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Dinero

La “inhibición” de Elena Espinosa en el precio del aceite de oliva desata las protestas: “¿la ministra no puede evitar la especulación?”

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Unas declaraciones recientes de la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, han provocado una “gran marejada” en el sector aceitero español. “Las cooperativas y los especuladores –explican algunos empresarios- tienen las riendas del mercado del aceite de oliva”.

Unas declaraciones recientes de la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, han provocado una “gran marejada” en el sector aceitero español. “Las cooperativas y los especuladores —explican algunos empresarios- tienen las riendas del mercado del aceite de oliva”. El pasado martes, la ministra declaró públicamente que el Gobierno no puede intervenir para frenar la escalada del precio del aceite de oliva, ya que sería —alegó- “interferir” en negociaciones de sectores privados. Según ha podido saber El Confidencial Digital, la afirmación de la ministra ha sido acogida con enorme malestar en amplios sectores de la clase empresarial implicada en la actividad oleica. Denuncian que Espinosa ha incurrido en una contradicción al hacer compatible su deseo de no intervenir en el mercado con su contrario: Salgado reconoció que el Ejecutivo está trabajando de hecho para evitar que haya almacenamiento de aceite. Expertos del sector aseguran a El Confidencial Digital que el Ministerio de Agricultura soslaya apoyar ciertas medidas, “poco populares de cara al electorado”, pero con las que se pondría freno a la escalada del precio del aceite de oliva. Una de esas “soluciones”, explican los analistas, sería establecer un decreto que imponga por ejemplo que cuando el precio de origen supere los 3,30 €, automáticamente se importe aceite de terceros países. De este modo, el Ministerio lograría “enfriar” los precios del mercado español. Sin embargo, la realidad es otra. Las tarifas del aceite parecen haber quedado en manos de las cooperativas, que “agradecen” al Ministerio las subvenciones de la Unión Europea para los productos excedentarios o que cumplan una función social, mientras “especulan con los precios de forma descarada”. Dicho de otro modo. Según explican algunos empresarios de manera confidencial, el umbral de rentabilidad del aceite de oliva se sitúa en unos 2 euros por kilogramo, lo que significa que todo lo que sea vender por encima de ese precio es ganancia. A lo anterior, hay que sumarle la ayuda europea de casi 1 euro por kilogramo. Al final, los productores se aprovechan de esas subvenciones para acumular el aceite en sus bodegas y venderlo luego al mejor postor. La noticia de que el aceite virgen extra ha superado la barrera de los 3 euros ha sido acogida en el sector en la misma clave, apuntada más arriba: los especuladores parecen empeñados en dar una imagen de fortaleza en los precios. Fue en julio cuando el aceite superó esa cifra que ahora se acerca a los 3,70 euros. Un importe desorbitado si se tiene en cuenta que no hay escasez de producto, pues la previsión de enlace de campaña (aceite de la campaña anterior) se sitúa en las 250.000 tm. Además, las consecuencias de la sequía todavía no han afectado a los olivares, dado que emplean el riego por goteo. Ante esta situación, la demanda interna esta paralizada a la espera de que comience la cosecha de 2005/2006 y baje el precio. Las exportaciones también han bajado cerca del 15% de media respecto al mismo mes de 2004. Al final, dicen los aceiteros españoles, son los italianos los que se benefician de esta situación, ya que Italia es el país que controla el comercio mundial de aceite de oliva y puede pagar más por los graneles. Así, mientras los italianos pueden comercializar botellas de aceite de Jaén con el distintivo de “Made in Italy”, los españoles se convierten en los eternos productores y vendedores de graneles a los italianos. Es así como España renuncia a liderar la comercialización mundial del aceite de oliva español de calidad.