Siete estrellas Michelin se reúnen en Mallorca: lo que sirvieron dejó a todos en silencio

En el corazón de Mallorca, uno de los hoteles más lujosos de la isla ha convocado a un grupo selecto de chefs con estrellas Michelin para una velada sin precedentes. El evento, que combina alta cocina y tradición local, busca algo más que aplausos.

Desde el encantador pueblo de Deià, los jardines de La Residencia se transformaron en un mercado gourmet, mientras una cena privada desvelaba platos que aspiran a marcar un antes y un después en la historia del restaurante El Olivo.

Cena Michelin en Mallorca

Un mercado con sabor a estrella

El hotel La Residencia, A Belmond Hotel, fue el escenario de una celebración gastronómica que emula al festival The Arts of Flavours, celebrado durante años en el Reid's Palace de Madeira. En 2025, el testigo ha pasado a Mallorca, con una clara intención: brillar ante la atenta mirada de la Guía Michelin.

El evento principal tuvo lugar el 4 de octubre en forma de mercado gourmet al aire libre. Entre olivos centenarios, puestos decorados al estilo tradicional ofrecían desde sobrasada artesanal hasta ostras y vinos locales. La propuesta combinaba productos mallorquines con creaciones de alta cocina, muchas de ellas firmadas por chefs galardonados.

Alta cocina con alma local

Destacó la torrija con huevo y caviar del chef Pablo Aranda, responsable de El Olivo, el restaurante insignia del hotel. También sorprendieron el “beso helado” de Miguel Caño (Nublo, dos estrellas Michelin) y un sashimi de atún curado del británico Luke Selby, chef de Le Manoir Aux Quat Saisons.

La oferta se completó con tapas premiadas de Mallorca, quesos de Mahón, cócteles elaborados con cítricos de Sóller y una ginebra local con botánicos del entorno. Fue una experiencia sensorial total, donde el lujo se sirvió en formato popular, accesible y festivo.

La 'Cena de las Estrellas'

El día anterior, el 3 de octubre, se celebró una cena privada de alto nivel: siete estrellas Michelin compartieron cocina con Pablo Aranda en El Olivo. El objetivo no era solo deleitar a los comensales, sino dejar una huella imborrable que justifique una futura inclusión en la prestigiosa guía.

En la terraza del restaurante, con vistas a la sierra de Tramuntana, cada chef presentó un plato del menú degustación. Pedro Aguilera abrió la velada con una gamba blanca con salpicón, seguido por el foie gras escabechado en lías de mantonegro sobre coca de patata y algarroba de Aranda. Le siguió Miguel Caño con su creación de mero, chuleta y pimiento.

Una constelación de sabores

Luke Selby apostó por una fusión naturalista con su sashimi de atún, mientras José Diogo Costa presentó una presa de cerdo con cuscús y espárragos. El postre corrió a cargo de Santi Taura con una coca de patata de Valldemossa reinterpretada, y cerró Andrea Ibáñez con “Almendra, el oro de Mallorca”, un homenaje al ingrediente más simbólico de la isla.

El maridaje, dirigido por Eva Nadal, primera sumiller mujer de Mallorca, fue otro de los puntos álgidos. Destacó la inclusión de vinos de la joven bodega artesanal AVA Vi, una firma emergente con gran proyección nacional.

Un futuro estrellado

Esta doble cita gastronómica no solo ha supuesto un escaparate para los chefs participantes, sino una declaración de intenciones por parte de La Residencia. El hotel busca situar a El Olivo entre los restaurantes de referencia del Mediterráneo, y las siete estrellas reunidas en Deià podrían ser la llave para abrir las puertas del universo Michelin.

Con la combinación de tradición mallorquina, talento culinario internacional y una apuesta clara por la excelencia, La Residencia se posiciona como uno de los destinos gastronómicos más ambiciosos de 2025.

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