La voz del lector

Un desengaño amoroso llevó a Federico García Lorca a Nueva York en 1929

Un desengaño amoroso llevó a Federico García Lorca a Nueva York en 1929.
photo_cameraUn desengaño amoroso llevó a Federico García Lorca a Nueva York en 1929.

    Es siempre una embarazosa tarea la de presentar Poeta en Nueva York (PNY) de Federico García Lorca (1898-1936), obra poética inherente al surrealismo y la poesía automática, pero publicada póstumamente en 1940, primero en Nueva York en bilingüe (inglés-español) y después en México al cuidado del poeta y editor José Bergamín, depositario del original desde julio de 1936, editor de Cruz y Raya de Madrid.

    El presente ensayo titulado Federico García Lorca el de Poeta en Nueva York comentado e ilustrado es un homenaje a los 90 años de la publicación póstuma de 1940 de Poeta en Nueva York, obra surrealista de gran importancia para la Literatura de vanguardia de los años 30. El ensayo consta de 19 ilustraciones el ilustrador alicantino Palmeral, también surrealistas.

    El presente ensayo no es un estudio filológico al uso sobre las ediciones, los borradores, los errores o demás artillería propio de los filólogos, sino que es un estudio subjetivo de lo que me sugiere la lectura de los 36 poemas, acotados en una página, más 19 ilustraciones, lo que supone un aporte artístico a un poemario surrealista con símbolos homoeróticos ocultos en los poemas ocultos o epénticos, como por ejemplo: diez veces se repite el sustantivo: lengua, como órgano sexual. Federico inventó la sustantiva clave «Epente» que significa homosexual. Así podían hablar de este tema con Vicente Aleixandre, que también lo era, por ser un tema tabú en aquellos años treinta.

    Se han publicado 36 poemas, 35 de la primera edición más 1 de la adenda o añadidos de otras ediciones. Algunos son casidas. Los he numerado para su estudio, puesto que estaban «innumerados», y divididos en X grupos (romanizados); no obstante, y para facilitar el estudio de ellos los he numerado con  ordinales en sus diez capítulos.

    Los poemas publicados en la presente edición corresponden a la primera edición del original publicado por el editor José Bergamín en la edición de Árbol-Séneca, México, 1940, con cuatro ilustraciones de Lorca, un poema de Antonio Machado y un prólogo de Bergamín. No puedo dejar de mencionar los estudios de Andrew A. Anderson de Poeta en Nueva York. Primera edición del original, de la editorial  Galaxia Gutemberg, Barna, 2015, del que me he orientado sobremanera aunque Andrew obvia el tema homosexual de Federico.

  A cada uno de los poemas se amplía con «Comentario e interpretación» subjetivos, hermenéutica o glosada.  Un principio poético se ha de tener en cuenta, el que dijera Rainer Maria Rilke para sus Elegías de Duino: «La poesía no se escribe para ser entendida en su totalidad sino para ser sentida». Y menos aún la poesía surrealista, automática y ultraísta, entendida como arte expresivo por medio de la palabra.

    García Lorca necesitaba un cambio de ambiente como escribiera a su amigo cubano José María Chache y Calvo en carta de 1925 «pasado una malísima temporada». Lo lamenta a su amigo Melchor Fernández Almagro, en carta de 1926, le escribe «todo me parece lamentable en mi poesía». Lo que evidencia un estado depresivo de autocrítica y autodestrucción. A Carlos Morla Linch en carta 1929, le dice «En Granada estoy como Jonás dentro de una ballena», el 6 de junio del mismo año le escribe otra desde Nueva York. Sobre todo por la pérdida afectiva de Salvador Dalí, compañero la Residencia de Estudiantes de Madrid, que fue acaparado por Buñuel, y la más dolorosa, el abandono de Emilio Aladrén Perojo, con el que Lorca tuvo una relación amorosa (1928-29) que finalizó cuando se compromete Emilio con su novia Eleonor Dove.

   En el presente año 2019 se cumplen los noventa años del viaje de Federico a Nueva York (1929-1930), tras una ruptura sentimental con Salvador Dalí y con Emilio Aladrén. García Lorca tenía 31 años de edad y rebosaba de vitalidad en todos los sentidos: físico y anímico ante su transversalidad sexual.

Ramón Fernández Palmeral

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