Por la boca… Ni tan listo, ni tan guapo, ni tan alto

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habla por el teléfono en un pleno del Congreso de los Diputados (Firma: Alberto Ortega / Europa Press).

Como mucho, Sánchez es un listillo, un pícaro de la política. Es el que logra los peores resultados de su partido en unas elecciones generales y cosecha el menor número de escaños en la historia reciente del socialismo; quien va de derrota en derrota en Madrid, en Andalucía, en Aragón, en Extremadura… quien no tiene el menor prestigio internacional; a quien no convocan los lideres mundiales a reuniones importantes; el que consigue que su gestión económica sea una ruina y además no logra camuflar una sola de las querellas por corrupción que proliferan a su alrededor… es todo, menos listo.

Está de moda hablar del relato, de cómo cada político y cada partido consiguen, con mayor o menor fortuna, que se hable de lo que ellos quieren y cómo ellos quieren; se esgrimen argumentos como el de las cortinas de humo que ocultan casos y situaciones graves y hasta se valoran esas actuaciones como si fueran auténticos hitos de la estrategia política.

Y en ese contexto, no son pocos los que hablan de Sánchez como un experto en eso del relato y en lo de las cortinas de humo y en dirigir la opinión pública según sus intereses. Siempre se elucubra sobre lo que Sánchez estará urdiendo y maquinando, cuáles serán sus próximos pasos y se profetizan las maldades que llegarán de su mano. 

Pues no es así. Sánchez está en el día a día y en el plazo cortísimo, por la sencilla razón de que su único objetivo es la permanencia y conseguir, desde esa permanencia, capear el temporal judicial que tiene encima y que le rodea por todas partes. Además, cada día que pasa, tiene más prisa y se le hace más urgente, planificar su futuro personal que, si no es incierto, engendra dudas, el primero, a él mismo.

Sánchez es un gran fracasado de la política cuyo único logro es el beneficio propio de dormir en La Moncloa y gozar, por el tiempo que pueda, de las prebendas que supone estar dónde está.

Un desahogado que, según la RAE, en una de las definiciones que da al término, es una persona “descarada y desvergonzada”. Por ejemplo, cuando en pleno mitin, Sánchez se ríe de forma grosera y chabacana, descarada y desvergonzada, porque un adversario ha equivocado o ha pronunciado mal una palabra o cuando dice que va a regenerar moralmente a Europa. Puro desahogo de un desahogado.

Porque Sánchez no puede exhibir un solo hecho destacable y positivo en su gestión. Ni en política de partido, ni en el mundo de la diplomacia, ni en la economía, ni en los avances sociales, ni en el acierto al nombrar colaboradores, ni en la simpatía que pueda despertar en los ciudadanos, ni en la gestión de catástrofes, ni en la vivienda, ni en los salarios, ni en la administración de los dineros llegados de Europa… Incapaz de aprobar, o de que le aprueben, unos presupuestos.

Sánchez no es ni tan listo, ni tan guapo, ni tan alto.

Como mucho, Sánchez es un listillo, un pícaro de la política, un malversador de la cosa pública. 

Sánchez es el que logra los peores resultados de su partido en unas elecciones generales y cosecha el menor número de escaños en la historia reciente del socialismo; quien va de derrota en derrota en Madrid, en Andalucía, en Aragón, en Extremadura… quien no tiene el menor prestigio internacional; a quien no convocan los lideres mundiales a reuniones importantes; el que consigue que su gestión económica sea una ruina y además, no logra camuflar una sola de las querellas por corrupción que proliferan a su alrededor. Sánchez es todo menos listo.

Lo de las cortinas de humo es otro fiasco de Sánchez, porque en el momento en el que todo el mundo habla de esos intentos de camuflaje y señala las acciones que Sánchez pone en marcha, las iniciativas que propone y las memeces que se le ocurren, pierden toda su eficacia para tapar o esconder nada. 

El humo de Sánchez, en cuestión de cortinas, es mucho menos eficaz en las que esconden urnas y tras las que se votaba en Ferraz.

Sánchez es incapaz de añadir un solo voto a sus filas y se muestra muy capaz para despilfarrar lo que su partido tenía cuando él llegó a Ferraz.

 A Sánchez solamente le siguen votando los que venían así de fábrica que son, entre otras cosas, los rescoldos del rencor y de los residuos de una guerra civil desafortunada para sus filas.

La carcajada… Monedero e Iglesias, vuelven de profesores a la Facultad de Políticas de la Complutense.

O sea, como Tierno Galván, Díez del Corral, Martínez Cortiña, Garrido Falla, Lissarrague, Fuentes Quintana, Pérez Bustamante, San Pedro, Garagorri, Jiménez de Asúa, Terán, Giner, Maravall, Ollero…

Hay que volver a parafrasear a Juan Belmonte: DEGENERANDO.