La voz del lector

Crisis hispano-marroquí: un compendio de desaciertos con un pronóstico adverso

Personas migrantes caminan por la playa del Tarajal, a 17 de mayo de 2021, en Ceuta (España).
photo_camera Personas migrantes caminan por la playa del Tarajal, a 17 de mayo de 2021, en Ceuta (España).

Marruecos y España se están replanteando su relación. No es la primera vez que sucumben a sus pasiones; pero nunca habían sido tan evidentes los errores cometidos por uno y otro gobierno. Los próximos días van a ser decisivos para el desenlace de este grave desencuentro. De la capacidad de reconocimiento de los propios errores que han generado o alimentado esta crisis va a depender el enderezamiento o no de la relación hispano-marroquí. Analizamos los desaciertos en los que han incurrido ambas partes.

-España no debió sucumbir a la propuesta argelina de acoger a Ibrahim Ghali. Parece evidente que esa triquiñuela, con pasaporte falso incluido para despistar a los servicios secretos marroquíes, fue un grave error; pero puede comprenderse —no aprobarse— por dos razones. De una parte, ciertos socios de gobierno de Pedro Sánchez son amigos históricos del Frente Polisario y férreos defensores del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y la salida de Marruecos de la región del Sáhara Occidental. De otra parte, España entiende que no debe disgustar a Argel; tiene trescientos proyectos mixtos hispano-argelinos en sectores agroalimentario, mineral, de papel y celulosa, pesquero, químico,  farmacéutico, etc. Hay más de 500 empresas españolas establecidas en Argelia, entre las que destacan Repsol, Cepsa, Naturgy, Aqualia, Abengoa, CAF... España suministra trenes regionales y unidades de metro al país. España es el cuarto mayor proveedor del Estado Argelino e importa de Argelia, por un gaseoducto submarino, la mitad del gas que consume.

-España no debió subestimar la capacidad de acceso a la información de los servicios secretos marroquíes. La integridad territorial es, junto a la corona y al islam, uno de los tres pilares pseudo-sagrados sobre los que pivota la política de Rabat. La marroquinidad del Sáhara es asunto nacional: “el asunto nacional”. Por tanto, Marruecos destina ingentes cantidades de recursos a controlar cualquier amenaza contra su integridad territorial. Los servicios secretos de Marruecos en el exterior, la DGED, cuentan en España con cientos de agentes y fieles colaboradores que campan a sus anchas para descubrir y neutralizar la menor amenaza contra sus intereses nacionales. El rostro de Ibrahim Ghali es muy familiar a todos los marroquíes. Y hay casi un millón de marroquíes viviendo en España. Madrid tenía que haber ocultado mucho mejor el ingreso de Ghali, o haber buscado una alternativa a la envenenada propuesta argelina, como enviar a Argel a un equipo médico con material técnico para intervenir a Ghali. 

-Marruecos no debió responder a la afrenta española lanzando ciudadanos al mar o dejándolos a merced de una autoridad extranjera. Esa estrategia ha tenido un efecto boomerang. Han muerto dos marroquíes y cientos de los que consiguieron cruzar se han sentido engañados y utilizados hasta el punto de ocasionar graves disturbios a su regreso a Marruecos. Cierta opinión pública marroquí ha considerado esta estrategia de la “munición humana” como una bajeza, una mezquindad y una vergüenza.

-Marruecos no debió reconocer nunca que esa oleada migratoria provocada por una huelga de brazos caídos de la Gendarmería Real era la respuesta a la acogida de Ghali en España. No ha sido la primera vez que Marruecos permite el paso masivo de migrantes a España con la intención de vengarse por una ofensa; pero nunca antes había admitido estar detrás de esas oleadas; al contrario, Rabat se excusaba siempre, y alegaba que se trataba de descuidos puntuales, situaciones incontrolables, presión migratoria humanamente incontenible... 

-Marruecos no puede ignorar la separación de poderes del Estado Español. La declaración de la embajadora de Marruecos en Madrid —ahora, en Rabat—, Karima Benyaich, en el sentido de que, si Ghali sale de España igual que entró —se refiere a que si la Justicia española no lo encarcela o detiene y extradita a Marruecos— la crisis se eternizará, implica un desconocimiento profundo de la realidad de la separación de poderes que consagra la Constitución Española. Marruecos también confunde a menudo lo que dice la prensa española con lo que dice el Gobierno de España, ignorando que los periódicos y las cadenas de radio y televisión son, en España, mayoritariamente independientes de los dictados del Ejecutivo, y que existen líneas editoriales para todos los gustos.

-España no tiene un plan B. Asumido el riesgo diplomático que implicaba acoger en España a Ibrahim Ghali, por “razones humanitarias”, España debió haber contemplado un plan alternativo, una salida airosa a la crisis. No la tiene y nadie sabe cómo se va a resolver esta ruptura. Marruecos no quiere que Sánchez deje marchar a Ghali, y Argelia no va a permitir que la justicia española lo encarcele o extradite. Para colmo, las terribles acusaciones que pesan sobre Ghali, tales como genocidio, torturas, violaciones y hasta pederastia, proceden todas de individuos y asociaciones muy próximas al Makhzén (el poder marroquí de la aristocracia palaciega y la élite financiera). España pone todas esas denuncias, basadas en pruebas poco tangibles, en cuarentena.

-Marruecos debió circunscribir los elementos de esta crisis a los iniciales. Al contrario, la prensa oficialista marroquí no ha dudado en hablar de la Ceuta “ocupada”, de la necesidad de “liberarla”, de la importancia del pronunciamiento español —y no solo español— sobre el contencioso del Sáhara. Marruecos, tras el reconocimiento —sin consecuencias jurídicas internacionales— de Trump a la soberanía de Rabat sobre el Sáhara, quiere exigir a todas las naciones un posicionamiento explícito. Sin embargo, el contencioso del Sáhara es un asunto que incumbe a Marruecos, Argelia, los saharauis y la ONU. Si la ONU no da carta de legalidad a la “ocupación” del Sáhara por Marruecos, de nada sirven ni los reconocimientos aislados ni la apertura de consulados testimoniales en El Aaiún.

 

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