Por la boca… Mucho de ultraderecha y nada de ultraizquierda
Mientras se lanzan venablos dialécticos siempre que se vislumbra la posibilidad de una alianza de la derecha con la ultraderecha, se silencian las alianzas de, por ejemplo, Sánchez, en su andadura con la ultraizquierda de Sumar, con los comunistas que tiene en sus cercanías y con las ultraizquierdas y ultraderechas nacionalistas y proetarras.
Ahora que se habla tanto del relato y con tan farragosos razonamientos, sería bueno examinar el uso que se hace de palabras y términos por parte de los políticos. Entre otras razones porque siempre es un uso interesado porque pretende desviar atenciones, equivocar decisiones y manipular realidades. Y se habla poco de expresiones reiteradas, sesgadas, manipuladoras y engañosas, sobre la ultraderecha
Lo que está ocurriendo con los términos ultraderecha y ultraizquierda es muy significativo. Cuando se habla de alianzas o de apoyos para gobernar, bien sea a nivel nacional autonómico o municipal, siempre se critican y hasta parece que se prohíben, las posibles alianzas de la derecha con la llamada ultraderecha, mientras que se pasa por alto y apenas se mencionan, las alianzas, en este caso reales y consumadas, de la izquierda con la ultraizquierda.
Mientras se lanzan venablos dialécticos siempre que se vislumbra la posibilidad de una alianza de la derecha con la ultraderecha, se silencian las alianzas de, por ejemplo, Sánchez, en su andadura con la ultraizquierda de Sumar, con los comunistas que tiene en sus cercanías y con las ultraizquierdas y ultraderechas nacionalistas y proetarras.
Esos acuerdos para llegar al poder y permanecer en él, acuerdos reales que tienen plena vigencia por más que se quieran airear hipotéticas diferencias, gozan de todas las bendiciones de cara a la opinión pública, mientras que, la simple posibilidad de esas mismas alianzas en el ámbito de la derecha, son condenadas de antemano calificándolas como la muerte de la democracia y contra las que hay que lucha a brazo partido.
En España, el único país de la Europa democrática que sienta en las más altas poltronas a individuos declaradamente comunistas, se persiguen posibles alianzas entre partidos legales y se enfatizan hasta la saciedad los peligros de la ultraderecha.
La alianza de Sánchez con el comunismo es un “gobierno de izquierda progresista” mientras que, si al Partido Popular se le ocurre o contempla la más mínima posibilidad de aliarse con Vox, se trata de un regreso insoportable e intolerable a la más abyecta de las dictaduras y pone en peligro la democracia. Y todo eso en un país, en el que se gobierna con comunistas.
No se trata de dos varas de medir. Solamente hay una vara que juzga y califica coaliciones y alianzas, no ya en virtud de ideologías sino, lo que es peor, atendiendo a intereses personales: la vara de Sánchez y sus corifeos.
Y si es palmaria la hipocresía de Sánchez -aliado con la ultraizquierda mientras estigmatiza posibles coaliciones de la derecha- no es menos evidente la pasividad de la derecha que asume esos planteamientos y se enfrenta e intenta evitar situaciones que, de por sí, son perfectamente legales y democráticas.
Al menos tanto como las coaliciones de Sánchez con la ultraizquierda.
La carcajada… Dice Armengol a sus correligionarios de Baleares: “Van a por nosotros. Un ataque desmedido, motivado por la envidia hacia un gobierno progresista. Pero nosotros tenemos la fuerza. El futuro no está escrito, lo escribimos nosotros”.
Lo de la envidia, a la vista de la situación por la que atraviesan los socialistas, resulta algo pretencioso y en lo de escribir el futuro, de momento, Armengol, lo intenta desde la Mesa del Congreso, a base de cacicadas.