Un farmacéutico entrega un medicamento a un paciente.
photo_camera Un farmacéutico entrega un medicamento a un paciente.

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¿Por qué muchos medicamentos se deben vender en farmacia?

Los farmacéuticos deciden si la venta de algunos medicamentos es adecuada o no para los pacientes

La normativa sanitaria limita la dispensación de determinadas especialidades farmacéuticas para uso humano a los establecimientos farmacéuticos. 

El porqué de esto radica en que las personas que se encuentran detrás del mostrador están preparadas para saber qué es lo que están vendiendo, su empleo correcto y sus posibles efectos adversos.

Diferentes clases de medicamentos

Dentro del amplio catálogo que ofrece hoy en día la industria médico-farmacéutica se puede diferenciar en un principio aquellos para los que es obligatorio su venta con receta médica y los que no.

Esto puede dar pie a creer que al contar con receta se garantiza una mayor seguridad de utilización, y esto no es así. Hay muchos productos que no se incluyen en los sistemas sanitarios públicos y que, por tanto, es el farmacéutico quien debe decidir si su venta es adecuada o no para la persona que lo solicita en función de muchos factores.

Para ello se requiere, además de tener los conocimientos científicos necesarios, estar al día de todo lo que sale nuevo. Hay productos que se anuncian como la panacea para algunos males y la gente los desea en pos de mejorar su calidad de vida pueden resultar peligrosos si se desconocen sus efectos secundarios. Y aquí es dónde el boticario tiene la última palabra.

Aunque no pueden contener sustancias psicotrópicas, ni ninguna de las amparadas en la legislación como de prescripción obligatoria, estos medicamentos efp (especialidades farmacéuticas publicitarias) es factible que lleven principios activos que para algunas personas no sean inocuos. Bien por el padecimiento de otras patologías en sí, por la forma de administración o por la toma en conjunto con otros es el farmacéutico tiene que obrar en función de esto, y tener mucha psicología, a la hora de decidir si en definitiva es apropiada su venta o no.

Muchas veces hay medicinas que tras pasar por pruebas posteriores a su salida al mercado pasan de ser de libre venta a requerir de receta médica. Y en esta situación hay muchos pacientes que ponen en duda la palabra del responsable del establecimiento que es quien debe exponerlo ante la falta de información que sobre estos temas tiene el grueso de la ciudadanía.

Por ello en las oficinas de farmacia hay que estar siempre preparados para el rechazo y la indignación de la persona a la que se le niega un medicamento, aunque sea por su propio bien y esto no es tan valorado socialmente como si lo dijera un médico.

No hay ninguna normativa clara sobre la actuación del farmacéutico en estas situaciones con lo cual hay casos en que llegan a tener que afrontar demandas por su reiterada, aunque acertada, negativa lo que además de ser frustrante es poco positivo en pos de la salud general.

 

Un farmacéutico no es solo un mero intermediario es un especialista, además de un informador y casi un adivino que en el ejercicio de su profesión adquiere un riesgo y una responsabilidad igual, o mayor, a la del médico que receta medicamentos.

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