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Invisalign, más de 20 años fabricando alineadores dentales impresos en 3D

Muchos dentistas y ortodoncistas comenzaron a interesarse por la tecnología Invisalign, por lo que la empresa lanzó un programa de certificación para validar y homologar a profesionales expertos en su implantación

Desde hace algunos años la impresión 3D parece haber calado en nuestro día a día hasta convertirse en algo normal. Las primeras noticias revelaban costosas y complejas impresoras con capacidades de impresión muy limitadas, pero pronto aparecieron máquinas más sencillas, incluso domésticas, lo que popularizó su uso. Las empresas de ingeniería fueron las primeras en incorporarlas para realizar prototipos de forma más barata, luego las universidades las incorporaron a sus laboratorios, y con el paso de los años la industria fue logrando mejoras que permitió imprimir sobre materiales que iban mucho más allá de los sencillos polímeros plásticos iniciales, logrando así competitivas aplicaciones industriales.

Sin embargo, sin hacer demasiado ruido, algunas empresas ya utilizaban impresión 3D para imprimir productos de venta al público hace muuuchos años. ¿Cuántos hemos llevado alineadores de ortodoncia invisible Invisalign? ¿Cuántos hemos disfrutado de auriculares personalizados a medida? Miles de nosotros hemos comprado y usado día a día productos impresos con tecnología 3D, sin ser conscientes de ello. Descubre el caso de Invisalign, la empresa que lleva más de 20 años comercializando alineadores personalizados de ortodoncia dental gracias a la impresión 3D.

La Ortodoncia Invisible, una revolución que lo debe todo a la impresión 3D

La sola idea de ir al dentista nos resulta aún angustiosa e inquietante a la mayoría; pero cuando éramos pequeños, no había nada más aterrador que oír decir a nuestros padres que debíamos llevar aparatos. Los antiguos brackets de metal eran la pesadilla de cualquier niño: eran incómodos, la comida se enganchaba, producían llagas y heridas… y lo peor de todo: ¡no te los podías quitar en ningún momento!

En este desolador panorama, surgió Invisalign, una empresa que fabricaba unas férulas transparentes removibles que prometían los mismos resultados que unos alineadores normales. En realidad, lo que hacían la empresa y el dentista que ofrecía este servicio, era realizar un escaner 3D de la boca del paciente, generar mediante software una proyección semanal de la evolución deseada hasta lograr una sonrisa perfecta, y a partir de ahí, fabricar todos los alineadores personalizados que irían forzando a los dientes a lograr dicha evolución.

Aunque no lo explicaban claramente, esos aparatos o alineadores, se imprimían y se imprimen aún hoy mediante impresión 3D. Gracias a ello los costes de fabricación se reducen muchísimo, permitiendo fabricar a medida los alineadores 100% personalizados que el paciente irá cambiando semana a semana. Gracias a la tecnología Invisalign ofrece el tratamiento completo (consultas, multiples férulas, software, seguimiento, etc), por unos 6.000 €; un coste que no habría permitido fabricar ni 1 solo molde usando los sistemas tradicionales de fabricación y prototipado.

Invisalign, la empresa que inventó la ortodoncia invisible removible

La marca Invisalign es propiedad de la empresa Align Technology, una empresa fundada en 1997 por Zia Chishti y Kelsey Wirth. Sin conocimientos de ortodoncia, ambos amigos desarrollaron, con la ayuda técnica del laboratorio del campus de Stanford y la aprobación y financiación de la todopoderosa FDA, una tecnología de retenedores progresivos que podía sustituir los tradicionales brackets de metal. Invisalign, que comenzó su andadura en un garaje de Menlo Park, desarrollando modelos en CAD y usando impresoras de la universidad para imprimir sus primeros prototipos de alineadores, salió a bolsa en 2001 y es hoy una empresa de más de 3.000 empleados y unos ingresos anuales de más de 500 millones de dólares.

Dentistas titulados Invisalign, embajadores de la marca

El éxito de Invisalign era más que previsible. ¿Quién no quiere unos alineadores transparentes, que apenas se ven, que puedes quitarte cuando quieres y que no producen llagas y heridas como los viejos bracket de metal?

Muchos dentistas y ortodoncistas comenzaron a interesarse por la tecnología Invisalign, por lo que la empresa lanzó un programa de certificación para validar y homologar a profesionales expertos en su implantación. La clave del triunfo de Invisalign fue delegar la prescripción y tratamiento en ortodoncistas de todo el mundo, centrándose en el software predictivo y los procesos de fabricación.

Joan Raga, uno de los mayores expertos en Invisalign, único dentista exclusivo Invisalign en Barcelona, con 25 años de experiencia en ortodoncia y más de 1.000 pacientes Invisalign tratados, nos explica la importancia de la figura del ortodoncista en los tratamientos de ortodoncia invisible: “La ortodoncia es un área compleja, cada caso es distinto, tiene particularidades y complejidades específicas. El dentista debe evaluar la idoneidad de cada técnica, combinándolas incluso en casos muy complejos. Su papel es el diseñar todo el tratamiento y hacer el seguimiento mes a mes hasta lograr los resultados prometidos.”

El increíble caso del chico que fabricó su propia ortodoncia invisible con una impresora 3D

Amos Dudley eran un joven universitario que tenía una ligera protusión del incisivo lateral derecho (LI-r), y quería conseguir una sonrisa perfecta, pero no tenía presupuesto para un tratamiento dental profesional (más caro aún en EEUU de lo que ya son en España). Como iniciativa no le faltaba, se puso a investigar y concluyó que para hacerse él mismo el tratamiento “sólo” necesitaba conocimientos de ortodoncia (que podía adquirir con dedicación y estudio) y equipamiento técnico: un escaner 3D, un molde dental, software CAD, una impresora 3D de alta resolución, material de impresión no tóxico, y una máquina de termoconformado al vacío.

Ni corto ni perezoso se hizo con un ejemplar de “Contemporary Orthodontics” de William Proffit DDS, PhD, y “Orthodontics at a Glance” de Gill Daljit y se puso a estudiar. Como él mismo explica en su blog, sacó un molde de alginato de su dentadura y a partir de ahí fabricó el modelo de su dentadura usando Permastone. Luego hizo un escaneo laser de la dentadura y la digitalizó. A partir de ahí generó la animación del desplazamiento de sus dientes hasta la posición correcta. Usando una impresora 3D Stratasys Dimension 1200 de su universidad imprimió las diversas reproducciones de su dentadura, y a partir de ahí con una máquina de formado al vació Formech 300XQ fabricó las férulas, que después pulió y limó con una Dremel.

¿Consiguió lo que se proponía, mejoró su sonrisa? Sí señor, lo logró: como se ve en las imágenes, la mejoría es notoria. Todo un logro para un estudiante sin dinero pero con mucha dedicación y recursos. ¿Lo volvería a hacer…? Pues como él mismo explica en su blog, “no, ni por dinero…” Tras su hazaña, Amos recibió muchas propuestas para desarrollar su iniciativa a nivel comercial, pero las desechó. Demasiadas complicaciones, demasiado tiempo, demasiados costes, demasiado riesgo…

El experimento sin embargo nos muestra hasta qué punto la tecnología es cada vez más accesible, lo que sin duda permitirá grandes mejoras en el futuro, innovaciones en servicios o productos, y reducción de costes y precios, gracias a la impresión 3D y otras tecnologías. ¡Que así sea!

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