La voz del lector

Una carta en verano

(Foto de Adrianna Calvo en Pexels).
photo_camera (Foto de Adrianna Calvo en Pexels).

Verano de 2021

Querido amigo, 

Te escribo desde un rincón maravilloso de la isla de Mallorca. Un rincón especialmente querido por mí ya que como sabrás pasé mi infancia aquí, corriendo por sus calles y bañándome en su cálido mar Mediterráneo.

Empiezo a escribirte esta carta mientras de fondo suena “Cello Suite No. 1 en G Mayor” interpretada por Yo-Yo Ma, un violonchelista increíble y del que oí hablar por primera vez hará unos 15 años. Me lo descubrió otro querido amigo, quien al empezar a aprender a tocar el chelo me invitó a su casa a escucharlo, allí interpretó esta pieza y desde entonces me quedé prendado de esta canción y de cómo sonaba ese instrumento. Creo que una de las cuerdas de ese chelo que tocaba es una de las muchas que unen mi corazón al suyo.  

Como te decía, tengo la dicha de pasar unos días de vacaciones en este lugar en el que siempre que vuelvo, cada rincón, cada olor y casi cualquier lugar me traen a la cabeza recuerdos y sentimientos que me llenan de alegría y ligereza. Quizá porque me retrotrae a unos días en que nuestras vidas eran así, alegres y ligeras, sin peso, preocupaciones ni cargas que la vida posteriormente y de manera necesaria nos “regala”. Tampoco puede ser de otra manera, ¿no crees? 

Durante estos días he podido descansar, y no solo durmiendo más. Lo he hecho paseando por la playa, conversando con mi familia, ascendentes y descendientes, quien me lo iba a decir. He podido disfrutar de música y cine. Y también he podido leer. Por fin he podido terminar un libro que me ha llevado casi un año hacerlo ya que mis obligaciones son muchas, y porque he ido saltando de lectura en lectura. No quería dejar pasar la ocasión de compartirte algunas de las reflexiones que su lectura me ha dado. 

Siempre he pensado que escribir, sea lo que sea, ayuda a que sea un poco más real. Expresarse y compartir nuestras ideas forma parte de nuestra esencia como personas y seres sociales que somos. Pero antes de hacerlo creo que aún más importante es leer. Leer antes de escribir nos ayuda a apuntalar y enriquecer nuestras ideas, consolidar y contrastarlas de modo que cuando las queremos poner por escrito tengamos una base suficiente para que nuestra exposición aguante de manera digna la lupa y crítica de los lectores que tienen a bien dedicarte un tiempo.  

En fin, lo que te quería compartir es la alegría que me ha acompañado durante la lectura de esta completa biografía sobre Gregorio Marañón, un liberal consecuente con sus ideas durante toda su vida. Quería compartirte cuánto me he visto reflejado en su modo de pensar, hablar y hacer. No pretendo equipararme con él, no me creas tan pretencioso. Pero sí me he visto interpelado, sí he visto concretado en alguien mi manera de entender el sentimiento liberal. 

Por ejemplo, Marañón escribía en uno de sus muchos artículos que el liberal se caracterizaba por tener una “actitud compatible con todas las creencias, con todas las políticas, pero no con todas las conductas. A la hora de elegir entre uno u otro, el liberal no sabe qué hacer porque no alcanza a quitar la razón del todo a nadie ni a dársela a nadie por entero”

El liberal, amigo mío, “es aquel que tiene como criterio rector la humana comprensión de que la verdad nuestra es sólo una parte de la verdad, y hay que dejar un margen de respeto para los que no piensan como nosotros; porque solo con que profesen sinceramente su ideal, éste, aunque no sea el nuestro, es parte también de la verdad”. Esto se lo escribía Azorín a Marañón en el año 1935. Imagino que no hace falta que te exponga el contexto que se estaba viviendo por aquél entonces en nuestro país, y la valentía de esta postura en un momento en el que no tomar posición era considerado como traición para unos y otros. 

Algo parecido pasaba con el hecho de ser católico y liberal, un binomio difícil de entender para casi todos entonces y ahora. Pero la sociedad debe estar orientada a la suprema libertad del individuo refrenada por la propia responsabilidad. Ideal que germinó en Europa gracias a la civilización humanista y en su sentido más amplio a la civilización cristiana. También apuntaba al compromiso de no acostarse ninguna noche sin haber hecho algo por aumentar la tolerancia de nuestra vida espiritual.

Al final, y en mi opinión, al liberal se le conoce más por su actitud de apertura y disposición a encontrar lo bueno y bello que hay en los demás, más que en coincidir en un mismo ideario. Le caracteriza un ánimo de encontrar lo que une más que lo que separa. Le mueve la intención de crear espacios donde todos podamos sentirnos incluidos y como parte un mismo todo, llámese patria, ciudad, asociación, familia…

En fin, no quiero que esta carta se haga demasiado larga. Quisiera continuar mientras pueda con esa sensación de ligereza que me acompaña estos días por aquí. Y aunque pronto volveré a mis cotidianas pre y ocupaciones, espero que tanto esta lectura como el descanso de estos días, me ayude a continuar profundizando en esa actitud liberal que me parece tan necesaria, aunque a veces pueda llevar a malentendidos. Creo que los jirones que nos deje este camino emprendido valdrán la pena, y aún con heridas al final del camino pesará más lo bueno aportado que lo malo soportado. 

Te mando un afectuoso saludo desde este rincón de Mallorca. Tu ya para siempre amigo, Carlos. 

 

Puerto Pollensa, verano 2021

 

PD: Te dejo las referencias del libro que te comento. “Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal”, escrito por Antonio López Vega y publicado en la editorial Taurus.

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