Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:48h

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Seguridad

“Las calles del País Vasco se están llenado con nombres de etarras”, denuncia

Mikel Lejarza, El Lobo: “¿Por qué somos tan permisivos con una ETA que estaba acorralada?”

Cuarenta años después de su infiltración en ETA, continúa trabajando para el CNI y es protagonista de la novela “El regreso de El Lobo”, de Fernando Rueda

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“He sido El Lobo que molestaba a muchos y que enviaban a misiones imposibles con la esperanza de librarse de mí”. “Las calles del País Vasco se están llenando con nombres de etarras”. “¿Para qué hemos entregado nuestras vidas”. “Parece que molesta hablar de las víctimas”. “Muchos etarras eran una manada de borregos”. “Soy muy viejo para seguir tragando”.

Mikel Lejarza, El Lobo. Mikel Lejarza, El Lobo.

Son denuncias y quejas de Mikel Lejarza, en una dura carta suya que se publica en “El regreso de El Lobo”, la novela de Fernando Rueda que ahora sale a las librerías.

Cuarenta años después del inicio de la infiltración más importante de la historia de España, Mikel Lejarza, El Lobo, sale de las sombras y protagoniza una novela que tiene este tráiler:


Detenidos 326 miembros de ETA

En “El regreso de El Lobo” (Roca Editorial), el agente que consiguió la detención de 326 miembros de ETA, más de 50 del FRAP y otros de la UPG gallega y del MLC de Cataluña, escribe un largo texto –“Te llamaremos El Lobo”- en el que se sincera y analiza la lucha contra ETA con unos argumentos novedosos e impactantes, al que ha tenido acceso El Confidencial Digital.

Lejarza afirma: “En mi vida he visto mucho dolor, demasiado dolor innecesario. Nunca he podido entender ese odio a todo lo que significaba España, ese odio tan terrible sobre todo a la Guardia Civil, y todo para conseguir ¿qué?, como les pregunté en una ocasión a la dirección de la organización terrorista. Ni ellos sabían por qué y para qué”.

“Mi vida pendía de un hilo”

Sobre sus dos años de infiltración en ETA, el agente en activo más antiguo del servicio secreto español asegura: “Hubo muchos momentos en los que mi vida pendía de un hilo, en parte por los errores constantes que cometíamos y para los que yo tenía que improvisar soluciones”.

“Aun así, logramos llegar al final con un éxito inesperado por los mandos de mi servicio y amargo para mí. Amargo, porque yo sabía que ahí no se acababa todo, que los éxitos traerían sus consecuencias si mi gente se dormía en los laureles”.

“Las promesas se las llevó el viento”

“Pasaron a una situación de control («¿Qué quieres? Ahora somos nosotros los que controlamos todo», me decía mi jefe). Pero se les fue de las manos: tal y como sucede en una borrachera (y la suya fue de éxito). La euforia da lugar a la relajación. Creían que sabían más que nadie, y los que habíamos estado en primera línea pasamos a otras filas diferentes”.

Reconoce que resultó amargo también “porque todas las promesas y todo aquello con lo que soñaba se lo llevó el viento. Comencé a ser ese Lobo de verdad, el que molestaba a muchos y al que envían a misiones imposibles con la esperanza de librarse de mí limpiamente, sin mancharse las manos. Con lo que no contaban era con mi capacidad de salir adelante, incluso ante las más adversas y peligrosas circunstancias. Después de todo, no es fácil matar a un lobo”.

Los etarras, “una manada de borregos”

Lejarza da en su carta, publicada en “El regreso de El Lobo”, su versión sobre la ETA que él ha conocido en directo: “Solo ha sido un monstruo creado por unos políticos que, primero desde la sombra y después desde el poder, manejaban e impulsaban a ciertos muchachos. Estos eran una manada de borregos que no sabía ni en qué dirección tenían que continuar.

“¡Perdón señorías!, pero esto está constatado: hubo jefes de ETA impulsados a la dirección por intereses, y traiciones entre los propios miembros de la banda para saltar a esos puestos. Esto ha sido una tónica continuada a lo largo de la historia de ETA, pero nadie habla de ello, ¡no interesa!”.

“¿ETA era solo un montaje?”

Ante el final de la banda terrorista, es igual de claro: “Nos olvidamos de todo lo pasado, las víctimas y sus familias. Ahora parece que molestan. Ahora hablar de esas víctimas no está bien visto, y en cambio, como ya dije públicamente hace tiempo, las calles del País Vasco se están llenando con los nombres de los etarras”.

“Para ellos son los honores pero ¿dónde quedamos nosotros? ¿Será, como pronostiqué, que al final nosotros nos convertiremos en los perseguidos? ¿Seremos los malos de la película? Y si así fuera, ¿qué hemos hecho? ¿Para qué hemos entregado nuestras vidas? ¿Será que esto corrobora que todo lo concerniente a ETA era sólo un montaje?

“Estaban acorralados”

Añade con toda claridad: “Existen tantas preguntas a lo largo de la historia de esta organización terrorista, que posiblemente nunca acabarán de responderse”.

“¿Acaso todo vale para que dejen de pegar tiros? Yo no lo entiendo, porque los terroristas estaban ya acorralados. Entonces, ¿por qué tenemos que ser tan permisivos? Ah, claro: la política. Se me olvidaba. Este pobre país mío… ¿dónde ha quedado nuestra gallardía, que nos doblegamos ante cualquier circunstancia?”.

“Soy muy viejo para seguir tragando”

Mikel Lejarza concluye: “Yo sé que esto que digo no gustará a muchas personas, pero ya soy muy viejo para seguir tragando. Sé perfectamente que nunca dejaré de ser objetivo de cualquier loco, pero ya no me van a quitar nada. He caminado todo lo que tenía que caminar y ahora ya no importa. Conmigo no han ganado, y además no son los únicos contra los que he tenido que luchar”.

“He trabajado a la sombra de ese Lobo en otras muchas misiones y lo que me queda está conmigo. Y como muchos otros compañeros, soy consciente de que, cuando nos vamos a casa, nos vamos desnudos y en silencio. Hasta tenemos que morir en silencio.”

Lejarza vuelve a la actualidad informativa como protagonista de la novela “El regreso de El Lobo”, en librerías el 4 de septiembre. La trama arranca en un momento en el que El Lobo está harto del mal trato que recibe del servicio secreto y ha decidido desaparecer. Pocas semanas después de los atentados del 11-S, la CIA descubre en Dubái su presencia Al Qaeda, y se preguntan que si no trabaja para ningún servicio secreto, qué hace en una banda terrorista. La noria en la que ha vivido toda su vida vuelve a girar.

“Somos
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