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Familia y economía

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Gary Becker, premio Nobel de Economía en 1992, señalaba que conservar la familia unida es una necesidad esencial porque el hogar es la base de la economía. Que gran verdad, máxime en estas fechas, en las que consecutivamente se están registrando malas noticias, de carácter económico, especialmente en la provincia de Granada. A la ralentización de la construcción y la pérdida del poder adquisitivo de las familias se unen ahora los datos del paro que no han sido precisamente positivos en el mes de abril. Por eso las políticas sociales deben ir a una para concordar la vida del trabajo de la casa y la vida laboral externa, e impedir erosionar más la economía familiar.

Los sociólogos explican con insistencia el valor que las grandes empresas están dando al trabajo en casa: están cada vez más concienciadas con esta armonización necesaria y son ahora más tolerantes respecto a las horas de entrada y salida, la duración de la jornada laboral, el lugar donde se realiza el trabajo, etc. Y esto, claro está, no por razones altruistas, sino por pragmatismo y sentido común, además de por el negocio. Porque saben que cuando no se facilita una conciliación entre la vida profesional y la familiar, al final se está dañando a todos; y, sobre todo, se pone a las mujeres ante la disyuntiva de dejar el trabajo, antes que arriesgarse a perder al marido y a los niños.

Es de Nuria Chinchilla, economista española, la siguiente expresión: "Decir 'yo trabajo para la familia' a veces es un engaño. El trabajo siempre es instrumental, y si te pasas la vida trabajando para comprar una casa, otra casa, otro auto, una lancha y no estás con tus hijos ni con tu mujer o marido, entonces es un engaño''. Creo que acierta plenamente.