La incoherencia moral de la izquierda con Palestina
En política a menudo se producen contradicciones provocadas por militancia o por inercia ideológica. Pero pocas resultan tan clamorosas como el apoyo acrítico de buena parte de la izquierda europea a la “causa palestina”, incluso cuando el poder real en Gaza está en manos de Hamas, una organización reconocida como terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido. El problema no es solo geopolítico, es moral. Porque los mismos que en Europa agitan banderas feministas o arcoíris, aplauden a quienes allí persiguen a mujeres y a homosexuales. Una incoherencia que desnuda el doble rasero con el que la izquierda internacional mide todo lo relacionado con Israel.
En Gaza siguen vigentes normas heredadas del Mandato Británico que castigan las relaciones entre hombres con hasta diez años de cárcel. A eso se suma la persecución policial y social documentada por organizaciones de derechos humanos contra activistas LGTBQ+. Mientras aquí se presume de Orgullo, en Gaza ser homosexual es delito y supone jugarse la vida. Pero de eso la izquierda no quiere ni oír hablar.
Lo mismo ocurre con los derechos de la mujer. En Gaza y en Cisjordania persisten marcos legales y religiosos que las discriminan en cuestiones tan básicas como matrimonio, custodia o herencias. Durante años, incluso existió la aberración legal que permitía a un violador librarse de condena si se casaba con su víctima. Solo la presión internacional logró su derogación. Aquí no toleramos ni un paso atrás. Pero cuando hablamos de allí, los mismos que se envuelven en la bandera morada miran hacia otro lado. Absolutamente repulsivo.
La represión tampoco se limita a estos ámbitos. Hamas reprime manifestaciones, detiene a opositores y persigue a periodistas. Freedom House califica a Gaza como “no libre” y los informes de organizaciones internacionales son contundentes: estamos ante un territorio donde la disidencia se paga cara y la libertad apenas existe.
Se puede y se debe defender la vida de los civiles palestinos. Se puede y se debe exigir respeto al derecho internacional en cualquier conflicto. Pero otra cosa es blanquear a Hamas y convertirlo en sujeto político progresista. Eso no es solidaridad, es un oxímoron moral. Hamas reprime, persigue, discrimina y mata. Y, aun así, la izquierda europea se aferra a un relato que traiciona sus propios valores.
La poca izquierda coherente que nos quede debería negarse a seguir abrazando un discurso que no resiste la mínima prueba de consistencia. Porque todo lo demás, es postureo de pancarta. Postureo que aquí se traduce en eslóganes. Pero que allí se paga con cárcel, persecución o muerte.
Miguel Ángel Rodríguez Caveda es periodista, ganador de tres premios Emmy y presidente de la consultora internacional de comunicación 3AW.