La voz del lector

La Legión: el Tercio en la ciudad

Monumento a la Legión en Madrid.
photo_camera Monumento a la Legión en Madrid.

Madrid ha saldado su deuda con la Legión y, gracias a la suscripción popular de agradecidos bolsillos, ya tiene su exclusiva estatua del legionario, la efigie del infante que simboliza ciento dos años de historia, los valores de la Infantería y la leyenda iniciada por aquellos primeros aventureros que arribaron al Cuartel del Rey de Ceuta para enrolarse en el primigenio Tercio de Extranjeros.

Y, por fin, ya está el Tercio en la ciudad, como titulaba Luys Santa Marina en "Tras el águila del César" con las dos últimas estrofas de uno de sus poemas y el reflejo del espíritu de combate de las primeras escaramuzas legionarias:

...Allá van, cual titanes rebelados contra mezquinos dioses. El dinero no esclaviza sus mentes ni sus brazos, pues saben que allá abajo, fue el primero el que mejor dio los bayonetazos o tuvo siempre el plomo más certero.

Aquellos legionarios fueron receptores de los valores apuntados por Calderón de la Barca siglos atrás y devotos de una religión de hombres honrados que, desde los Almogávares y nuestros Viejos Tercios, habían definido durante siglos el perfil del bravo soldado español en Bizancio o Flandes.

Monumento a la Legión en Madrid.

El grandioso tributo escultórico de Salvador Amaya es el más honroso homenaje a todo aquel que ha portado el chapiri y el verde sarga legionario desde aquel lejano 1920 en el que las ingentes bajas en los combates en territorio norteafricano instaron al Ministerio de la Guerra a sofocar la sangría de inocentes jóvenes españoles con la creación de la unidad liderada por el entonces teniente coronel Millán-Astray, adalid de valor, sacrificio y liderazgo con su ejemplar entrega a la Patria.

Desde el boceto original del pintor Augusto Ferrer-Dalmau hasta el descubrimiento del pedestal con la inminente inauguración oficial en la confluencia del Paseo de la Castellana con la calle Vitruvio, la Legión ha vuelto a estar en una vanguardia mediática que, por un lado, retoma la bien merecida admiración de unos y, por otra parte, el sesgado odio de otros, el de detractores guiados por mantras e instituciones subvencionadas que, con dinero público, se dedican a echar leña al fuego de un incomprensible revanchismo. Desgraciadamente, a la hora de generar discordia y crear fracción social –como no podía ser de otra manera– acuden raudos a su infame trinchera en pos del mandato del amo. El servilismo es lo que tiene.

Sin embargo, la Legión no entiende de ideologías, como quedaría plasmado por su fundador en su relato literario de 1923. Las ideas políticas quedaban aparcadas en la entrada del Tercio y, por mucho ruido que el enemigo pretenda hacer o rédito electoral que intente obtener, sus inconsistentes argumentos son ajenos a la gloriosa verdad histórica de más de un siglo de vida. En rigor académico y conocimientos históricos, suspensos. De hecho, los sonrojantes errores en algunos tuits o declaraciones recientes de algún grupo político del foro madrileño pueden dar fe de ello y, también, corroborar las perversas intenciones de sus interlocutores. Al César lo que es del César.

Y a ese monumento, lo que le corresponde; es decir, la interpretación artística del justo reconocimiento al recio y curtido caballero legionario de la época fundacional, con un par de heridas en combate, que, en posición de "prevengan", mantiene su estado de alerta con la bayoneta calada en su Mauser 1893, la vestimenta reglamentaria con un correaje Mills al que no le faltan la cantimplora, la bolsa de costado y las cartucheras y, por último, una mirada confiada y segura de ejecutar el dictado del primero de los espíritus del Credo Legionario: "Es único y sin igual, de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta."

Ahora, en estos tiempos democráticamente convulsos que nos ha tocado vivir con virtudes y valores en un exilio forzoso y la estigmatización del héroe, la estatua representa un soplo de vida y esperanza sobre una elevada posición franca y un fondo vegetal adornado de naturaleza. Desde allí, nuestra retina recordará historias que, como la cápsula del tiempo contenida en el pedestal, nos permitirán abrir las puertas al honor y dignidad de aquellos miles de legionarios que dieron un paso al frente para, cumpliendo los dictados de su particular Credo, servir a España.

Monumento a la Legión en Madrid.

 
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