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Religión

El padre de Valladolid que recurrió la presencia de crucifijos en la escuela de su hija trabajó durante varios años para el diario Egin

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Fernando Pastor, miembro y portavoz de la Asociación Escuela Laica, que recurrió la existencia de crucifijos en la escuela de su hija, en Valladolid, trabajó durante gran parte de su carrera periodística como corresponsal y promotor del diario Egin en la capital castellano-leonesa.

Hace unos meses, el propio Pastor relató la historia de su vinculación con el periódico ‘abertzale’. Lo hizo en un blog, ‘Egin: Hamaika Urte’ (Egin por muchos años), realizado “por un grupo de ex trabajadores de Egin” con motivo del décimo aniversario del cierre.

El post, que lleva fecha de 27 de abril, cuenta cómo, con 19 años, recogió en Valladolid firmas en defensa del diario y decidió llevarlas personalmente hasta Hernani, con objeto de establecer contacto y ofrecer su colaboración.

Recibido en la redacción de Egin, se comprometió a distribuir el periódico entre los conocidos, y buscaría librerías en Valladolid para vender la revista, del mismo grupo, Punto y Hora de Euskalherría. Volvió muchas veces por Hernani. Dos veces por semana le enviaban un paquete con una docena de ejemplares del diario, y él remitía el dinero recaudado con la venta.

En su escrito, donde detalla distintas peripecias de su relación con Egin y cuenta que se registró como corresponsal en la delegación del Gobierno, afirma que muchos veían en ese periódico “un oasis informativo”.

Colaboró también en Egin Irratia, la radio del periódico, con crónicas desde Valladolid. Cuando fue cerrado, en julio de 1998, viajó a San Sebastián para asistir a la manifestación de protesta: “Y allí estuve, con mi compañera, en la manifestación de Donostia. No sabíamos que ella estaba embarazada”.

Finalmente, recuerda a algunos de los compañeros del periódico, que cita por su nombre, y termina: “A uno le quitaron no solo la voz, sino la vida, y los otros las tuvieron o las tienen secuestradas”.

Ofrecemos a continuación el texto íntegro del escrito de Fernando Pastor en la página web ‘Egin: Hamaika Urte’:

La voz de los sin voz

Conocí EGIN y PUNTO y HORA a través de un compañero de la facultad, que era de Santurtzi. En los primeros meses de 1981, ante las amenazas de cierre que se cernían sobre el periódico (como se ve, han sido una constante a lo largo de su vida) recogimos firmas de apoyo en Valladolid. Pero en vez de enviarlas por correo me encargué personalmente de llevarlas hasta Hernani. Quería entrar en contacto directo con el periódico, para ofrecer mi colaboración. Aproveché las vacaciones de Semana Santa. Llamé por teléfono y quedé en un bar del Casco Viejo donostiarra. Fue a buscarme Santi Beltza. De Santi Beltza no me olvidaré nunca. Se que se jubiló hace años, pero aún hoy, cuando lo recuerdo, siempre me pregunto si aún vive (espero que sí, aunque de ser así tiene que tener muchos años) Fue la primera persona de EGIN con la tuve contacto, y siempre agradeceré la confianza y la amistad que me mostró desde ese primer momento, sin conocerme, y sobre todo sin mostrar ninguna duda acerca de mis intenciones, cuando yo suponía que lo lógico era dudar hasta de la propia sombra, dadas las circunstancias. Recuerdo que cuando íbamos en su coche camino de la redacción de Hernani le fui explicando el porqué de mi presencia allí, y le dije que me gustaría mucho conocer a un articulista del periódico cuyos artículos me sorprendían mucho: Rafael Castellano. En la redacción visité con interés todos los rincones. Charlé con los redactores de todas las secciones, con los directores (de EGIN y de PUNTO Y HORA), con las telefonistas… y cada vez estaba más encantado. Comí (magníficamente) en el pequeño comedor. Y por la tarde Santi Beltza me dijo “ven, te quiero presentar a alguien”, y ese alguien era… Rafael Castellano. Bueno, yo, que aún no había cumplido 20 años, me sentía muy satisfecho. Pero había ido a algo, que era ofrecer mi colaboración. Así que había que concretar ese tema. Y concretamos: en la medida de mis posibilidades distribuiría EGIN entre los conocidos, principalmente en la Universidad; buscaría librerías para vender en ellas PUNTO Y HORA, y haría colaboraciones periodísticas de acuerdo con los responsables de cada sección del periódico y también artículos más amplios para PUNTO Y HORA. Así, ya estaban las bases para introducir en Valladolid EGIN y PUNTO Y HORA. Volví por Hernani muchas veces. Pero por lo anecdótico no se me olvidará una de ellas. Yo no tenía coche, así que hasta Donosti iba en tren o en autobús. Y allí cogía otro autobús a Hernani. Y desde la parada, preguntaba por el polígono Eziago y hasta allí andando. Bien, pues en una de estas visitas, tras bajarme del autobús lo primero que me encuentro en Hernani es un control policial (creo que era del Ejército) y al verme andando solo y con un macuto, me paran y me preguntan que donde iba. Si hubiese conocido algo de Hernani podría haber dicho cualquier lugar del pueblo, pero al no conocer nada que poder decir, y pensando que si me notaban dudar sería peor, me salió decir “a la redacción de EGIN, pero no se muy bien por dónde se va”. La reacción del militar fue… parar a un hombre que pasaba por allí para pedirle que me indicara por dónde se iba a la redacción de EGIN. No se me quitó el susto hasta llegar a la redacción. Claro que más aún me duró el susto en una ocasión en la Universidad. Como decía anteriormente, de Hernani me enviaban por correo dos veces a la semana un paquete con una docena de ejemplares de EGIN para repartir entre los conocidos de la Universidad, y el dinero recaudado por su venta lo enviaba de forma periódica a Hernani. Coincidió con una época en la que había mucha tensión en la Universidad, con frecuentes agresiones fascistas, incluso con armas de fuego. Y un día uno de estos fascistas, que me había visto llevar el paquete de periódicos, me señaló con lo que parecía una pistola por debajo de su jersey (nunca sabré si era de verdad o un farol) y me dijo “ya verás cuando salgas de aquí”. Así que ese día no fui a comer a casa, y durante una buena temporada procuré salir siempre acompañado de la Universidad. Pero de nuevo no me pasó nada. En cuanto a la colaboración meramente periodística, recuerdo (nunca se olvida la primera vez) la llamada de Luis Núñez, director entonces de PUNTO Y HORA, para pedirme un artículo sobre un caso de torturas policiales que se había dado en Valladolid. Recuerdo que un compañero de la facultad, que era un artista dibujando, se me ofreció desinteresadamente para hacer dibujos que ilustraran el artículo, dibujos que por supuesto se publicaron. Y es que ya era conocido, y sentido, el lema del periódico, “La voz de los sin voz”, y había personas dispuestas a colaborar en el proyecto. Y es que ya en muchos ámbitos se esperaba a EGIN y se le veía como un oasis informativo, en el que fiel a ese lema tenían cabida la expresión de las reivindicaciones, luchas y esperanza de muchos sectores, incluso de fuera de Euskal Herría. Sin ir más lejos, tengo el orgullo (no por mí, sino por la labor del periódico) de que los afectados por el proyecto de macro embalse de Omaña, en León (proyecto que finalmente lograron parar), me hicieran llegar el reconocimiento de que lo publicado en EGIN había sido lo mejor que se había publicado sobre el tema, lejos de los oscuros (o no tan oscuros) intereses que invariablemente influían en lo publicado en medios de comunicación más cercanos geográficamente. De nuevo EGIN hizo bueno su lema, “La voz de los sin voz”. Y además de voz, tenía oído en Valladolid. Recuerdo una conferencia que pronunció en esta ciudad Roberto Lertxundi, secretario general del EPK. Era el año 1982 y estaba liderando la fusión de esta fuerza política con EIA-EE. Y en Euskadi decía una cosa y fuera de allí otra distinta, pensando que solamente estaban presentes medios locales. Pero sí lo oímos, sí. Y lo publicamos. Y se lió buena. Pero quitando esa vez excepcional, debido a la presencia aquí de Roberto Lertxundi, yo escribía siempre de temas relacionados con esta tierra castellana, posibilitando a estas gentes la voz que de otra forma no les era concedida. Y eso no es hacer nada malo. Por ello no tuve ningún inconveniente en registrarme como corresponsal de EGIN en la Delegación del Gobierno. Pero no todos lo tenían tan claro (o sí). Un buen día me llamaron de la extinta Antena 3 Radio. Querían hacerme una entrevista, pues les parecía pintoresco que una persona de aquí fuera corresponsal de un medio como EGIN. Yo encantado, así podría dar mi versión. Pero era una trampa: tras las primeras preguntas apareció un tipo que no conocía de nada, y sin presentarse comenzó a hacerme acusaciones del tipo de porqué justificaba matar niños, y cosas por el estilo. Yo, que por supuesto no había dicho nada de eso (él lo daba por hecho al trabajar para EGIN), no salía de mi asombro, y mucho menos cuando dijo que iba a entregar la grabación a la Guardia Civil, pues ahí se veía que no lo había negado. Decir que ese individuo era el director de la emisora y que ahora es jerifalte de un grupo mediático castellano-leonés. En una ocasión que tuve la desgracia de sufrir la visita de los cacos en mi casa, con la consiguiente y obligada llamada a la policía, el primer comentario que recibo del agente no es relativo a los hechos, sino… a que si yo escribía en tal medio. La peripecia no acabó ahí en lo que esa vivienda se refiere. El cartero me llevaba diariamente mi ejemplar de EGIN. Me había comprado un buzón grandote, para que cupiera sin sobresalir, pues pensaba que los vecinos no tenían porqué enterarse de mis preferencias lectoras. Pero la primera vez que me voy de vacaciones el cartero no tiene más ocurrencia que dejarme los ejemplares diarios en el bar de abajo, con los vecinos tomándose allí la caña. Y la caña es lo que me dieron a mí esos vecinos a partir de aquello. Silicona en la cerradura, el coche rayado y un largo etcétera de circunstancias que me hicieron cambiar de domicilio. Lo que no sospechan los autores es que gracias a esa mudanza mi vida mejoró ostensiblemente. Algún día iré a darles las gracias. Otro recuerdo inolvidable es la aparición de EGIN Irratia. Entonces las crónicas desde Castilla fueron también radiofónicas. No he vuelto a tener ninguna experiencia más en radio, y aquella la recuerdo con cariño. Así estábamos cuando un día de Julio de 1998 alguien se empeñó en dejar sin la única voz a los tradicionalmente no tenían otra voz. Y allí estuve, con mi compañera, en la manifestación de Donostia. No sabíamos por entonces que ella estaba embarazada. Acudíamos al entierro de un hermoso proyecto que habían matado, y aunque aún no lo sabíamos habíamos iniciado el proceso de una nueva vida que desde entonces llena la nuestra, y que aunque de forma muy diferente sustituía en nuestra vida un proyecto por otro. De corresponsal de EGIN a padres. Nuestra hija ha sido la continuación y la forma de procurar una educación en libertad para que nunca nadie se quede sin voz y no haga falta más veces una “voz de los sin voz”. De momento eso parece, desgraciadamente, lejano. Por ello no quiero acabar sin recordar a compañeros del periódico como Josu, Pepe, Xabier Oleaga, Sabino, Teresa, Kitxu, Fernando, Andoni, Salus… a uno le quitaron no solo la voz, sino la vida, y los otros las tuvieron o las tienen secuestradas. Fernando Pastor - Valladolid

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