La voz del lector

Oltra, otra que tal baila

Hoy no tocaba fiesta. Tampoco había ganas de baile y el reciente sonido de decibelios lúdico-festivos del infumable show del fin de semana se veía enmudecido por un súbito silencio que, a su vez, era alterado por "entrañables" sollozos finales ante el aluvión de dedos acusadores, los de fuera y los de dentro, esos que no quieren perder apéndice alguno ni el confort del cargo público. Por el interés, te quiero Andrés. O te quería, Mónica.

De igual forma, no había color entre el escenario de brincos y alaridos de hace unos días y el atril de una forzada y victimizada comparecencia con reminiscencias de la previa de un preso camino del patíbulo. La vida misma; del bullicio de las celebraciones al recogimiento de un funeral. Para morir, para morirse, sólo hace falta estar vivo –o viva–. Políticamente, también.

Mónica Oltra, la imputada, no portaba esa vitamínica tonalidad naranja Guantánamo de los fastos del weekend, no cubría su cabeza para lo que se le venía y viene encima y la sala carecía de flotadores. La premonición del atuendo, otra losa para su rescate.

Aquella energía de hace escasas horas se ha ido volatilizando al mismo tiempo que aparecía una casi luctuosa imagen en la que recato y aflicción invitaban al negro panorama judicial que se cierne sobre su persona, además de al de campanas doblando a muerto, el de otro cadáver político preso de gruesas palabras, de irreverentes y desacordes actos para una representante pública, de fieras acusaciones contra rivales salvados por la Justicia y de una hemeroteca de renglones torcidos por intentar ocultar una verdad, la del abuso a una menor, cuya credibilidad ha alcanzado cotas insospechadas para todos y todas; incluso para los que sí te creen o se dejarían tocar si te tocan, Mónica. 

Palabras y testimonios de cara a la galería, a merced del viento, al contrario que los supuestos hechos de aquella pretérita realidad transformada en pesadilla e imputación actual

ese estado objetivo ocurre; sobre todo, con los que no practican lo que predican. Vamos, lo que viene siendo habitual en cuestiones de diversa índole entre esa tan extendida fauna política del panorama patrio que vende consejos y políticas que no parecen ser de uso particular, sino reclamos ideológicos con eslóganes para beneficio e interés personales.

Hoy, en un nuevo lance de indecencia y deshonestidad en el ámbito de la política, otra que tal baila esta danza macabra en la que la que ni la "cabeza alta" ni los "dientes apretados" parecen ser eximentes de calado para confortar, convencer y confrontar peticiones y presiones de aquellos unamunianos "hunos" y "hotros" cuyos pulgares han dictado sentencia

 

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