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Política

La crónica de un mando de la Guardia Civil del funeral de Fernando Trapero: “Dios mío danos consuelo, que ya no podemos más”

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ETA volvió a matar. Y lo hizo en Francia. Las víctimas fueron dos guardias civiles: Raúl Centeno y Fernando Trapero. Esta es la crónica inédita escrita por un mando de la Guardia Civil tras el funeral por Trapero en Valdemoro: “Dios mío danos consuelo, que ya no podemos más. Que es una prueba demasiado grande, que ya son 207 muertos los que nos han hecho estos canallas en casi 40 años... que esto es una prueba demasiado grande”.

El Confidencial Digital ha tenido acceso a una de las crónicas inéditas del funeral por el guardia asesinado por ETA, Fernando Trapero, en un acto que tuvo lugar en la Academia de guardias jóvenes de Valdemoro, Madrid. Lo cuenta un mando de la Benemérita en primera persona y sus destinatarios son los compañeros que no pudieron estar presentes en el acto.

Este es el texto que ha circulado entre los agentes:

“Fue un día muy gris y muy triste. Frío, como corresponde al otoño tardío de estepa castellana que es Valdemoro. Después de haber velado su cadáver la tarde y noche anterior en la capilla ardiente, que fue instalada en el Salón de Actos, llegó la hora del funeral. Los turnos de escolta del féretro fueron establecidos desde que llegó. Siempre, cada 15 minutos: Un componente del Gao, un Policía Nacional, otro de la Jefatura de Información y un Polilla de la Compañía. Fueron unas horas llenas de pena, de inmensa pena, donde nadie era capaz de encontrar consuelo. Una de las innumerables coronas que acompañaban al féretro era de la Compañía. Los Polillas habían hecho entre ellos, sin que nadie les dijese nada, una colecta y habían recaudado 139 euros que se habían gastado en una sencilla corona que significaba su homenaje a quien entregó lo más valioso que poseía, su propia vida, por España, tal y como había jurado en nuestro Patio apenas tres años antes.

A las 9,30 se reunió a los 125 alumnos de la Compañía en la 'Planilla'. (Aclarar que en este Curso, que acaba en febrero, no hay más que una Compañía de Polillas). Les insuflé ánimos (¡¡yo, qué no tenía consuelo!!). Todos nos juramentamos que el acto, por lo que respecta a nosotros iba a salir impecable. A las 11,00 formación en el Patio del Corralillo. Y a las 11,30, la entrada en el Patio de Armas. Ya estaba lleno. Había incontables micrófonos, cámaras de TV, Unidades móviles y periodistas. La Compañía de Honores, con Escuadra, Banda y Música estaba formada por Secciones. Y a las 11,40 hizo su entrada en el Patio, a los acordes del Himno Nacional y con las armas presentadas...Ella, nuestra Bandera, portada por un Teniente, que ocupó su puesto en formación en el lugar que le concede el Reglamento de Actos y Honores Militares: A la derecha del Capitán. Era Ella, la misma que el Polilla Fernando Trapero había jurado el día 27 de noviembre de 2004 como componente de la 87ª Promoción del Colegio. Se dieron las voces reglamentarias: '¡¡¡A la Bandera, presenten armas!!! - ¡¡¡ Guardias Civiles, Viva España!!!. Constaté que no sólo contestaron desgarradoramente los Alumnos. la Compañía, el reglado ¡Viva!   Más, mucho más de 'medio patio' gritó con nosotros, un VIVA que salía del alma, del corazón, de las conciencias.

A las 12,00 en punto se ordena al Cornetín que toque 'Atención General y firmes'. Entraban en el Patio SS.MM los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias. No hubo Honores Militares porque el verdadero protagonista del día era Fernando Trapero Blázquez. Cuando la Familia Real dio el pésame a los afligidos padres y ocuparon su lugar reservado, al lado del Evangelio, el Cornetín toca 'de frente, paso lento'. Y aparece el féretro portado a hombros de sus compañeros de Promoción. La Banda de Música interpreta la Marcha Fúnebre de Chopin. Y el Patio era un puro sollozo que encogía el alma. El día se volvía más triste y más gris, por momentos. Era el primer día verdaderamente invernal de este otoño casi atípico en Valdemoro. No hubo sol y por tanto tampoco excepciones para pasar más o menos frío según la ubicación de cada uno en el Patio. Todos iguales.

La Santa Misa se desarrolla casi en un suspiro. La homilía del Vicario General Castrense fue preciosa. La entrega de medallas por parte del Rey fue impresionante. Pero más impresionante fue la entrega de esas mismas medallas, del sombrero y de la bandera a esos padres atribulados por parte del Jefe de Información. Los momentos álgidos de la ceremonia se iban acercando casi sin respiro. No me preguntéis de dónde le salió la voz al que dijo ¡¡¡'Guiones y Banderines de la Guardia Civil, rindan homenaje a los que dieron su vida por España'!!! previo a La Muerte No Es El Final. Le salió del fondo del alma, sacó fuerzas de donde no tenía, porque el que lo dijo se iba derrumbando, se sentía tan triste que no paraba de reñir en su interior con Dios ¿Por qué Señor, por qué? ¡¡Les quedaba a los dos TODA la vida por vivir!! Regresa la Banderín de la Compañía del monolito y dice entre dientes: 'No puedo más, no' Y se le dijo de la misma forma ¿Cómo crees que estamos? Aguanta niña. El Abanderado dice 'Estoy llorando paisano' (Ambos somos del mismo lugar de procedencia) y se le contesta: 'A mí no me quedan lágrimas'. Y eso creía, porque cuando empezamos a cantar el Himno del Cuerpo ya no puedo más y me derrumbo. No físicamente, que los viejos Polillas estamos hechos de una madera creo que especial, no. Me derrumbo emocionalmente. Y las lágrimas me afloran por los ojos, me resbalan por las mejillas. Estoy al límite, esto es demasiado. Y llega el momento más difícil, yo me lo temía e incluso lo había pronosticado.

Cuando los Polillas cogen el féretro, me vuelvo y se le ordena al Cornetín: 'Toca presenten y entrada al Himno Nacional' y contesta una voz de 20 años, humilde y sana... que apenas puede contener un profundo sollozo que le sale del alma: 'Si puedo, si puedo...' Y se le contesto, todo ello en voz muy tenue porque estamos en formación: 'Tienes que poder Polilla, él se lo merece'. Suena el Cornetín como si lo tocase el mismo Arcángel San Gabriel. Suena la Marcha Real y entonces, un escalofrío, que nada tenía que ver con la gélida temperatura ambiental, nos sacude a todos cuantos llenamos el Patio. El Comandante Director Músico se pone enfrente de la formación para dirigir la Banda que comienza con los acordes del 'Adiós Polilla' mientras sus compañeros de Promoción, escoltados por la Escuadra de Tapones (ya sabéis, tapones en nuestro argot, Gran Gala oficialmente). Ni memoria ni persona recuerda momento más triste y emotivo. Ya nadie disimulaba ni falta que hacía. 'Adiós Polilla, ya del Colegio te vas...' Impresionante.´Y cuando creíamos que ya no nos quedaban más lágrimas, que nos habíamos quedado secos, resulta que no, que nuestra capacidad de generarlas estaba siendo puesta a prueba.

Miro a mi izquierda y veo al Banderín inconsolable, al Cornetín, detrás llorando como una magdalena y cuando miro al rededor veo que el Abanderado, estaba igual o peor que yo. Mientras canto con el alma. como todos los Polillas que estábamos en el Patio, me fijo en que el Comandante Director Músico, al mismo tiempo que dirigía a la Banda tampoco podía contener sus lágrimas, Creo que todos mirábamos, de forma alternativa, el féretro y el cielo. Porque el consuelo que debía de venir del Cielo ¡¿De dónde si no?¡ tardaba en llegar. 'Adiós Polilla', el impagable regalo que el Maestro Grau hiciera al Colegio hace más de 25 años sonaba más que a canto, a oración. 'Adiós Polilla, no dejes de recordar que España entera puso en ti su confiar...',Adiós Polilla...' , nunca una canción que nació con vocación de marcha tuvo mayor significado emocional en una despedida, un adiós como este para el que no fue compuesta. Son las paradojas de la vida, las cosas no son a veces como nos parecen o como deseamos. Adiós Fernando, descansa en paz y que los que han cometido este crimen tan horrendo y el de tu compañero Raúl no tengan nunca ni el descanso ni el perdón. Ni ellos ni quienes les alientan, les ayudan, les 'comprenden', o los justifican y están dispuestos a pactar con ellos otra cosa distinta que no sea cuándo y dónde entregan las armas para someterse al imperio de la Ley.

Dios mío danos consuelo, que ya no podemos más. Que es una prueba demasiado grande, que ya son 207 muertos los que nos han hecho estos canallas en casi 40 años... que esto es una prueba demasiado grande. Entonces el relator me saca de mi aturdimiento cuando dice 'La Compañía de Honores se retira del Patio'. Se manda derecha y de frente. No suena marcha alguna, tan sólo los tambores. Nadie estaba para fiestas. Nos vamos a la puerta de la Escuela de Especialización. Allí, en la intimidad, despedimos a la Bandera que ha estado tan triste como nosotros, porque 'uno de los nuestros', había cumplido lo que le juró no ha mucho en el Patio: 'Entregar, si preciso fuera, hasta la última gota de su sangre en defensa de la Patria'. Inmediatamente, una de las tres Secciones de la Compañía se embarca en el microbús rumbo a El Tiemblo para asistir al sepelio de Fernando. Allí, en el Cementerio, hermanados todos los Polillas de cualquier edad y condición, por expreso deseo del padre, vuelven a cantar más con el corazón que con la voz, que la mayoría ya tenían rota. 'Adiós Polilla...' Y cuentan los que asistieron, que allí estaba el pueblo entero y que nadie tenía consuelo.

Que Dios te bendiga Fernando, Polilla, discípulo, amigo... Y a nosotros que nos de fuerzas para seguir en esta lucha en la que tantas veces nos sentimos tan solos. Que tu memoria, la de tu compañero, nuestro compañero Raúl Centeno y la de los demás Guardias Civiles que han sido víctimas de tanta maldad a lo largo de tantos años, pervivan entre nosotros por siempre.

Creo que desde que enterré a mi padre, cuando apenas me faltaban tres meses para salir del Colegio, nunca había vivido una mañana tan triste y tan desconsoladora”.