Universidades privadas: dato mata relato

Universidad Francisco de Vitoria.

La estadística oficial de Universidades, Centros y Titulaciones (EUCT) recién publicada confirma una tendencia que apenas asoma a los titulares: en los últimos nueve años la oferta de grados en las universidades privadas ha crecido un 57%, mientras la de las públicas lo ha hecho un 26%. Solo este curso 2024/2025 se han ofrecido 4.475 titulaciones y el salto global es del 35%. Entre las novedades brillan una docena de programas de inteligencia artificial, datos y robótica.

La velocidad de reacción explica el fenómeno. Ingeniería en Sistemas de IA en la UFV o Matemática e IA en Comillas son grados que nacieron antes que la primera ley española sobre algoritmos. Lo mismo ocurre con Biomedicina, Ciberseguridad o Economía Digital: disciplinas donde las empresas demandan perfiles híbridos y los campus privados se mueven con agilidad.

La expansión continúa en el posgrado. Desde 2015 las universidades públicas han reducido su catálogo de másteres un 6,5%, mientras las privadas lo incrementaron un 66%. Resultado: por primera vez la mitad de los nuevos titulados de máster procede del sector privado.

¿Se traduce la cantidad en calidad? Va en respuesta a algunos cargos ministeriales. Dato mata relato: El Informe CYD 2024 responde que sí: los egresados de privadas disfrutan de una base media de cotización anual 3.426€ superior y de mayor proporción de contratos indefinidos. La razón no es misteriosa: cátedras mixtas, prácticas en empresas y aulas tecnológicas conectan teoría y mercado.

La innovación docente va pareja. “La IA es una herramienta que debemos aprovechar en beneficio de la formación, siempre que se use con responsabilidad”, recuerda Rosa Visiedo, rectora del CEU San Pablo. Entre los ejemplos de agilidad privada destaca la Universidad de Navarra, que estrenó ya en 2023 un Grado en Ingeniería de Computación e IA. Además, su instituto DATAI conecta a ingenieros, médicos y juristas para aplicar la inteligencia artificial a problemas reales.

En varios campus ya funcionan tutores digitales que liberan horas en favor de la mentoría personal, mientras los laboratorios creados con start-ups impulsan la investigación aplicada.

Tampoco compiten en soledad. La alta presión de demanda demuestra que ambos sistemas hacen falta: las públicas aseguran accesibilidad y músculo investigador; las privadas aportan rapidez y diversificación.

Necesitamos, por tanto, un ecosistema de vasos comunicantes, no trincheras. Ni quien las propicie. No habrá excelencia sin cooperación. Las privadas ya han dejado claro que suman, no restan. De nosotros depende aprovechar esa suma en beneficio del país.

A ver si los responsables políticos hacen gala de esa responsabilidad: de la que se deduce de su nombre. Y suman. No restan. Ni dividen. Todos sabemos que es más fácil destruir que construir, pero no hay que jugar con las cosas de comer. 

José Iribas Sánchez de Boado

Director de RRII de CampusHome y ex consejero de Educación de Navarra