La voz del lector

La quimera de la originalidad en el arte y el progreso social

Divina Comedia. Canto XIV del Infierno: Violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra el arte (Grabado de Gustave Doré).
photo_cameraDivina Comedia. Canto XIV del Infierno: Violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra el arte (Grabado de Gustave Doré).

Se predica desde los púlpitos del arte contemporáneo la necesaria originalidad para la producción efectiva de objetos e ideas artísticas. Asistimos sin duda a un momento duro para los artistas que buscan la libertad de su producción sin la necesidad de responder a las ideas preconcebidas (que no limites) de una cierta élite que demanda siempre más progreso y velocidad, que en arte se traduce por continua originalidad.

Los artistas se vuelven locos buscando frenéticamente expresiones impactantes que no se ahoguen en el tumulto actual de las redes sociales y los medias que son sin duda grandes corredores de distancias cortas.

Antaño, estos mismos artistas respondían a ideas que contenían en ellas mismas un hálito de eternidad, ideas que de por sí no eran reductoras, sino amplificadoras de sus fines. Y es que los límites en el arte son necesarios para poder llegar a realizar la obra. Sin normas no hay juego, y sin juego, no se juega. El infinito no es una escala humana, y el arte es la actividad humana más excelente porque es plausible considerarla un fin en sí misma ya que no sirve para otra cosa que para dar una respuesta al ansia de todo hombre de eternidad.

Podemos comparar el genio artístico con la fuerza, la frescura y la vida del agua. El agua contiene en sí una fuerza capaz de hacer vivir a los seres, pero para poder ser efectiva para el hombre, tiene que ser canalizada y contenida en los límites de por ejemplo una botella. Todo en la naturaleza tiene sus límites y sus leyes, y es precisamente por eso que podemos comprender el mundo y hemos podido pasar del mito antiguo a la razón de la escolástica, para después volver a un mito aún más reductor que es el de la ilustración que propugna la idea del hombre desligado de toda idea de eternidad.

Una vez que al hombre se le quita la posibilidad de gustar de esta eternidad, el arte queda desligado de su recurso más bello que es el de transcender la ciencia empírica. Pero como todo en el mundo de la naturaleza y de las ideas, el arte no puede quedarse vacío de contenido. Así, al arte se le engorda como a un pato para un delicioso foie gras con la idea de la originalidad, idea que de por sí está contenida en el arte pero que ni mucho menos debería ocupar el puesto de preeminencia.

Esto de la originalidad es un concepto moderno que nace en los albores del Renacimiento y que se vuelve más pedante y aburrido a medida que llega hasta nuestros días (no comparemos a Miguel Ángel con Damien Hirst si es posible), pasando por el ya citado siglo de las luces (que inauguró su andadura por nuestro mundo con las sucesivas matanzas de la Revolución francesa) llegando hasta nosotros, que ya no sabemos ni donde estamos con todas las tortas que nos han caído.

El concepto de originalidad en el arte tiene su alter ego en el progreso social. Nos han vendido el progreso como el ingrediente necesario para la calidad de vida y la felicidad, al mismo tiempo que como nunca en la historia, los suicidios y la soledad son una lacra ya incontrolable y hambrienta. Basten como prueba fiel el recientemente creado Ministerio de la Soledad británico, y para colaborar, la progresiva implantación del asesinato y suicidio legal, la eutanasia (lo llaman muerte digna) en todos los países abanderados del progreso. Y es que desligando al hombre de su meta principal, la eternidad, no le queda otra cosa que mirarse a sí mismo en un movimiento masturbatorio continuo, buscando su felicidad en la seductora novedad y siempre a grandes velocidades, porque nada de lo ya probado le sacia.

Hace algún tiempo me preguntaba mientras veía Netflix: ¿Cuál es la diferencia entre el arte y la moda? Y creo que la respuesta es precisamente el tema que abordamos: la moda a diferencia del arte, viene coaccionada por una necesidad continua de cambio y de originalidad, sin embargo el arte es aquello que permanece y que es capaz de tocar al hombre de toda raza y tiempo, siendo así (paradójicamente) muchísimo más dinámico que la moda.

Quisiera terminar con la frase de un genio (quizá el más manipulado de todos por los terroristas de las nuevas ideologías), que aunque la originalidad era un punto fundamental de su obra, siempre tuvo su mirada en la eternidad:

“Fija tu rumbo a una estrella y podrás navegar a través de cualquier tormenta”

Leonardo da Vinci

 

Marcos Lozano

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