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Política

El helicóptero de Miláns, guardias “en La Moncloa”: anécdotas e incógnitas del 23-F en la presentación de un libro

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Miláns del Bosch salió de prisión para un asunto familiar. El piloto del helicóptero militar que le trasladó fue elegido con mucho cuidado. Lo relató José Bono en la presentación del libro de Oneto sobre el 23-F.

Miláns del Bosch salió de prisión para un asunto familiar. El piloto del helicóptero militar que le trasladó fue elegido con mucho cuidado. Lo relató José Bono en la presentación del libro de Oneto sobre el 23-F. El ministro de Defensa desveló lo que le había contado recientemente un general en activo. Estando Miláns del Bosch en prisión, cumpliendo condena por el intento golpista del 23 F, se le concedió un permiso por un asunto familiar. El traslado se realizó en helicóptero, y el piloto era el hoy general interlocutor de Bono, que le comentó: “El que me encomendó a mí el traslado, sabía bien que yo no le iba a llevar a Portugal”. O sea, que no iba a dejarlo en libertad. Lo explicó el titular de Defensa para argumentar que el golpe fracasó también por los militares de entonces. Porque había miembros del Ejército que eran más sensatos y pacientes que quienes proponían otras actuaciones. El ruido —añadió- no hay que buscarlo en los cuarteles, sino en lo que llega de fuera a los cuarteles. Por cierto que Bono se salió del Consejo de Ministros, antes de terminar la reunión, para poder asistir al acto. La presentación del libro de José Oneto “La historia no contada del 23-F” ofreció algunos perfiles novedosos y anécdotas interesantes. -El acto se celebró en el Congreso de los Diputados, escenario de la acción protagonizada por Tejero, aunque no en el edificio viejo, sino en la nueva ampliación recién estrenada, el inmueble al otro lado de la calle. Y en un salón de actos habilitado allí. Todo con permiso de Manuel Marín. -Los presentaron Antonio Morillo (diputado de UCD entonces y uno de los que pasaron la noche en el hemiciclo), Sabino Fernández Campo y José Bono. Entre los asistentes, Francisco Laína, que en aquellas horas presidió la comisión de secretarios de Estado y subsecretarios, convertida en “Gobierno provisional”; Santiago Carrillo, Fernando Gutiérrez (entonces, jefe de prensa de la Casa del Rey), Miguel Ángel Aguilar, Manuel Soriano... y bastantes personas del Ministerio de Defensa acompañando a Bono. -Antonio Morillo, gaditano, de Vejer, amigo personal de Oneto, pensó la noche del golpe que -si las cosas empeoraban- su familia podría refugiarse en la casa de Oneto, en Cádiz, y el periodista a su vez había pensado que los suyos podrían esconderse en la de Morillo. -Morillo, farmacéutico, tuvo que administrar “Cafinitrina” esa noche al diputado Sagaseta, que sufría palpitaciones. Y estuvo especialmente inquieto porque un cabo de la Guardia Civil no le quitaba ojo de encima. Cuando, además, se ofreció a acompañarle al servicio, se temió lo peor. Sin embargo, a solas el cabo le comento: “Don Antonio, le conozco de Vejer. Estuve destinado allí y usted me facilitó algunas medicinas cuando no podía pagarlas”. Morillo respiró tranquilo. -Bono relató que, estando los de la Mesa tumbados en el suelo (él era secretario cuarto del Congreso), alguien comentó a los demás: “Hay que levantarse, porque Suárez y Carrillo están sentados”. Y otro replicó: “Sí, pero los últimos”. -Se había acabado el tabaco a los miembros de la Mesa. Tanto, que Gómez Llorente llegó a fumar en su pipa tabaco “Celtas”. Como esa marca no era adecuada para el presidente, Landelino Lavilla (explicó que fumaba “Pall Mall” sin filtro), Bono se ofreció a ir a su despacho, donde guardaba un cartón de “Winston”. Logrado el permiso, se desplazó, con la compañía de un agente. Mientras buscaba en los cajones, el guardia civil, uno de los que ocupaba el Congreso, le pidió permiso: “¿Podría llamar por teléfono?”. Tras marcarle el número en el Satai, escuchó cómo hablaba con su mujer: “María, aquí estamos, en La Moncloa”. -Esa noche se consumieron 207 botellas de licor en el Congreso, por los asaltantes. -Lo contó también Bono. Un periódico sueco tituló así la noticia del 23-F: “Loco vestido de toreador asusta a los diputados”. Y mostró su perplejidad por una paradoja: según el libro, dos personas lo sabían todo sobre el golpe: Armada y el comandante Cortina. El primero fue condenado, el segundo quedó absuelto. -Al día siguiente del golpe, cuando el Rey recibió en La Moncloa a la Mesa del Congreso, Bono le comentó: “Majestad, habéis hecho más por la Monarquía que todos vuestros antepasados juntos”. -Contestó a una afirmación de Morillo, que habló de siglo y medio de la historia de España en los que los militares habían sojuzgado al pueblo, para responder que en numerosas ocasiones fueron militares quienes defendieron la libertad. Fue entonces cuando afirmó (recordando al New York Times) que los trogloditas no hay que buscarlos en los cuarteles. -Sabino Fernández Campo, que confesó tener 88 años, explicó que ha leído todo lo que se ha publicado sobre el golpe pero sigue sin saber qué pasó. Es un rompecabezas —dijo- al que faltan muchas piezas y donde hay extremos sin aclarar. -Afirmó que se sigue sintiendo militar, y destacó el principio de la disciplina que debe regir esa profesión. El 23-F fue una fecha funesta. Las Fuerzas Armadas salieron perjudicadas, pero más aún después, con el espectáculo del Consejo de Guerra, en el que hubo comportamientos “poco ejemplares”. Por contraste, recordó que en la intentona de Sanjurjo, éste se hizo responsable de todo, con gallardía. -El Rey, que puso fin al golpe, hizo para ello uso de su autoridad moral. Fue un gran acierto evitar que se convirtiera en un conflicto militar, al mantener operativa a la autoridad civil, a través de los secretarios de Estado y subsecretarios. -Acertó también el Rey cuando “paró” una declaración que había preparado en esas horas la Junta de Jefes de Estado Mayor anunciando que se hacía cargo de todos los poderes. Les convenció, y la declaración no se difundió. -Reconoció que la famosa frase sobre Armada y la Zarzuela, “ni está ni se le espera”, la dijo sin especial trasfondo, y que se dio cuenta de que lo tenía cuando el general Juste, jefe de la División Acorazada, respondió: “¡Ah! Eso cambia mucho las cosas”. -Fernández Campo destacó que le gusta hablar de la unidad y grandeza de la patria, palabras que hoy no se usan demasiado. -Pepe Oneto recordó la famosa frase, “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, para elogiar a personas como Francisco Laína, el general Gómez de Salazar (acababa de fallecer, presidió el Consejo de Guerra del 23-F), y a Adolfo Suárez, que “dimitió para evitar lo que no pudo evitar, y que ahora, al borde de la demencia, no se acuerda de nada, ni de que fue presidente del Gobierno”.

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