, y aprovecha para viajar en calidad de segunda de la mesa ovalada de La Moncloa, también colocada por Sánchez.
”Sopone” es el ejercicio que pactica Montero con medio mundo al que se opone por definición. Y “sopone” a la bajada de impuestos en Madrid; y “sopone” a los jueces; y “sopone” a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que consagra, como principio jurídico fundamental en cualquier democracia, la presunción de inocencia; y “sopone” a las universidades privadas; y “sopone” a los que denomina poderosos y a los que son famosos y a todo lo que se mueve y que la parece mal o poco progre; y “sopone” a Díaz como “soponía” a Calviño; y “sopone” a Trump y a Putin; y “sopone” a la oposición; y “sopone” a Montesquieu, aunque no sepa quién es, ni lo qué decía sobre la separación de poderes.
Y “sopondría” a más cosas o a más personas y a más instituci9ones democráticas, pero -con los muchos encargos de Sánchez que acumula- apenas tiene tiempo.
Ya lo dijo Juan Belmonte, las cosas y las personas degeneran sobre todo cuando se dedican a la política y hasta pueden degenerar los barrios-aunque la maravilla de Triana nunca podrá ser cautiva de la degradación- pero si es presa de la “soponización” de Montero, que se ha criado en Triana, al igual que se criaron o nacieron allí, Velázquez, Machado, Ana María Matute, Camarón, Paco de Lucía o Carmen Sevilla, entre otros primeros espadas. Y hay trianeros que -a la vista de los “mopongo” y de los “sopone” de Montero- trasponen lo de “El pasmo de Triana” de Juan Belmonte, y dicen que Triana y los trianeros están pasmados de lo degenerativo que puede llegar a ser lo que sale de la orilla aquella del Guadalquivir para dedicarse, primero a organizar hospitales y después la hacienda pública.
Si es censurable que los candidatos que va colocando Sánchez en las autonomías, sigan siendo ocupadores de la mesa ovalada de La Moncloa y se beneficien del puesto que tienen allí, para hacer campaña en las adjudicaciones dediles que tienen aquí el que se aprovechen de los mítines de esas campañas, para pregonar las maravillas conseguidas en la mesa ovalada que encabeza Sánchez en La Moncloa, resulta políticamente inmoral.
Pero aunque ni Alegría ni Morant ni López (este tío nos va a llevar al desastre) guardan las formas lo más mínimo, en la doble ocupación que les ha encargado Sánchez, los mítines de Montero sobrepasan cualquier previsión en relación a la degeneración.
Si a sus discursos mitineros se les quita el sonido y, en su lugar, se ponen las peroratas de Estrellita Castro, en alguna película en blanco y negro en las que se enfada y regaña con el jefe del cortijo en el que trabaja, la diferencia no se advierte, a no ser por el caracolillo en la frente que todavía no luce Montero.
La carcajada: Proliferan por toda Andalucía y preferentemente por Triana, las apuestas sobre los minutos que permanecerá Montero en la oposición del Parlamento Andaluz, cuando pierda las elecciones y vaya a San Telmo solamente, en alguna visita guiada.