Dinero

“Pobre Marca España el día que no nos clasifiquemos para los mundiales o perdamos las estrellas Michelin...”

Marcos de Quinto ha sido vicepresidente ejecutivo de Coca-Cola y líder de marketing de la marca para la que ha trabajado 36 años. A sus 60, ha dejado la compañía estando en la cumbre. Su experiencia, y su disposición a “tomar partido hasta mancharme”, le convierten en una especie en extinción: la del empresario que opina libremente sin temer ni a las cuentas

Marcos De Quinto es un hombre global con capital en Torrelodones. En la imagen, junto a uno de sus cachorros en la terraza de su casa. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)
photo_cameraMarcos De Quinto es un hombre global con capital en Torrelodones. En la imagen, junto a uno de sus cachorros en la terraza de su casa. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

Con cafeína. Sin azúcar. Burbujeante. En mil frentes y nunca de perfil. Marcos de Quinto ha sido, es y será uno de los pocos guardianes de la marca Coca-Cola entre los españoles por el mundo. Acento universal. Acaba de dejar la compañía después de 36 años en la locomotora. A caballo entre Lisboa, Nueva York y Torrelodones, y con la sensación de vivir tatuada en la lata. Políticamente incorrecto: “El éxito te permite comprar tu libertad”. Su vida es un punto intermedio en el país de las etiquetas prefabricadas. Juega de centro izquierda. No busca tronos. Seis rallies Dakar, poeta, fabricante casero de vino y de miel. Sin miedo. Con hambre social. Empresario y tuitero. Pirata leal con bandera española navegando entre las dunas. Con mono de faena y de proyectos audaces. Refrescante. Mucho más de lo que cabe en una encorsetante tarjeta de visitas.

Entrevista a domicilio, en una terraza con vistas a los altos de Torrelodones. Hemos llegado hasta aquí recordando a Encarna Sánchez…

Aquí está la patria chica de Marcos de Quinto, el rostro español del sueño americano más burbujeante del mapa empresarial. Después de seis sexenios revolucionarios en Coca-Cola, acaba de dejar la compañía entre reconocimientos, agradecimientos, descubrimientos, y algún que otro padecimiento personal. Con la chispa de la vida a flor de piel, el ejecutivo español más iconoclasta salta al ruedo de una conversación larga y a fondo.

Hemos llegado a las 19.00. Hemos abandonado este plató improvisado a las y pico de la madrugada. Tímido, pero buen conversador. Habla y escucha. Es un río con caudal de cosas que quiero decir y matices que es importante entender. No desea parecer arrogante, y así, en corto, no lo es. Entre copas de buen vino, su mujer, tres cachorros y una perra, nos montamos de copiloto en el coche de los 60 años de Marcos de Quinto por este desierto de vida lleno de ideas y de gente.

Verso libre. Vino maduro, criado en barricas de calle. Harto de defender su idiosincrasia personal en un mundo separado en dos bandos, pero seguro de quién habita su estampa. Entre el yuppie de vuelos privados y un buscavidas en Camboya. Entre la vuelta al mundo y sus tardes en Cuenca. Entre el amigo de las vicepresidentas y el fácil encontradizo urbano. Entre Bukowski y Elvira Sastre. Entre Dakar y Fontainebleau. Entre Imperiofobia y Albert Rivera, con extractos de 15-M.

En un camino impracticable para sectarios, conducimos hasta las tantas con el hombre que consiguió que Coca-Cola fuera definitivamente roja, definitivamente una y definitivamente suya. Sin piloto automático, arrancamos cinco horas con Marcos.

60 años. Más de media vida en la cumbre de Coca-Cola, de la que acaba de bajarse estos días. ¡Qué buen momento para hablar a fondo de usted, de lo que ha aprendido, de lo que no ha aprendido, y de lo que podemos aprender los demás…! Como hombre-magazine, vayamos por secciones:

Sección Local

En su juventud fue profesor de esquí y pizzero en Londres. Ha sido vicepresidente ejecutivo de Coca-Cola y líder mundial del marketing de la marca roja por excelencia. ¿Marcos de Quinto se nace o se hace?

Nací en una familia con sus propios valores y en un momento concreto de la historia de nuestro país. Fui educado en un colegio liberal mixto, pionero por entonces. Lo que aprendes en casa y en el colegio es lo que perdura para siempre, aunque después salgas a la vida y ella misma te vaya enseñando más cosas. Me he pasado esta primera parte de mi biografía absorbiendo como una esponja, con los ojos y los oídos abiertos, pero he permanecido bastante fiel a mí mismo, algo que no siempre es fácil, y menos en el entorno en el que me he movido.

Mi manera de entender el mundo ha evolucionado, y mis responsabilidades profesionales me han ayudado a crecer. He intentado hacer mi trabajo lo mejor posible. La casualidad hizo que un día echara mi curriculum en una empresa que ni sabía que era Coca-Cola. Nunca pensé que permanecería 36 años en ella. En general, las empresas americanas ofrecen la ventaja de que, si lo haces bien, subes. En otros sitios hay otros factores que cuentan y, aunque seas el mejor, siempre te encuentras un techo.

De su padre heredó la coctelera de versatilidades que lleva usted dentro.

Mi padre proviene de una familia de la aristocracia aragonesa que lo perdió todo en la Guerra Civil. Fue una persona sin nostalgias, muy comprometida con su tiempo, y con una posición muy beligerante contra el Régimen. Fundó el Teatro de Agitación Social y el Grupo de Teatro Realista, junto a Alfonso Sastre. Escribió cuentos, ensayos y, como a la vez tenía que alimentar una familia, trabajó en el sector seguros como directivo de La Estrella, aunque después fundó otras compañías. Viajó mucho a Sudamérica por temas de reaseguros. Allí participaba en cócteles con la oligarquía financiera, y también se reunía con intelectuales de esas tierras, muchas veces perseguidos o exiliados, como Héctor Agosti. Vivió en líneas paralelas. ¿Era empresario? ¡Sí! ¿Se dedicaba al teatro? ¡También! Se pueden ser muchas cosas en la vida, aunque la gente suele escoger un ángulo para señalar a los demás. Mi padre fue muchas cosas, porque la vida permite ser muchas cosas.

Y su madre fue actriz.

Sí, de la compañía de Luis Prendes. Una actriz de teatro que estrenó, por ejemplo, La casa de Bernarda Alba en 1959… o Tres sombreros de copa

De tímido a ejecutivo universal. ¿Cuántas heridas implica el triunfo profesional?

Soy muy tímido y lo he sido siempre. Mi carrera ha sido una constante superación. He dado charlas en público y tengo cierta fama de provocador, pero sufro cada vez que subo al escenario. Mi sentido de la responsabilidad me ha obligado a superar esa timidez, en un trabajo en el que las relaciones sociales son muy importantes, tan importante como la integridad y el respeto a la palabra dada. Sendas cosas ayudan en los negocios en cualquier parte del mundo y en cualquier cultura.

Es decir, que ser usted se nace, pero también se suda…

En cualquier desempeño profesional hay aspectos que gustan más que otros. No queda más remedio que superarte. para afrontar lo que de natural no te saldría a la primera, ni a la segunda… A la edad que tengo, me gusta que la timidez me haya acompañado hasta aquí, aunque, si no hubiera sido tímido, habría sufrido menos tensiones en algunos momentos de mi vida.

Polivalente y flexible. Con carácter. ¿Qué precio tiene defender la personalidad cuando hay una gran marca en el subtítulo de su biografía?

Dentro de Coca-Cola hay personas consideradas algo así como los guardianes de la marca: gente que la entiende, que la interpreta, y que suele recibir el respeto de toda la organización. Por todos los años que he trabajado, y por el trabajo que he hecho, tengo la satisfacción de haber sido considerado uno de ellos. En Coca-Cola no he tenido que defender mi personalidad, porque desde siempre ha respetado mi modo de pensar y de hacer las cosas. Ser fiel a uno mismo es muy importante, y esta compañía no solo me ha aceptado como era, sino que ha sabido destacar lo que podía aportar para su avance, haciéndome sentir libre, valorado y en casa.

Retirarse a tiempo es una de las pruebas de algodón de la sabiduría. Usted ha elegido septiembre de 2018. ¿Por qué?

Muchos ejecutivos dejan sus compañías porque fracasan o porque no pueden convencer de sus propuestas. Bastantes abandonan las empresas huyendo de sus jefes, y eso es muy triste. Cuando uno ama la compañía en la que está, debe luchar por poner en marcha sus ideas, y tiene que marcharse cuando cree que el valor que podía aportar ya lo ha entregado y poco más le queda por hacer. He dejado la compañía manteniendo una fuerte relación de amistad con mis compañeros tras 36 años en la trinchera. Mi último gran sacrificio por Coca-Cola fue desplazarme a Atlanta cuando me nombraron vicepresidente ejecutivo. Tuve que dejar demasiadas cosas atrás. Entonces aprendí que la vida no puede consistir en estar continuamente subido en un tren sin destino concreto, que hay un momento en el que hay que apearse. Desarrollé los proyectos para los que me necesitaban en Atlanta, y he dejado iniciadas otras actuaciones que la compañía debe acometer. He tenido el privilegio de reposicionar la marca más importante del mundo con la One brand strategy y con la campaña Taste the feeling. Ahora es el momento de que empuje otro. Yo tengo ya mi edad pero, afortunadamente, me encuentro perfectamente. He rehecho mi vida personal y quiero vivirla plenamente.

Y en esta nueva etapa de su vida, ¿qué lema quiere que le acompañe hasta la meta?

Mi mujer. Ella y ella.

Después de muchos años de trabajo, ahora, su vida.

A mí me apasiona lo que he hecho, y todavía hoy me cuesta desprogramarme de lo que hasta ahora ha sido mi vida profesional; pero soy muy curioso, y eso me lleva a hacer muchas cosas, aunque casi todas las haga mal... En estos momentos valoro especialmente trabajar y aportar algo a la sociedad sin hacerlo por dinero. No quiero que suene arrogante, pero es un lujo poder trabajar sin que medie remuneración alguna. Y no hablo de dedicarme a oenegés, sino de ser activo, contribuir a sacar adelante iniciativas interesantes porque me parecen interesantes, no por obligación.

De Quinto es manos curtidas, oídos abiertos y acción cuatro por cuatro. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

Sección Nacional

¿Cómo se ve España desde la élite empresarial norteamericana?

España se ve con absoluto respeto y admiración, pero la mayoría de lo que sucede aquí no tiene apenas repercusión. Aunque sea un aliado consolidado, el tema catalán, por ejemplo, allí es una cuestión insignificante o muy menor.

¿Qué idea hay de España en esos epicentros de los negocios?

La gente informada reconoce España como una democracia parlamentaria seria, y un país estable, con un cierto crecimiento económico, independientemente de quién esté al frente del Gobierno. Salvo momentos puntuales, nadie describe la imagen de España como la de un país problemático. Saben que no es Grecia y que tiene credibilidad, que somos tolerantes y abiertos. Las pequeñas riñas de familia que se dan aquí dentro no trascienden ni conforman en absoluto la opinión pública, aunque haya miembros de la familia que quieran agitar el cocotero mediático más allá de estas fronteras como parte de su estrategia. La opinión pública internacional no se cree las exageraciones internas.

¿Para Coca-Cola es importante España?

Muchísimo, porque es un país que ha sido un ejemplo de éxito y de bien hacer para el resto del mundo, entre otras cosas, gracias a los embotelladores españoles.

Le enamoró el 15-M… ¡Hasta el 17-M..!

Sí. El País incluso llegó a escribir –sorprendentemente- que tenía algo que ver con el nacimiento de ese movimiento social… Yo había sido muy activo en Twitter con mis quejas antes del 15-M, porque, como otras muchas personas, estaba harto. Estuve físicamente en la Gran Vía el 15-M, y tuiteé una foto de una pancarta que me llamó la atención. Ese movimiento de hartazgo, comprometido contra la inercia gris de todo, era maravilloso. Se trataba de una primavera muy transversal, en la que encontrabas todo tipo de gente, porque allí estuvo representada la sociedad entera, independientemente de partidos, edades, religiones, clases sociales… Pero muchos que no estuvieron en el origen hicieron una OPA hostil a ese movimiento social. Muchos que tenían sus banderas republicanas y otras pancartas olvidadas en su casa muertas de asco y polvo y que el 15-M no salieron a la calle, se sumaron a las asambleas cuando vieron la movida y se encargaron de expulsar a la diversidad que hacía prometedor ese movimiento, hasta secuestrar su espíritu haciéndolo víctima de su sectarismo.

¿Sigue usted indignado con los políticos patrios? ¿Por qué? ¿Qué pone en su pancarta?

Yo no me he indignado con los políticos… Bueno, con algunos, sí. En mi pancarta pone lo mismo que cuando me abrí la cuenta de Twitter, no la he cambiado nunca: “Pirata. Navego sin bandera. No pretendo convencerte de nada, acaso hacerte dudar de lo que crees”.

¿Qué tipo de pirata es De Quinto?

Yo y mi equipo en Coca-Cola siempre nos hemos considerado unos piratas, unos corsarios, porque no hemos obedecido a la corona de Atlanta. En España seguimos de manera diferente las directrices que nos marcaban desde la central. Desobedecíamos, pero traíamos tesoros a la corona y nos permitieron ir a nuestro aire. El éxito te permite comprar tu libertad. Cada uno de nosotros éramos de nuestros padres y nuestras madres. Nunca he querido trabajar con gente uniformada. He tenido un equipo espectacular, en el que cada uno pensaba como quería. Si trabajas con burros, todo es más fácil. Si te toca hacerlo con purasangres, cada uno con su personalidad y su talento, es más complicado, pero los resultados suelen ser mucho mejores.

¿Navega sin bandera?

Nunca he militado en ningún partido, ni he repetido sus consignas. Soy difícilmente etiquetable. Lo de la disciplina no me gusta: uno debe ser crítico con todo y tener la libertad de hacerlo. Aprecio cosas buenas de unos y cosas buenas de otros.

¿De cara a la sociedad cual es su reclamo?

Yo no hago proselitismo. Me basta con que la gente piense y dude de lo que cree escuchando más campanas, aunque luego se reafirme. No pretendo que nadie piense como yo.

¿Busca, entonces, romper los rebaños?

Poner espejos, que la gente reflexione, escuche, tenga capacidad para cambiar sus opiniones cerradas, que se dialogue de verdad… A veces vamos muy rápido, y opinamos en masa y por bandos, y eso me parece empobrecedor. 

Dice usted que Pablo Iglesias, no, pero que Bescansa o Iñigo Errejón, sí. ¿Cómo sería su Podemos?

Pablo Iglesias empezó a escribir tuits pidiendo el boicot a Coca-Cola después de un problema laboral que tuvieron los embotelladores. Mi respuesta, en clave de humor, fue decirle que, si seguía con esa cantinela, entonces votaría por Errejón en Vistalegre.  Aunque no conozco especialmente a Íñigo y a Carolina, me parecen una parte de Podemos más abierta a la gente. Hablo de marketing, no de política. Es posible que Pablo Iglesias e Irene Montero lideren un discurso más radical, que evita llegar a un público más amplio. Errejón y Bescansa, sin embargo, dan imagen de un talante distinto; pero hablo de impresiones y apariencias.

Con su visión de conjunto y su conocimiento de la materia, ¿cree que el PSOE desacelerará la economía con peligro?

El PSOE es una organización muy grande. Pedro Sánchez, aunque ahora dirija el partido, es otra cosa. En el contexto actual, el PSOE no es el PSOE: es un partido hipotecado, y esa hipoteca le puede llevar a tomar medidas que no convengan al país. Entre lo que le interesa a Pedro Sánchez para mantenerse en el poder y lo que necesita España, hay una brecha. Si el PSOE convoca elecciones y obtiene una mayoría, entonces sería más libre y estaría más legitimado para gobernar con coherencia. Mientras esté así, esto es más Pedro Sánchez que el PSOE. No creo que el presidente del Gobierno esté sacando lo más positivo de esas siglas.

¿Albert Rivera ha tocado techo?

No lo sé. Ciudadanos ha dado esperanza a mucha gente de centro, presentando una opción política sin manchas de corrupción. He oído voces que ponen en duda la coherencia de ese partido, porque ha pactado con PSOE y PP según las comunidades autónomas. Yo creo que su coherencia radica en colaborar con el partido más votado en cada región a cambio de expulsar a los corruptos de las instituciones públicas. No me parece que eso sea incoherente. Es, simplemente, una manera de no ser sectario. El PP sí había tocado techo, aunque no sé cómo le irán ahora las cosas.

Ciudadanos busca candidatos independientes. Si Albert Rivera le llamara y le dijera ven, ¿usted lo dejaría todo?

No. A mí me interesa la política, pero enrolarse en un partido supone renunciar a la independencia, y yo la valoro demasiado como para perderla. De la política, más que los partidos me interesan las personas. Lo único que le puedo decir es que no soy del PP, aunque tengo amigos que son o han sido dirigentes importantes del PP y les respeto.

¿No le parece que las dimisiones políticas por un máster significan que hemos ganado sensibilidad democrática?

Las dimisiones no son por un falso máster, sino por mentir. Desde la dimisión de Bill Clinton habíamos avanzado mucho, hasta que ha llegado Trump… Es posible que una persona que mienta en lo personal sea también capaz de mentir a su país o a su partido. Una mentira debe ser la tumba para quien trabaja en instituciones públicas. Una persona sin valores aficionada a los trucos debe irse de la primera línea política, como hemos visto en Alemania.

¿Cómo burbujea este independentismo catalán en sus tripas?

Me parece estupendo que alguien sea independentista, como si es islamista; pero lo que no se puede aceptar es que, saltándose las leyes, pretendan imponer su credo al resto de personas. Si en Torrelodones, por poner un ejemplo, una mayoría municipal votara imponer la ley coránica en el municipio y obligar a mi mujer a ponerse un burka, esperaría que las fuerzas del Estado se lo impidieran. Yo respeto a los musulmanes, pero si alguien quiere imponer un régimen coránico unilateralmente en mi país, me va a encontrar delante.

Después de tanto ir y venir por el mundo, objetivando los titulares sensacionalistas de aquí y de allá y tocando terrenos idealizados y asfaltos sin poesía, ¿España es un país maravilloso?

Me parece que sí. El libro de María Elvira Roca –Imperiofobia y leyenda negra- está haciendo una labor estupenda. Todos los países tienen una leyenda negra, pero nosotros somos los únicos que nos la hemos creído. Los pueblos se inventan historias para aumentar su gloria; mientras tanto, los españoles, que tenemos una historia espectacular, nos dedicamos a la autoflagelación pública sin sentido.

¿Usted ha hecho la mili?

No, fui excedente de cupo. Pero no me hubiera importado nada.

¿Le parece interesante repescarla?

Era una manera de cohesionar la sociedad. Es necesario buscar mecanismos para que la España real y diversa se junte, aunque no sé si la mili es la mejor solución. Visto con distancia, el servicio militar sirvió para que muchos jóvenes se instruyeran y aprendieran cosas de provecho. Les servía para crecer personalmente, aunque era otra época.

Viendo a sus hijos o a la gente joven que ha trabajado con usted en Coca-Cola, y comparándolos con las personas de su generación, ha pensando alguna vez: “¡A estos tíos les hace falta una mili!”.

He conocido a muchos ejecutivos que están absolutamente sobre preparados académicamente, pero que son personas inseguras. No creo que vayan a superar sus inseguridades con más másteres en Fontainebleau o en el MIT. En más de una ocasión he mirado a los ojos a algún ejecutivo mío y le he dicho: “Tú no necesitas ni un máster más. Lo que te hace falta urgentemente es irte a África dos meses sin tarjeta de crédito y sin móvil, y salir adelante. Vete a Mauritania”.

¿Le han hecho caso?

No. No lo pasarían demasiado bien…

¿Para qué sirve una persona con mucha experiencia académica y poca vida? No digo que la mili sea la solución, pero sí que hacen falta más experiencias y menos másteres para afrontar el entorno laboral, sobre todo cuando a uno le toca lanzarse a aventuras empresariales importantes. A mí me ha ayudado más hacer seis rallies Dakar que un máster en Fontainebleau. Encarar algunas situaciones no se aprende en las escuelas de negocios. No digo que la receta sea la mili, pero necesitamos un plus de formación humana en el ámbito empresarial.

Si usted, que sabe de marcas, llevara las riendas de la Marca España, ¿por dónde iría su campaña?

Cuando se empezó a hablar de la Marca España yo trabajaba aquí. Creo que, desde el principio, la iniciativa prefirió hacerse fotos con hombres de negocios, que no necesariamente poseían experiencia en marketing, en vez de contar con ejecutivos que, aunque estuviéramos en multinacionales extranjeras, éramos españoles de los pies a la cabeza y habríamos contribuido a diseñar una estrategia. El problema de la Marca España es que no se sabe qué producto vende. Así, al final, los que lo venden -futbolistas o cocineros- acaban siendo el producto. Pobre España el día que no nos clasifiquemos para los mundiales o perdamos las estrellas Michelin...

¿Usted qué haría?

La influencia que todo país busca es posible o porque tienes la pistola, o porque tienes los dólares. Nosotros no tenemos la pistola –no somos una potencia militar-, y difícilmente vamos a erigirnos en una potencia económica. España tiene la oportunidad de competir por ser una especie de centro de conocimiento, formación, investigación y cultura. Algo así como lo que supuso siglos atrás la Universidad de Salamanca, pero a escala país. España tiene capacidad y recursos para formar élites, aunque todavía necesitamos universidades gestionadas como en Estados Unidos. Estoy convencido de que hay gente de fuera que pagaría fortunas por estudiar aquí si ficháramos profesores extranjeros con la libertad y maestría con la que los clubes de fútbol han fichado ronaldinhos.

Aprovechando la reforma de la Constitución, ¿cómo se podría aplicar la resultadocracia de Coca-Cola en nuestro Parlamento?

¿La reforma de la Constitución es para que los textos recojan el “españoles y españolas”? ¿El cambio de la Constitución debe ir en una única dirección para seguir ampliando competencias autonómicas, o puede ser también para reducirlas? Espero que esa reforma no sea una espita para contentar al independentismo. Veo que el debate sobre la reforma de la Constitución está pervertido, y me parece importante abordarlo sin limitaciones y con valentía. El resultado ha de ser fortalecer España, no facilitar su demolición.

El ex vicepresidente mundial de Coca-Cola no se pone de perfil más allá de las fotos. Da la cara. Entra a los temas. Se mancha. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

Sección Internacional

 “Como hispano nunca votaría a Trump”. OK. ¿Votaría a Merkel?

Sí. A Merkel la votaría para presidenta de España… He vivido en Alemania, y sé de lo que hablo. Si Merkel no les sirve a los alemanes, podría servirnos a nosotros, me da igual dentro de qué partido. Merkel ha defendido bien los intereses de Alemania, ha llegado a muchos acuerdos transversales, ha influido en Europa, y no ha tenido ningún escándalo de corrupción, al menos que se conozca.

¿Estados Unidos es la capital del talento?

No… El talento está en todas partes, pero en el país de las oportunidades se desarrolla mejor. La mayoría de los que han revolucionado positivamente Estados Unidos llegaron de fuera y allí encontraron la posibilidad de crecer. Mientras en Estados Unidos se desarrollan nuevas tecnologías, en Europa solo pensamos en cómo regularlas. Vamos camino de convertirnos en una unión de burócratas.

Cuándo una persona se cree que España es el ombligo del mundo, ¿usted qué le receta?

Ojalá España fuese el ombligo del mundo… De lo que se trata es de conseguirlo, no de impedirlo mirándonoslo.

Sección Empresas

Empezó usted a trabajar en Coca-Cola justo por el Mundial de Fútbol de 1982. ¿Qué ha aprendido y qué no ha merecido la pena?

Después de 36 años en Coca-Cola, y de haberme recorrido el mundo tanto en vuelos de clase turista como en los aviones privados de la compañía, he visto muchas cosas. Aunque de casa venía bien equipado en valores, estos años han hecho de mí alguien mejor de lo que hubiera sido fuera de la compañía. Debo mucho a toda la gente con la que he trabajado, y no solo a los jefes, sino también a los compañeros, empleados y proveedores. Aunque haya leído muchos libros de guerra, nos forjamos realmente en las trincheras.

Ser de Coca-Cola implica una etiqueta social. ¿Cómo maneja ese juicio sobre su nombre en la opinión pública un hombre con tantos matices…?

Hay un momento en la vida en el que dejas de preocuparte por el qué dirán, porque te das cuenta de que lo importante es saber quién eres.

En 1975 me matriculé en Ingeniería Industrial, en la época del decreto de las cuatro convocatorias. Franco aún vivía. En abril de 1976 salí repentinamente de España, tras haber despertado cierto interés en la Brigada Político Social por mi actividad como delegado en la Escuela de Ingenieros de la Politécnica de Madrid. Volví a España cuando Adolfo Suárez consolidó su discurso aperturista, pero, como ya no podía matricularme en ninguna universidad pública, empecé Económicas en el CEU. Allí, por defender mis ideas, sufrí lo que hoy llamaríamos bullyng, aunque probablemente esa palabra le venga pequeña al modus operandi de los de Fuerza Nueva de entonces contra gente como yo. Un día, por ejemplo, mi Seat 127 apareció pintado entero con cruces gamadas y con rotulador indeleble…

Después me fui a terminar la carrera a la Complutense, y descubrí que me etiquetaban de “facha” por venir del CEU... Unos y otros te acaban convirtiendo en un patito feo. Al principio, eso te importa. Nadie entendía que no era ni una cosa, ni la otra. Hasta que decidí que no me iba a pasar el resto de mi vida explicando quién era y quién no. Me encanta ser un patito feo que, además, no busca estanque. Soy una persona libre: me informo, tengo mi criterio, y tomo partido “hasta macharme”, como diría Gabriel Celaya, pero sin siglas. Escuchar sin prejuicios me ha ayudado a no ser sectario en nada.

¿Qué papel ha tenido la ilusión profesional en su biografía?

Nunca he tenido ilusión profesional... Lo mío ha sido, simple y llanamente, sentido de la responsabilidad. Si la marca Coca-Cola no iba por donde debía, me tocaba implicarme hasta el fondo, pero yo con eso no disfruto, ¡sufro! El objetivo de mi vida no era vender bebidas con burbujas… He sido feliz trabajando en Coca-Cola, pero me hubiera entregado de la misma manera en cualquier otro trabajo. Quiero mucho a Coca-Cola, entre otras cosas, porque me ha permitido ser rebelde. Ahora miro para atrás y soy consciente de la maravilla en la que he podido participar. Tener ideas, decirlas, que las escuchen, que las consideren y que, algunas de ellas, se hagan realidad en todo el mundo es siempre muy gratificante.

¿El trabajo bien hecho es la mejor responsabilidad social corporativa?

La verdadera responsabilidad social de una compañía es ser decente, retribuir con sueldos dignos y pagar honestamente sus impuestos. Lo políticamente correcto me pilla a mí en otra onda… Como ciudadano español, lo que quiero es que mi Gobierno dé cobertura a los problemas sociales que tenemos y no que las empresas privadas elijan a quién se ayuda y a quién no.

¿Los empresarios tienen una justa opinión pública en España?

En España parece que por ser empresario tienes un pecado original que has de expiar mediante programas de responsabilidad social corporativa... El hecho de haber montado una empresa, pagar salarios e impuestos y ofrecer una formación es un gran compromiso social. Los buenos empresarios no tienen que pedir perdón, ni tampoco deben asumir una obligación de devolver algo a la sociedad. ¡El buen empresario no ha robado nada a la sociedad que deba devolverle! En todo caso, la sociedad debería, al menos, mostrar un cierto agradecimiento porque hemos generado riqueza.

Los que están obligados a devolver algo a la sociedad son los caraduras que nunca han hecho nada más que culpabilizar a los buenos empresarios de todas sus frustraciones. Los que más critican a los empresarios son los que siempre han vivido del morro.

Yo vengo de la nobleza arruinada, y la única herencia recibida de mis padres ha sido mi educación. He pagado mis impuestos escrupulosamente y con transparencia. Es posible que haya sido de los ingenuos que más haya pagado en este país… Todo lo que tengo está declarado. No he robado, ni tampoco miento, por propio sentido de dignidad. ¿Por qué hay quien se empeña en que tenga que sentirme como si fuera un ladrón, por haber trabajado como un burro y que una empresa norteamericana decidiera darme un sueldo alto?

¿A usted le han querido los sindicalistas?

¡Mucho! A casi todos los sindicalistas de las embotelladoras -que no forman parte de mi empresa- les he conocido personalmente, porque desde que tenía 23 años salía en ruta con muchos de ellos. Los sindicalistas y todos los empleados de las embotelladoras de Coca-Cola deben estar muy agradecidos a sus empresas porque no cedieran al chantaje de un grupo de sindicalistas radicalizados de Fuenlabrada. Ellos, que siguen cobrando sueldos muy comparables a los de altos funcionarios, habrían visto con buenos ojos el cierre de las plantas de Sevilla, Valencia o San Quirze mientras mantuvieran sus privilegios…

Sección Sociedad

Agnóstico de las religiones. Agnóstico de la política. Agnóstico hasta del fútbol… ¿Qué diferencia hay entre el agnosticismo y el cinismo?

Mi agnosticismo es fruto de la importancia que le doy a la libertad de criterio. Prefiero no militar en campo de nadie, para ser libre al opinar o juzgar sobre los temas que les incumben. Sería incapaz de exculpar a un pederasta por el hecho de ser de mi misma religión. Tengo mi sentido del bien y del mal, no necesito que nadie me imponga su moral. No militar en ningún partido me permite también mucha libertad de pensamiento. El sectarismo siempre es un atajo, y prefiero andar el camino entero. Milito con mis ideas, pero no doy un cheque en blanco a ningún partido. Y en el fútbol me pasa lo mismo. Hay que tener mucha carencia de afectos para entregar tu corazón a un equipo de fútbol…  Mi agnosticismo no es cinismo, es un mecanismo que protege mi manera de entenderme a mí mismo con integridad.

¿Qué análisis hace de Twitter?

En Twitter estoy por desobediencia, después de que mucha gente me haya dicho que dejara de meter los dedos en los enchufes, como si fuera un niño… Me parece un sitio interesante para opinar en voz alta, con respeto y educación, y donde cada cual me puede decir lo que quiera, también con respeto y educación. No me da miedo. Bloquear es gratis. Para mí estar en Twitter es salir a la calle virtual y conocer el mundo más de cerca.

Sección Cultura

Escribe. ¿Qué?

Llevo escribiendo poesía toda mi vida, aunque ahora tengo un problema: desde que descubrí a Elvira Sastre, he entendido que tengo que romper todo lo que he escrito, porque no hay quien escriba mejor que ella… Además, estoy escribiendo un manual de conducción en dunas. No será un libro espectacular, pero sí puede ser el primero sobre la materia. También guardo bastantes escritos sueltos de marketing y empresa, pero tengo el defecto de ser muy perfeccionista. Una persona que se ha pasado su vida entre la poesía y la publicidad dedica demasiado tiempo a escribir una frase, porque aprecia el valor de lo conciso.

Dígame un verso para los empresarios que no tocan un libro más allá del de cuentas.

Me encantaría hacer un máster de másteres para empresarios y ejecutivos que tienen todos los cursos del mundo y ofrecerles lo que no tienen. Sería un máster de cosas sobre las que pueden haber pasado de puntillas, y en él la cultura sería una sección muy importante. Hablaríamos de música clásica, de teatro, de poesía… ¡Hay habilidades necesarias en nuestro mundo más allá de las finanzas y el marketing!

No me gusta esa manera de ser ejecutivos que consiste en saber mucho de cuentas y de resultados, estar todo el día juntos, irse de vacaciones a los mismos lugares, leer los mismos libros de autoayuda como el de “dónde está mi puñetero queso”... Son manadas de ejecutivos con trayectorias endogámicas, y la vida no es eso. No hay nada peor para un empresario que encerrarse en su “síndrome de Moncloa”. Un ejecutivo que merezca la pena debe ir justo por el camino contrario. Hay muchas enseñanzas que no hace falta estudiar en libros de autoayuda ni en másteres, porque Shakespeare las explicó todas mucho mejor. En sus obras está explicada a la perfección el alma humana. Existe cierto analfabetismo cultural en el mundo empresarial, que a veces me asusta.

Hace vino y hace miel. ¿Cuántas estrellas Michelin tiene en la intimidad?

Hay gente que invierte su dinero en intangibles. Yo necesito tocar lo que tengo, y por eso desde hace tiempo decidí invertir mi dinero en aficiones y actividades que me apasionan y que revierten en los demás. Hago vino en casa, una cosecha sencilla de 700 botellas al año con mi propia etiqueta –QVINTVS- para mi autoconsumo y para mis amigos. También hago miel y la vendo en el gourmet de El Corte Inglés – Miel D-VERDAD-. Pierdo dinero haciéndola, aunque son pérdidas asumibles, pero en la vida no todo el retorno es económico; para mí es importante también la satisfacción.

Los toros son anatema en el país de los de Osborne. ¿Le cansa ese afán moralizador de lo políticamente correcto?

El antitaurinismo está trufado de hipocresía. Prefiero ser un toro español a una vaca holandesa… Y quien quiera saber por qué, que se informe de cómo nacen, viven y mueren unos y otras. Y, puestos a añadir especies, lo prefiero antes que ser una oca francesa o un pollo de granja en cualquier lugar. Pero entiendo que meterse con lo taurino da más notoriedad a los que los animales les importan menos que su propia autopromoción.

¿La cultura de calidad es clasista?

Los yates sí son clasistas, porque no están al alcance de cualquiera, pero los poemas de Elvira Sastre, Silvia Prellezo o Leonard Cohen son de calidad y están a la mano de quien quiera. Comprarse un Velázquez tampoco está al alcance de cualquiera, pero quedarse embelesado contemplando Las Meninas cuesta relativamente poco.

¿Qué personaje del teatro clásico sería usted?

Me quedo con el que la vida me ha dado, porque me he cogido cariño después de tantos años conmigo mismo a cuestas.

¿Qué disfraz le queda puesto a sus 60?

Ninguno. Mi biografía está libre de caretas.

Sección Deportes

Su primera nómina fue como monitor de esquí. Le daba bien al fútbol. Ha competido en el París-Dakar. Ha hecho el cabra, le va la marcha y le apasiona la aventura. ¿La madurez es encajar todo eso con las responsabilidades sin que te quiten tus pasiones?

Sigo igual. No quiero cambiar. Y tengo la dicha de que mi mujer comparte mi  pasión por el desierto. Creo que las responsabilidades las debe asumir uno para poder financiar sus pasiones, no para matarlas.

¿Qué gol le han metido por toda la escuadra?

Cuando era joven, muchos; algunos muy dolorosos en lo personal. Con más edad, también. Los goles siempre te los meten los que más quieres, los que te hacen descuidar la propia portería. Pero ya duelen menos.

¿Cuántas dunas se atraviesan en la vida solo cuando se está arriba?

Todas. Pero la vida es eso: aprender a estar solo, porque a la muerte vamos sin compañía.

¿Nadar contracorriente le ha hecho mejor?

Nadar contracorriente suele ser incómodo en lo social pero gratificante en lo personal. Al final, el principal respeto que uno debería querer ganarse es el propio. El de los demás, aunque se agradezca, es secundario.

Sección Corazón

Cuenca se recupera de su boda, hace justo ahora casi un año. Con perspectiva y la ilusión del momento: si quieres resguardar tu familia, ¿qué hay que tener como primer mandamiento?

Nadie sabe dónde está la clave. La vida que he tenido ha sido dura. Me casé muy joven, tuve niños muy pronto, y no tenía ni la mitad de experiencia que tengo ahora. Nadie te explica cuánto tiempo debes invertir al trabajo y cuánto debes reservar para tu familia. Mientras tanto, estás en el epicentro de una vorágine como la que genera trabajar en una multinacional americana. De pronto, entras en una batidora en la que quieres ser buen padre, buen profesional, pero no sabes… Igual hay gente que ha tenido una vida más cómoda… Yo me echo la culpa de la mayor parte de las cosas personales que me han salido mal, por mi inexperiencia… Aun así, es mi vida: ni la repetiría, ni me cambiaría por otro. Tengo la conciencia tranquila, porque he querido a mis hijos con toda mi alma y, afortunadamente, ellos siempre lo han sabido.

¿Ser buen profesional y buen padre van de la mano?

Ser buen padre es algo independiente de lo buen o mal profesional que seas. El problema es la conciliación. Yo he sido padre soltero. Crié solo a mi segundo hijo entre los 7 y los 17 años. Me hubiera gustado haber tenido más tiempo -que no más ganas- para estar con ellos.

Usted no tiene miedos. O al menos no los reconoce. ¿Ni siquiera a la prensa del corazón?

Soy tímido, pero nunca he tenido miedo. Creo que el miedo es lo más destructivo que existe, porque arrebata nuestra dignidad. He vivido situaciones de peligro, pero nunca he cruzado esa línea en la que uno ya no puede mirarse al espejo.

¿Y a la prensa del corazón, tampoco?

Mi vida afectiva es transparente y poco interesante. Me he enamorado, como todos; me he desengañado, como todos; he cometido errores, como todos; me han cometido errores, como a todos; y he rehecho mi vida, como todos… Soy feliz, sin resentimiento alguno y muy agradecido a la vida.

Últimas páginas

¿Algún anuncio por palabras?

Sí: “No se vende”.

¿Alguna esquela para cerrar esta revista?

Estos versos de Leonard Cohen: “Like a bird on a wire, / like drunkard in a midnight choir / I have tried in my way to be free”.

REBOBINANDO

Londres, 4 de septiembre de 2018. Marcos de Quinto y su mujer cenan con James Quincey, consejero delegado y presidente de Coca-Cola, para decirse hasta luego, agradecer los servicios prestados y mantener una amistad con bodas de plata.

En un restaurante para pocos comensales los dos ejecutivos desenvuelven sus regalos. De Quinto abre el suyo: la fotografía enmarcada que le acompañó en su dura –en lo personal- travesía final por Atlanta. Es un camión de Coca-Cola que avanza entre dunas: una metáfora, un gesto, un detalle, un recuerdo.

El presente para Quincey está en un sobre. Dentro, un tarjetón del Hotel Lamghan escrito a mano. Cuatro líneas. Letras rápidas que valen lo que cuestan:

1. La vida consiste en aprender a dejar atrás las cosas.

2. Estamos todos condenados a ser olvidados, aunque nos demos importancia…

3. No debemos subestimar el impacto de la amabilidad.

4. Gracias.

“Estas son las cosas que he aprendido de verdad en Coca-Cola. Lo demás, lo técnico, se aprende muy rápido”.

En esta nota del Lamghan no se han escrito al tun-tun consejos de autoayuda. Dentro de este sobre del tesoro De Quinto ha esbozado, sin querer, un autorretrato. Del guardián de la marca. Del De Quinto de los Dakares. Del Marcos a secas. El que trajina con cuatro perros a estas horas de la noche. El que quemó las naves seguras y vuela de nuevo ahora desde aquella esquina de Mayfair.

Una de las pasiones de De Quinto es hacer vino en casa. Desde la viña a la copa. Esa ha sido también su biografía con denominación de origen. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

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